8 dic. 2015

La palabra cautivante de la paz

Por @ruiz_senior

¿Cuál es la lección más importante de las elecciones venezolanas? Que ante la presión de la realidad el poder de los tiranos no es infinito. Tras la caída del comunismo, la mayoría de los tiranos que han querido masacrar a su pueblo han terminado mal: Milosevich, Sadam, Gadafi... De modo que la alternativa de los jefes militares venezolanos era hacer respetar las urnas en las que el régimen sufría una derrota total (a pesar de las mil formas de fraude), o acompañar a Cabello y Maduro hasta su triste final. Escogieron la primera opción. Puede que muchos de ellos terminen impunes cuando se depuren responsabilidades por el tráfico de cocaína.

Otra lección importante es que no se debe menospreciar a la gente: muchos pensaron que las amenazas de Maduro disuadirían a los venezolanos, pero no hubo tal. Esta enseñanza debería servir también para los colombianos que no queremos someternos a las FARC. Al respecto quiero llamar la atención sobre este tuit de Uribe y el video que lo acompaña.


La asunción de la propaganda oficial es absoluta: ¿por qué hace falta declarar que se quiere la paz? ¿No llevan ya bastante tiempo explotando esa falacia estúpida de que quien no quiere someterse a los terroristas y convertir el crimen más repugnante en la fuente del derecho es porque tiene mentalidad belicista? ¿No se podría esperar que los ciudadanos corrientes tuvieran un poquito de sentido común para entender cuáles son los propósitos del régimen y sus socios terroristas?

Pero lo más grave es la actitud derrotista: uno puede pensar que para hacer frente a los terroristas y su gobierno es mejor abstenerse (cosa que parecía recomendable ante la presión de la propaganda y el chantaje, para denunciar al mundo la infamia), pero predominan los que prefieren votar NO, como recomienda Eduardo Mackenzie. ¿Por qué habla Uribe de "Votar NO o abstenerse"? Si hubiera algún interés en hacer oposición, lo urgente sería concentrar el rechazo en una sola de las dos opciones. Si un 20% de los posibles votantes rechazan la paz de Santos y la mitad de ellos vota NO y la otra mitad se abstiene, al SÍ le basta un 13% para imponerse.

Creo que Uribe se equivoca gravemente cuando dice que "El plebiscito se gana muy fácil". De ninguna manera: la propaganda del régimen ha funcionado porque mucha gente cree que la paz significará la desaparición de las guerrillas y la recuperación de la seguridad, no que pasarían a controlarlo todo, cosa que cada vez es más evidente para todos.

En un artículo reciente de Salud Hernández Mora (periodista que parece la cuota de Francisco Santos en El Tiempo y coincide en todo con el ex vicepresidente que aplaudió el comienzo de la negociación y afirmó que de tener éxito con la paz su primo sería "el rey del universo") la idea de votar NO o abstenerse no es que sean equivalentes sino ambas absurdas ante el éxito rotundo de Santos. Esa clase de gente es la que aconseja a Uribe. No es raro que ella y su protector afirmen sin pudor que las FARC son invencibles.

Lo que ha hecho Santos con su atraco es sobrecargar a tal punto la utilidad de la palabra mágica que a estas alturas ya su contenido es excesivo e indigerible, y tras tantos años de paz y atrocidades morales y mentiras en su nombre ya serán pocos los que la tomen por una abstracción tan agradable. La paz significa que las FARC conservarán las armas, lavarán los billones obtenidos con sus crímenes, quedarán impunes de todos ellos, controlarán territorios inmensos y tendrán un poder político que los colombianos refrendarían votando SÍ en el plebiscito.

No es una situación fácil para Santos, con la economía en caída libre y un ambiente internacional cada vez más hostil al terrorismo, por no hablar del retroceso de sus socios de Unasur, que pronto podría incluir la caída de Dilma Rousseff. La disponibilidad de recursos para pagar propaganda de la paz, y aun para alentar atrocidades judiciales, no es la misma de otras épocas, ni la lealtad de los periodistas y políticos que lo acompañaron durante su primer gobierno. Incluso los militares pueden empezar a acusar el descontento de amplios sectores sociales y a perderles el respeto a los generales que obran más o menos abiertamente como subalternos del Secretariado terrorista. Eso por no hablar de la probable desaparición del burladero venezolano para los terroristas, que hace aún más absurda la rendición de la sociedad.

Además, la sensación de triunfo de los terroristas resulta insoportable para sus víctimas y para mucha gente: una campaña por el plebiscito que Santos presenta como la escogencia entre paz y guerra puede resultar una campaña en la que se opta entre los terroristas y la democracia si se denuncian los mecanismos de intimidación y falsedad del régimen. Lo que llaman paz no viene a ser más que el triunfo de los asesinos y en algún momento la gente se hastía, como en Venezuela.

Se trata de una corriente de toda la región, que se intensificará a partir de ahora con la caída de los precios del petróleo. La situación de la mafia de Unasur, con Obama en grandes dificultades para impedir que su sucesor sea un republicano (hoy por hoy, los candidatos mejor situados son los cubanoamericanos Marco Rubio y Ted Cruz), es cada día más desesperada. La oportunidad histórica es excepcional.

Pero ahí está Uribe y su séquito politiquero tratando de agradar a María Jimena Duzán y Abad Faciolince, que podrían insultarlos y decirles guerreristas, e intentando demostrar a toda costa que no lo son, puede que incluso apoyando el SÍ y pidiendo respeto por los que voten NO o se abstengan.

Mauricio Vargas decía que la refrendación es "peligrosa" en un artículo muy aplaudido y divulgado por los uribistas. Es muy peligrosa, podría poner en peligro la paz. Uribe y compañía tienen la misma preocupación porque necesitan el lloriqueo para mantener su cuota de poder: prefieren que Santos le entregue el país a las FARC para culparlo después, en lugar de movilizar a la sociedad para impedirle cometer ese desafuero.

Las perspectivas para Santos son tan malas que podría encargarle a la Corte Constitucional declarar inexequible la ley que cambia las condiciones del plebiscito y su convocatoria. Así quedaría como que quiso refrendar la paz pero no lo dejaron. Y en ese caso Uribe y compañía respirarán con alivio, porque no quieren pasar por la ordalía de defender la guerra.

Para la democracia, esas perspectivas asoman ahora, pero para impedirlo están Uribe y el Centro Democrático, que colaboran con Santos en la infame tarea de intimidación, en el aliento a los que no prestarían a sus hijos para la guerra y por eso se dejan gobernar por los violadores de niñas. Tal actitud, increíblemente generalizada en Colombia por la barbarie del país y el enanismo moral de sus políticos, va en contra de toda la historia humana, en la que precisamente la libertad, la dignidad o la justicia exigían que quienes aspiraban a disfrutar de ellas tuvieran valor para defenderlas.

Que Santos convoque el plebiscito y que el mundo conozca el contenido de su paz y sus resultados (salvo los propagandistas de la izquierda, nadie dice nada sobre esa paz en la prensa extranjera, me gustaría que se supiera en qué consiste lo que prometen para ver cuántos aplauden esa infamia).

Que cada colombiano se haga responsable de su decisión, porque cuando Uribe da por sentada la estupidez, cobardía y bajeza de los ciudadanos sólo lo hace en aras de sus propias cuentas politiqueras. 

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