10 ago. 2004

De Núñez a Uribe: la historia a medio entender

Por Respondón

Cuando nadie es historiador serio, todo el mundo es historiador de sillón. Así es el caso colombiano, digamos, históricamente. Las cosas están cambiando desde hace dos décadas, pero a ritmo de bambuco cansado, o más bien a ritmo de desarrollo económico. Todo lo cual nos lleva a la columna del economista Abdón Espinosa, comentarista bastante equilibrado (el cepalismo no es pecado) y de buen gusto como columnista, pero, según parece, prisionero de una tradición historiográfica liberal (Milton Puentes, Eduardo Rodríguez Piñeres) que desdibuja los antecedentes de la Regeneración de Núñez.

El Olimpo Radical fue un fenómeno que le hace honor a Colombia, pero tuvo una larga lista de defectos: sectarismo, regionalismo, actitud casi que bolchevique frente a la religiosidad de los colombianos (sin negar la intransigencia de la Iglesia, claro), y ningún apego a las reglas de la democracia. Toleró a regañadientes la mayoría conservadora en Antioquia (derrocando su gobierno cuando pudo, en 1877), y no aceptó la victoria limpia del conservatismo en Cundinamarca, en 1869.

Su política económica no era la más adecuada para un país en desarrollo.

Cuando Núñez comenzó a señalar los defectos del radicalismo, el Olimpo lo trató con desprecio. Fue un proceso de mucho años el que dio lugar a su alianza con los conservadores, y hasta el mismo momento del levantamiento del llamado Ejército de Reserva de Leonardo Canal, una vez comenzada la Guerra de 1885, el movimiento de Núñez fue considerado más como una disidencia liberal que como una empresa de tránsfugas.

Es extraño que Turbay haya citado a Núñez el regeneracionista como modelo a seguir para Uribe, pues nada más apropiado para suscitar la oposición del liberalismo actual. (Esto, más las muchas firmas de personas desacreditadas, reaccionarias, o que se presumían ya muertas, me hizo dudar de las intenciones de la iniciativa. Pero Turbay no se sacrificaría en un caballito de Troya para la DNL.) Parece más conveniente citarlo como ejemplo de lo que puede pasar.

Ahora Uribe es, guardadas las proporciones, el Núñez de la década de 1870: observando críticamente (y desde el poder, como cosa rara y afortunada) los excesos del consenso gobernante, indicando la necesidad de un cambio de rumbo siempre dentro de la tradicion liberal. A Núñez no le hicieron caso, y si él mismo no se hubiera "engodizado" de hecho, otra figura habría asumido las banderas con el mismo resultado; quizás en 1890 o 1895, o hasta en 1900.

Si no le hacemos caso a Uribe, la consecuencia más obvia es que el país se derrumba. Pero la consecuencia que le sigue a ésta, muy posiblemente, sería una nueva época tipo Regeneración, pero con la suma dureza que lamentablemente ha caracterizado a nuestro tiempo. No quiero ver una salida de éstas, y no creo que Uribe esté dispuesto a liderarla. (Pero a Núñez nadie le reconoció semejante disponibilidad, y miren lo que pasó.)

Hay situaciones insostenibles que resultan manejables dentro de la institucionalidad porque los procesos democráticos obedecen a la voluntad de la mayoría de la gente... y situaciones que no, situaciones que dan lugar a soluciones (fallidas) de hecho (brutales), porque los procesos democráticos (amañados) desconocen la voluntad popular, so pretexto de teorías marxistas de hegemonía, o de puro desprecio clasista.

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