8 mar. 2017

¡Todos a marchar, por lo que sea!

Por @ruiz_senior

Una de las formas características de la mentira es el sobreentendido. Aquello que no hace falta hacer explícito porque ya todos saben, y que después resulta que no se mencionaba para poderlo ocultar. Por ejemplo, durante casi siete años en Twitter miles de personas han criticado la disposición de Santos a negociar con los terroristas, todas suponiendo que Uribe estaría en contra, a lo que contribuían los lloriqueos del expresidente. Había como un consenso, el que no quería premiar a los asesinos estaba con Uribe y el que estaba con Uribe no quería premiar a los asesinos. Los hechos que probaban que Uribe apoyaba la negociación y sólo se planteaba "cómo iba él ahí" se soslayaban porque la aversión a Santos era lo importante, hasta que el compromiso de Uribe con el acuerdo fue directo y claro y entonces resultó que en realidad casi nadie estaba en contra del premio al terrorismo porque eso no les importa, sólo la pasión de exaltados inconscientes por el líder o la adulación interesada de los lagartos que no se vieron favorecidos por los nombramientos de Santos. 

Esos mismos sobreentendidos pesan sobre las marchas propuestas para el 1 de abril. El senador Iván Duque señala en una columna que
Día a día son más los ciudadanos que manifiestan su inconformidad, indignación y desilusión con la obra del gobierno Santos. En el manejo de la economía, la seguridad, la política social y en casi todos los temas, las encuestas registran el rechazo popular, al igual que precarios niveles de aceptación.
Resultando que la cuestión de "la paz" ni siquiera es de las que hay que mencionar. Más adelante sí la menciona, pero a la manera uribista, interpretando el NO como apoyo a la participación del CD en la mesa de La Habana.
Diremos que refrendar los acuerdos por las mismas mayorías parlamentarias derrotadas en las urnas, fue un desafío a la democracia directa y que no haber permitido modificaciones de fondo a los Acuerdos en La Habana, fue poner los intereses de las Farc por encima de las mayorías.
La negrita es mía: ¿de modo que la gente votó NO en aras de que hubiera "modificaciones de fondo" a los acuerdos? Esto remite a un asunto trascendental, que es la ausencia de representación política de las mayorías, síntoma de la inautenticidad y primitivismo de la democracia colombiana: para todos los políticos es más rentable hacerse socios de los señores de la cocaína que corresponder de algún modo a sus votantes. La negociación de La Habana es un golpe de Estado y una violación flagrante de la ley, los que la bendicen están en el lado de los terroristas. ¿Qué decir de un senador y candidato presidencial que cree que un plebiscito es "democracia directa" y que pone una coma entre el sujeto y el predicado de la frase?

Pero todo lo relacionado con ese prócer me parece secundario, y francamente me produce malestar la oleada de reproches que se le hacen en Twitter. Parece que Zuluaga o Trujillo fueran menos partidarios de premiar el terrorismo, o que Duque de algún modo traicionara a Uribe, cuando la actitud de ambos ante la negociación de La Habana es absolutamente coincidente, como expliqué en la entrada de este blog enlazada arriba.

Queda la impresión de que el uribismo aprovecha la convocatoria de la marcha por parte de Ordóñez para "pescar en río revuelto" y sacar a sus partidarios a la calle contra el mal gobierno y la corrupción y la carestía de la vida, haciendo uso del imaginativo repertorio de la tradición política nacional, no vaya a ser que haya quien vea en ello una actitud peligrosa para la paz. O sea, para el "estado de no violencia", tan difícilmente alcanzado, para usar la jerga uribista.

Pero es que el propio ex procurador publica un video convocando a la marcha en el que no se habla en absoluto de la paz, ni de las FARC, ni de La Habana, ni de la cocaína, sino, previsiblemente, de la corrupción, de la familia y de la patria. ¿Habrá algún acuerdo con Uribe para que el uribismo no se sienta tentado a no participar si la marcha es contra "la paz"? ¿O más bien un cálculo mezquino según el cual es mejor no alejar a los ilusionados con "la paz"? De hecho, el aceptar la adhesión de los uribistas es una renuncia completa de Ordóñez: si quiere ser el candidato del rechazo a los acuerdos, mal hace buscando el apoyo de quienes los apoyan. Si cree que el rechazo a los acuerdos es tan minoritario, ¿en qué basa su aspiración a la presidencia? ¿Será el rechazo a la corrupción, el amor a la patria o la defensa de la familia suficiente causa para formar una mayoría? Yo lo dudo.

La marcha será un rotundo fracaso, como todas las que se han convocado contra Santos. Y no lo sería si se convocara contra los acuerdos del gobierno con los terroristas, incluso si acudieran sólo una cuarta parte de los pocos que acudirán. Se vería una actitud de grupos de ciudadanos que rechazan la implantación de la tiranía y no el apoyo a quienes buscan acomodarse a ella.

Pero es el problema de siempre: el narcorrégimen no tiene un apoyo mayoritario, ni muchísimo menos, pero la gente que lo rechaza no encuentra expresión política, con lo que predominan los nostálgicos de los gobiernos de Uribe y los que no entienden que el uribismo sólo busca "modificaciones" consistentes en nombramientos y cuotas de poder. Incluso han radicado un proyecto de ley para perseguir la opinión disidente en las redes sociales: los jueces nombrados por las FARC serán quienes decidan cuándo un tuitero incurre en delito. Naturalmente, ningún tuitero uribista ha visto ningún problema.

A estas alturas ya no hay duda acerca de lo que hará Uribe. El problema es si algún candidato será capaz de lanzarse sin su apoyo y con la propuesta de defender la nulidad de los acuerdos. Hay un "nicho de mercado" para eso, pero ¿alguien recuerda un solo comentarista, salvo en Twitter, que vea esa necesidad y entienda que no se puede contar con Uribe? Seguir adhiriendo al CD es traicionar la causa de la democracia, de la ley, de la justicia y de la libertad. Pero lo seguirán haciendo, no vaya a ser que los acusen de dividir a los enamorados del Gran Timonel, que es casi tan feo como ser enemigo de la paz.

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