7 ago. 2004

El irrespeto a las instituciones

Éste es el tema del artículo de la fecha de Carlos Caballero Argáez.
Al respecto, creo que es sumamente peligroso sacralizar las instituciones y normas. Se corre el riesgo de llegar a la conclusión de que el peor criminal de la historia del continente sería Lincoln, que desafió la institución de la esclavitud, que era una serie de normas escritas y tácitas por la que se regía la vida angloamericana en muchos sitios.

La toma del Palacio de Justicia sirvió para imponer la constitución actual, y por tanto el respeto por la institución existente supone el aplauso de aquello que permitió instaurarla, etc. La institución del Congreso realmente existente es tan digna de esa constitución del 91 que a veces parecería que son los asesinos los que se rebajan acudiendo allí.

En realidad, para que haya instituciones que garanticen la libertad y la justicia hay que derribar las que sólo sirven al atropello y al crimen.

Para que las instituciones fueran respetables y respetadas se debería cerrar el Congreso y convocar una Constituyente, elegida AL MENOS por la misma cantidad de gente que votó en el referendo de 2003.

Pero si algo es mezquino es la banda de Pastrana, que se aferrará al fetichismo de las "instituciones" para seguir en su juego. Los que apoyamos la reelección tal vez renunciaríamos si a cambio se permitiera surgir unas instituciones que no fueran la consagración del poder de los asesinos del Palacio de Justicia sino un acuerdo de la sociedad en torno a las libertades y derechos.

Y como entre los poderosos esta idea es minoritaria, les ocurre algo de lo que ni siquiera se dan cuenta: de que son las guerrillas y sus socios quienes terminan representándolos.

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