3 mar. 2005

El editorial de El Tiempo y la masacre de Urabá

Gracias por este editorial que viene a demostrar lo que hace tiempo vengo diciendo sin que nadie me preste atención: que quien verdaderamente dirige a las FARC es el director de El Tiempo. La abyecta lambonería de los colombianos hace que terminen creyendo que los gatillos aprietan a los dedos y los brazos dan órdenes a las cabezas. Así casi todos los lectores terminan dispuestos a negar el entusiasmo con que el editorialista y los comentaristas partidarios de las FARC se frotan las manos ante este nuevo crimen: por fin tienen material para acusar al gobierno, o a las AUC, a las que interesadamente señalan como aliadas del gobierno.

Se trata de un típico proceso de manipulación en el que los hechos decisivos se ocultan o se justifican veladamente, hasta que los pájaros se atraviesan en el camino de las balas.

¿Qué pasa en Urabá? Que desde hace décadas el Partido Comunista estableció allí una base para las actividades de su guerrilla, para lo cual no dudó en imponerse mediante todo tipo de masacres y horrores similares a los que se comentan en el editorial. No hay que olvidar que esa estrategia de ese partido fue apoyada por el señor Santos Calderón en su revista "Alternativa", y que el mismo periódico del partido en la época en que se fundaron las FARC se imprimían en las prensas de El Tiempo con ayuda del señor Santos Calderón, según nos enteramos por el mismo periódico. Una parte de la labor de esa "insurgencia" es cometer esas masacres para aterrorizar a la población, la otra parte, la principal, es cobrarlas sometiendo a la población a formas de organización convenientes, tales son las "comunidades de paz".

Son comunidades neutrales que no están a favor de que se acabe con los secuestros ni de que se secuestre, que no ayudan (dicen) a que se guarde secuestrados ni a que se investigue dónde están esos secuestrados, esas armas, esos terroristas. Son ajenas a eso porque tienen miedo, y ese miedo es precisamente la conquista de las bandas del Partido Comunista y del señor Santos Calderón. Crear una "comunidad de paz" es crear una zona sometida, y todo el mundo sabe que los organizadores de esas comunidades son los mismos militantes de los grupos totalitarios. En buen romance se puede decir que el objeto de los actos terroristas es formar comunidades de paz para después explotar cualquier cosa que las afecte para justificar la expansión del poder terrorista.

¡Èl colmo del cinismo es decir que esa comunidad había pedido protección especial del Estado! Quiere decir que el Estado debe proteger a una comunidad que sirve de "colchón" para proteger los campamentos de los terroristas, a donde no puede entrar y donde no puede esperar ninguna colaboración de los ciudadanos. ¿Quién puede mentir tanto? Después se habla de los que señalan al ejército o a las AUC, "miembros de la comunidad", que pueden ser simplemente personas amenazadas, pero si es el sacerdote Javier Giraldo, el lector tiene que saber un poco quién es este personaje, líder de la ONG Justicia y Paz, una de las más claramente favorables a los terroristas (ver: www.nocheyniebla.org).

También se dice que el líder de la comunidad que fue asesinado "gozaba de un amplio reconocimiento internacional", ¿de quién? Pues de las ONG que dirigen el narcoterrorismo, de los gobiernos que lo promueven y lo apoyan, etc. Claro, eso no prueba que fueran las FARC las autoras de ese crimen, porque esta vez el horror sirve a la otra parte de la trama, a la de El Tiempo y las ONG para hacer olvidar la reciente masacre de las FARC en la región (pues ahora resulta que matar a colaboradores de los terroristas es más grave que matar a soldados que pretenden acabar con el terrorismo), y en justificar las que encargarán próximamente. Y nada justifica que ocurran esos hechos, ni que sería más grave aún si hubiera miembros de las fuerzas militares imiplicados, lo cual está por demostrar sin que los testimonios del sacerdote Javier Giraldo constituyan ninguna prueba.

Lo deseable sería que se aplicaran las leyes, que cesaran los crímenes y que una atrocidad como ésa no quedara impune. Pero ¿hay alguna forma de aplicar las leyes negociándolas con los criminales como repetidamente propone El Tiempo (el sacerdote Javier Giraldo no, él quiere que los criminales las impongan sin negociar nada)? ¿No es el principio de legalidad lo contrario de cualquier negociación con terroristas? ¿No es la abierta promoción del "conflicto armado" que hace El Tiempo precisamente el fomento de esa clase de hechos?

Lo que cabe señalar es el frenesí de adjetivos con que se embelesa el editorialista, feliz de encontrar por fin una excusa para promover entre su público el mito del "paramilitarismo" que ataca a la comunidad ajena al conflicto, como si esa "neutralidad" no fuera precisamente lo que buscan los terroristas, como si la existencia de las FARC no fuera la anomalía de origen y el núcleo del conflicto. ¡Y dicen que no hacen oposición! ¿Por qué no ordenan ya a sus niños que se entreguen a la justicia? Así se demostraría que no hacen oposición, pues la orgía de adjetivos y mohínes sólo es la justificación de la siguiente masacre de soldados, imprescindible si se quiere llegar a la solución negociada del conflicto armado, objetivo de las FARC abiertamente proclamado por El Tiempo y casi todos sus redactores y columnistas.

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