20 abr. 2016

La cruzada contra el falso doctor

Por @ruiz_senior


¿Para qué sirvieron los gobiernos de Uribe?

Cada vez que se hace esta pregunta todo el mundo compara la situación de Colombia en 2002 con la de 2010, con lo que los uribistas salen llenos de orgullo, y los comunistas, rabiosos (sobre todo porque la inmensa mayoría de los comunistas eran menores de edad en 2002). Pero lo que hay que comparar es la situación de Colombia en 2002 con la actual, y no en términos del PIB, ni siquiera de la tasa de homicidios, sino de sus perspectivas de desarrollo, estabilidad e inclusión entre las naciones civilizadas. Colombia está hoy mucho peor que en 2002, con la hegemonía absoluta de los terroristas en la función pública, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en la cultura y la educación...

¡Cómo hemos cambiado desde 2010!
Los uribistas proclaman que esa catástrofe moral es sólo por la traición de Santos y Roy Barreras, como si fuera perdonable que fueran precisamente los elegidos por el uribismo, como si no se pudiera conocer el pasado del hermano mayor de Santos, para poner un ejemplo. El hecho de que los herederos de Uribe fueran los peores enemigos del pueblo que lo apoyaba no los lleva a sentir el menor reproche hacia su ídolo. Y todo eso vendría a ser NADA de no ser porque en todo caso por entonces había una mayoría clara, sobre todo en las regiones, que se oponía a los terroristas. ¿En qué quedó esa mayoría? Sencillamente se dispersó porque la "estrategia" y el cálculo desaconsejaron a Uribe hacerle oposición a Santos y a su alianza con los terroristas, patente desde mucho antes de la posesión. Se trataba de las lealtades que Uribe pudiera conservar entre el funcionariado, en el Partido de la U y en el legislativo. Como ya lo expresé en 2011, a Uribe no sólo le deberemos a Santos sino también la obra de Santos.

¡Estrategia y cálculo!
Las personas que no quieren someterse a los terroristas piensan que dados los resultados visibles del gobierno de Uribe en 2010 hay que ponerse de su parte, y el consenso les produce la sensación de que representan una fuerza significativa. Pero Uribe y su séquito sólo están pensando en que el líder vuelva a ser presidente. Eso explica la absoluta falta de resistencia a la "paz" (que es la componenda con el crimen organizado) y aun la disposición a formar parte de una Constituyente con las FARC: podría ser tolerable para ellos ceder en lo que imponen los terroristas a cambio de que fuera posible elegir de nuevo a Uribe. Otra explicación no puede haber, y de hecho era algo manifiesto en 2011, antes de que para asegurar la reelección de Santos empezara la persecución judicial contra Uribe. Es decir, lejos de reconocer el espantoso error de buscar un tercer periodo para Uribe, siguen intentándolo después del fracaso, porque no importa que reinen la iniquidad y la mentira, creen que serían tolerables si Uribe pudiera volver a ser presidente.

El vuelo corto del uribismo
No basta la atrocidad increíble de buscar cambiar la Constitución por segunda vez para permitir un tercer periodo, sino que TODO lo que se hizo en los gobiernos de Uribe presupone la aceptación de las premisas ideológicas que subyacen al régimen impuesto en 1991 (del que Uribe forma parte a tal punto que como senador propuso reforzar la impunidad del M-19). Por eso durante los ocho años en que fue presidente no se hizo el menor intento de cambiar una Constitución que autoriza el asesinato como forma de hacer política ni se pensó en un partido que defendiera los valores de la libertad. Pero quizá lo que mejor demuestra la identidad absoluta entre el uribismo y el régimen (Santos sólo es el continuador de Gaviria y Samper) es el aprecio de la "educación". Durante los gobiernos de Uribe se multiplicó el gasto en universidades sin que se hiciera el menor esfuerzo por incomodar en el adoctrinamiento comunista que es su casi única función. Más aún: el lema de la campaña del Centro Democrático en 2014 era la "revolución educativa", consistente en la promesa de que todos los jóvenes irían a la universidad, "logro" que define al régimen cubano.

¡Educación es lo que falta!
En una pieza teatral de Jean-Paul Sartre un personaje dice que "el infierno son los otros", frase que explica la forma en que entiende el mundo la mayoría de la gente. El sufrimiento y la injusticia son el resultado de lo que hacen los demás, pues cada uno se considera a salvo de toda culpa. ¿Cómo habrá que hacer para que la gente entienda que esa idea de que todos tengan un título universitario ya es totalitaria y es la causa del atraso? Ese culto del estudio es sólo el disfraz moderno del viejo desprecio del trabajo que caracteriza al castellano viejo. Las personas se esfuerzan tratando de aprender algo que no les interesa en absoluto para obtener un "título" que los acredita como miembros de las castas superiores sin que el conocimiento tenga ningún adepto más. Cuanto más se gaste en proveer diplomas (en realidad, rentas a la clientela profesoral, que compensa el favor adoctrinando asesinos que hagan después la paz y mantengan en el poder a quienes les crean el puesto de "trabajo") más ignorancia y vulgaridad habrá. Los políticos que prometen llevar a todos los jóvenes a la universidad demuestran lo poco que les interesa el conocimiento y lo mucho que comparten con los demagogos aliados del terrorismo. Los escasísimos colombianos que se pueden considerar sabios no fueron a la universidad, como el más notable de todos ellos, Nicolás Gómez Dávila.

Falsos doctores
La América española es una vasta región relativamente poco poblada y con grandes riquezas en la que no obstante la mayoría de la población vive en la miseria y reina la violencia, más que en el resto del mundo. La causa de que eso ocurra es la forma de pensar y obrar de sus habitantes. Todo lo que no conduzca a cambiar los valores y actitudes en el sentido de la asimilación al mundo civilizado contribuye a reforzar esos rasgos que determinan el fracaso de todos los países y aun de los individuos de la región. El culto de los títulos universitarios es un rasgo característico de esa mentalidad tradicional. El hecho de que el actual alcalde de Bogotá se atribuya un título de doctor que al parecer no tiene es una muestra de servidumbre ante esa tradición: yo conozco personas que sí tienen doctorados y lo dejan a uno pasmado por su ignorancia increíble.

La carta de los doctores

Obviamente amigos de la izquierda que cobra las atrocidades terroristas, aparecieron oportunamente una serie de doctores y estudiantes de doctorado que se lanzaron a acosar a Peñalosa, cosa importantísima que no tardó en ser noticia en El Espectador y Trending Topic en Twitter. Casualmente a ninguno de ellos le inquieta que el anterior alcalde hiciera exactamente lo mismo: ellos tienen carta blanca para mentir, para matar y para robar. Por algo son los buenos y justos.

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Pero lo maravilloso, insisto, maravilloso, es el contenido de la carta. Leyéndola queda claro todo lo que he intentado decir sobre la educación y sobre el proyecto uribista de brindar títulos universitarios a todos (para incluir a Colombia en el primer mundo, según proclamaban orondos).
Paris, 19 de abril de 2016 Señor
Enrique Peñalosa
Alcalde Mayor de Bogotá
Señor Alcalde
En los albores del siglo III el emperador romano, Septimus Severo, anunció a sus súbditos que había llegado al gobierno porque así lo determinaba el alineamiento de los astros en la hora de su nacimiento y que, en consecuencia, todas sus acciones respondían a la necesidad misma del mundo y se justificaban por sí solas, más allá de la razón, por encima del saber o haciendo abstracción del conocimiento que fundamenta una verdad.
Todo es tan divertido que parece un chiste. ¿Por qué habrían de mandarle una carta desde París si muchos de los firmantes viven en otra parte? ¿Por qué tienen que mencionar el lugar en que se escribe? Por la falacia de autoridad: ¡tiene tanto prestigio París entre los colombianos! Pero es sólo el comienzo. No hay ningún emperador que se llame Septimus Severo. El emperador Septimio Severo debería ser conocido por cualquiera que haya acabado la secundaria. Nadie debe entender que Septimus Severo sea el nombre latino de dicho emperador (Septimius Severus). Sencillamente, al idiota que escribe eso le suena de algo. Pero, bah, los doctores no escriben bien el nombre del emperador pero tampoco es cierto lo que le atribuyen. Ni en sus biografías ni en la Historia de Roma de Indro Montanelli ni en la de Asimov hay la menor mención a tal ocurrencia: a su muerte fue declarado Divus por el Senado, es lo único parecido que se lee. Ah, y que era aficionado a la astrología, pero nada que ver con el origen de su poder en los astros.

Nadie debe pensar que UN SOLO COLOMBIANO se va a conmover por esa patética demostración de ignorancia: lo que todos saben es que no importa saber sino tener relación con el poder político. Hace diez años abrí un blog para explicar los errores típicos de los colombianos y allá fueron todos los doctores a desautorizarme: si el falso doctor Petro, cuya impostura no interesa a nadie, dice "Llévensen" es sencillamente porque ejerce de adelantado de la renovación lingüística. Lo que más desprecian es que se piense en expresarse bien. TODO lo que aprenden es a odiar cualquier pretensión parecida. Lo mismo con la idiotez del origen divino del poder y su relación con ese emperador: el hecho de que sea falso los honra, lo único que importa es que en alguna universidad supieron dar amor a algún profesor y así tienen el correspondiente certificado, seguros de que gracias a él recibirán suficiente compensación de los adolescentes que el Estado pondrá en sus manos.

Pero ¿y qué? Decenas de doctores no son capaces ni de consultar la Wikipedia y suscriben una idiotez escandalosa, pero ¿a qué viene la información sobre el origen divino del poder? A generar la noticia que servirá a la campaña contra Peñalosa y al retorno del G2 cubano al control de los billones del presupuesto bogotano. ¿Tiene algo que ver que Peñalosa haga lo mismo que Petro inventándose doctorados con el origen divino del poder? Nada, pero permite mostrar la vasta cultura de esos doctores que escriben desde París. Y no digo lo de vasta cultura con sarcasmo: si no saben ni escribir bien el nombre de un emperador ni lo que le atribuyen tiene relación con él, ello es muestra de que miran más allá, tal como decir "encima mío" es señal de vanguardismo lingüístico.
Este momento de la historia, que sin duda usted conoce, le permitió a Michael Foucault iniciar su extraordinaria reflexión sobre la relación que existe entre “el ejercicio del poder y la manifestación de la verdad”. Decía el filósofo francés que hay “procedimientos, verbales o no, mediante los cuales se saca a la luz -y esta puede ser tanto la conciencia individual del soberano como el saber de sus consejeros o la manifestación pública- algo que se afirma o más bien se postula como verdadero, sea claro está por su oposición a una falsedad que ha sido suprimida, discutida, refutada, pero también tal vez por arrancamiento a lo oculto, por disipación de lo olvidado, por conjuro de lo imprevisible” (Foucault, 2014, pp. 24)*
Ese momento inexistente de la historia que nadie conoce porque no está documentado le permite al cretino que escribe la carta ostentar su rango con un galimatías que le otorga autoridad dado que deja patidifuso al que lee. ¿Qué tiene que ver con que el doctorado que dicen que se atribuye Peñalosa sea falso? Nada. ¿Qué autoridad tiene Foucault para el caso? Al muerto de hambre de turno lo pusieron a leer a ese pesado en la universidad y todos los demás imbéciles firman armados de tan tremenda autoridad. Pero ¿qué falta hace la cita? Insisto, los procedimientos de estos doctores son de la calidad moral de sus amigos políticos. Nivel de Tercer Mundo, grotesco.
Compartimos esta reflexión a propósito del debate suscitado con motivo de su presunto doctorado en Administración Publica en Paris que, en muchas ocasiones, durante mucho tiempo y ante diferentes audiencias, usted dijo o permitió que dijeran o escribieran como un hecho cierto. Recuerde usted que Foucault se refería a “la noción de gobierno de los hombres por la verdad” y proponía el concepto de aleturgia como espacio de confluencia entre el poder y la verdad. Este asunto de ocultar una verdad o permitir que se mantenga en el tiempo una mentira, debería servir para una reflexión en torno a la ética, al poder en el ejercicio de gobierno que usted inició hace poco más de cien días.
El patán que redacta esa bazofia sigue con su prestidigitación enredando con la "aleturgia" que debido a que los lectores desconocen resulta una fuerza suprema de inagotable poder. ¿Para qué? Para decirle a Peñalosa que Foucault lo habría desaprobado por decir que tiene un doctorado que no tiene. Puede que a Petro no lo desaprobara, dadas las bizarras inclinaciones sexuales del filósofo y el controvertido pasado del secuestrador y asesino amigo de los doctores.
Todo parece indicar que usted, al igual que el emperador Septimus Severo, decidió establecer el “orden mismo de las cosas” desde la imaginación. Por supuesto que el falso título de doctor es muy grave, pero puede ser mucho más grave si esta forma de ser gobernante se traslada a decisiones de política pública que afectan a la sociedad y a la naturaleza (el arte de gobernar y el juego de la verdad no son independientes uno de otro decía Foucault).
Luego, el supuesto fraude de declararse doctor sin serlo "se traslada a decisiones de política pública", pero el matar y secuestrar gente no, pues ¿alguien duda de que la carta tiene que ver con el interés de los asesinos? Todo es estúpido y ridículo, pero ¿quién no se calla la boca cuando se cita a Foucault?
Así, por ejemplo, a las evidencias científicas que ordenan proteger la gran reserva forestal Thomas Van der Hamnen, usted responde que no son ciertas y que la reserva se va a urbanizar, frente a estudios de ingeniería ya elaborados para construir en Bogotá un Metro subterráneo, usted decide cambiar el diseño y anunciar, sin fundamentos técnicos, que ahora se va a hacer un metro elevado.
Tampoco pueden escribir bien el nombre de Thomas van der Hammen, pero ¿desde cuándo las evidencias científicas pueden "ordenar" algo? Es evidentemente la forma de expresarse y de "razonar" de gente que no está habituada a nada parecido. Si las evidencias científicas pudieran dar órdenes, estos imbéciles tendrían que devolver el dinero que les han robado a los colombianos con sus becas. Los estudios de ingeniería del G2 cubano que estuvo saqueando la ciudad son tan dignos de atención como la carta de los doctores. Sencillamente, se usa la tontería del falso doctorado para legitimar todos los atropellos del hampa comunista durante 12 años y procurar su retorno a la caja fuerte del Distrito. Las evidencias científicas y Foucault lo ordenan. Malgasta uno TANTO TIEMPO buscando un adjetivo apropiado, es imposible. Algo así sólo puede describirse como COLOMBIANO.
Otra vez Foucault: “No puede haber gobierno si quienes gobiernan no ajustan sus acciones, sus elecciones, sus decisiones, a un conjunto de conocimientos verdaderos, de principios racionalmente fundados o de conocimientos exactos, que no solo dependen de la sabiduría en general del príncipe o de la razón a secas, sino de una estructura racional que es propia de un dominio de objetos posibles, y que es el Estado" (Foucault, 2014, pp. 32)*
Otra vez el galimatías de los muertos de hambre.
Ahora bien, el ejercicio del gobierno no empieza ni termina con el gobernante. Cuando mire hacia atrás hágalo sin odio, con objetividad y se dará cuenta que, para bien o para mal, la Bogotá de 1998 no es la misma ciudad de 2016. El emperador Septimus Severo nunca reconoció a sus antecesores, solo creía en su mandato como emperador y en sus decisiones, que por ser suyas, eran simplemente “divinas”.
El que tenga paciencia podría buscar y mostrar dónde se documenta o dice siquiera un redactor de la Wikipedia que Septimio Severo no reconociera a sus antecesores o que considerara divinas sus decisiones. Eso es totalmente falso, tal como el nombre que le atribuyen. Basura, colombianismo. ¿Quién sino un doctor iba a escribir "darse cuenta que"? Escribir lo correcto los deshonraría.
Quienes firmamos esta carta estamos adelantando o ya terminamos estudios de doctorado en diversas universidades del mundo. Usted debe saber, señor alcalde, que lo hacemos con esfuerzo y convicción y con ganas de aportarle al país en la medida de nuestras posibilidades. Por eso nos parece injusto que personas como usted, que hoy gobierna a la capital del país, suplante con falsedades lo que a nosotros y nosotras tanto sacrificio nos cuesta.
HURRA HURRA HURRA, ¡UNA VERDAD! Lo que harán unos imbéciles de tal categoría para obtener doctorados (dar amor) les cuesta porque conservan aspectos del machismo tradicional y en Colombia pertenecen a familias "prestantes". El conocimiento a los verdaderos sabios nos resulta facilísimo, pero a ellos también, pues no tienen ni idea de qué es eso.
La comunidad académica en Colombia y en el mundo, pero sobre todo la ciudadanía (quienes votamos y quienes no votamos por usted) merecemos una explicación del Alcalde Mayor de Bogotá. Usted debe saber que por casos similares de falsedad o plagio han renunciado altos funcionarios en otros países.
Yo creo que quienes merecen una explicación son las evidencias científicas y Foucault. Pero ¿cómo es que ninguno de estos engendros contesta acerca del doctorado de Petro, cuya falsedad se denunció en su día? De repente Peñalosa resulta un tipo que merece la mayor defensa, no sólo lo persiguen doctores de tal enjundia y rigor, sino que el doctorado que decía tener es mentira. Lo inquietante es que fuera verdad, habida cuenta de la clase de gente que lo obtiene.

La educación que necesita Colombia es sencilla: EVITAR A TODA COSTA QUE LA JUVENTUD LLEGUE A SER COMO ESTOS IMBÉCILES. Basta con eso, que se dejen de gastar los recursos públicos en la indigencia intelectual y en la formación de camarillas de matones que se aferran a falacias mientras exhiben su infinita ignorancia y su interés en proteger a los secuestradores y asesinos que les prometen poder a cambio de su adhesión.

Y porque se exige un cambio cultural rotundo es por lo que el alicorto uribismo y su "revolución educativa" deben ser rechazados. Por el contrario, habría que cerrar todas las universidades públicas y proveer créditos a los estudiantes que demostraran verdaderas aptitudes. Es lo que define a los países civilizados, como Suiza, donde sólo un 23% de los jóvenes van a la universidad, donde un título tiene un sentido y no es la ocasión para que personajes de la categoría moral e intelectual de estos doctores lamboneen en aras de rentas parasitarias.

Porque no se trata sólo de cambiar al presidente sino de construir una sociedad que se asimile a las plenamente humanizadas, cosa que requiere un esfuerzo distinto a la habitual pelea de banderías.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

uy Deben averiguar es con las universidades en vez de repetir como loros

http://paisbizarro.blogspot.com/2016/04/la-cruzada-contra-el-falso-doctor.html

Anónimo dijo...

investigue bien no coma cuento

https://gustavopetroblog.wordpress.com/2016/04/24/mi-hoja-academica-es-la-de-un-hombre-que-ha-estudiado-para-cambiar-a-colombia/

Anónimo dijo...

Raro. En el enlace del universicario (Anónimo 9:19 a.m.) el prócer también hace referencia a Foucault.

Recuerdo haber leído durante la campaña de 2010 que Petro estaba leyendo Mil Mesetas. No pude parar de reirme en ese momento: al mismo tiempo yo estaba leyendo Imposturas intelectuales, en donde había una sección dedicada a la prosa indigerible y vacía de Deleuze.

La discusión acerca de los títulos de Petro y de Peñalosa y la postura de los "académicos" reflejan fielmente el nivel de la intelectualidad colombiana. Las universidades colombianas son el muladar que naturalmente resulta de esa intelectualidad.

Ruiz_Senior dijo...

Jaja, en el discurso que pronunció cuando lo destituyeron, el prócer presumió de sus lecturas, pero no creo que haya leído ni la segunda página de Cien años de soledad porque lo único que sabía citar es la primera frase de esa novela. También dice con toda la seguridad del mundo "llévensen". Pero es que los cretinos que sí acaban doctorados tampoco han leído nada más que algo que los fuercen a leer y a punta de atenciones a los profesores y lealtades políticas consiguen sus títulos. La carta comentada en el post lo demuestra.

En general, pocos colombianos han leído muchos libros, y la inmensa mayoría de los que han leído alguno apoyan a Petro porque una cosa es medio entender algo y otra muy distinta trabajar. Para vivir bien sin producir nada hay que afiliarse a Genocide Inc.