22 feb. 2005

Rodrigo Rato en Colombia

Por Wilfredo Moreno

La visita del director-gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, fue de mucha importancia para el país, no sólo por lo que se negocio con el ente ni por los consejos dictados en forma gratuita, lo más sobresaliente fueron las reuniones que sostuvo con toda clase de representantes de la sociedad colombiana, incluyendo al personaje que llegó en representación de la parte llena de envidia y odio de nuestro país, sí, el hombre que se acercó con un pedazo de carne para emular la obra de Shakespeare, El mercader de Venecia. Al contrario de lo que pensó la mayoría -pedir que lo sacaran del recinto- lo invitó a exponer sus "apreciaciones".

La forma abierta y amistosa que el señor Rato le dio a su visita puede tener repercusiones positivas para la economía nacional, porque tiró por el piso aquella idea que se tenia del FMI: hombres fríos y crueles que llegaban a los pueblos en busca de la últimas gotas de sangre que le quedaban a sus habitantes, difundida por la demagogia para explotarla en su beneficio, claro, con la ayuda de los debates herméticos que presidieron esta visita.

Tal vez Rato entendió que lo mas importante para el FMI es no dejar que lo sigan convirtiendo en el chivo expiatorio de los problemas que aquejan a los pueblos pobres del mundo, y ayudar a hacer entender que el verdadero problema está dentro de cada sociedad. Por eso escuchó a aquellos que piden moratoria de pago y más emisión monetaria, como "ayuda" a los más pobres. Después de que Rato refutara esos "argumentos" quedó claro que eso sería más dañino para los pobres, una suspensión de pagos espantaría toda la inversión y la que está por llegar. No es por lastima por lo que Francia promociona a Colombia como destino seguro y atractivo para sus inversiones, algo que sin duda será emulado por otros países que cuentan con muchos recursos que generarán empleo en el país, todo gracias a los esfuerzos del gobierno en mantener un nivel "macro" responsable. Y el dinero inorgánico sería un veneno para los mas pobres que verían como la inflación se comería sus pocos recursos.

Ahora le toca al gobierno, acompañado por los políticos serios, explotar la visita del señor Rato, que aconsejó el diseño de una reforma tributaria menos discriminatoria y más cercana a la realidad nacional, más gente que pague el impuesto sobre la renta y más eficiencia en el gasto social en lugar de aumentarlo: sólo en pensiones existe una disparidad monstruosa, ya que el 80 % de los recursos va a parar a la parte mas rica de la sociedad, tal como ocurre con los subsidios.

Antes de pasar a prepagar la deuda sin pedir nada a cambio, el gobierno debe proponer una salida salomónica al sector político; prepagar deuda siempre y cuando se aprueben las reformas estructurales, el dinero ahorrado por el servicio de la deuda seria utilizado para inversión social productiva y no permanente, es decir, en micro créditos a madres cabezas de familia, etcétera, algo a lo que nadie con dos dedos de frente se podrá oponer. Sobre todo porque la famosa inversión "social" que antecedía a ésta no era tan social y sí muy improductiva.

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