25 sep. 2005

La desgracia de ser una empresa

Hace varios días me llama la atención el silencio de los opinadores, incluidos los de la blogosfera, sobre la oferta de mediación de Hugo Chávez con el ELN, y la rápida aceptación de la banda: ¿a nadie se le habrá ocurrido que sin duda es una estrategia concebida en La Habana?

Pero lo más llamativo es el silencio del gobierno colombiano. Hoy escribe el ex ministro Juan Manuel Santos un artículo en El Tiempo dedicado a comentar la escalada dictatorial del sátrapa, en el que incluye esta frase: "Hay que reconocer que el Gobierno colombiano es muy poco lo que puede hacer".

Bien es cierto, y es lo preocupante, que Santos no se refiere a la oferta de mediación, ni dice nada al respecto, pero esa impotencia del gobierno colombiano es de veras espeluznante: es que el gobierno no se puede atrever a poner en peligro las exportaciones a Venezuela.

Y me pregunto hasta cuándo seguirá eso. Ya las presiones de Chávez sobre el gobierno ecuatoriano han dado sus frutos, ahora se ofrece a mediar con el ELN, como si fuera un misterio para alguien la profunda afinidad de la banda terrorista con su régimen, ¿habrá que esperar a que le venda abiertamente munición de su nueva fábrica a las FARC para que puedan usar los fusiles que les vendió Montesinos?

Es cuando uno empieza a preguntarse si no tendrán razón los que acusan a Uribe de estar más cerca de la plutocracia que del neoliberalismo. A los "riquitos" sí que les importa poco incluso una intervención abierta, una vez estén los capitales lejos. Porque cuando se concibe que un país es una empresa, siempre aparecen unos dueños con intereses comerciales muy precisos, para hablar con claridad: dispuestos a vender al país al mejor postor, como suelen estar en venta todas las empresas.

Muy iluminadora al respecto es la cita que copiaré de El ogro filantrópico, de Octavio Paz:

Por su origen, sus métodos de trabajo, sus jerarquías y su moral, la nueva burocracia fue la negación del patrimonialismo. Su evolución fue la misma de la burguesía, que pasó del derecho a la economía y de la lógica jurídica a la lógica de la empresa privada. Así, impuso la racionalidad económica, esencialmente cuantitativa, en el despacho de los negocios de Estado. Exigencia imposible: el Estado no es una empresa. Las ganancias y las pérdidas de una nación se calculan de una manera distinta a la que nos enseñan las reglas de contabilidad. Esta es una contradicción que el Estado burgués liberal no ha podido resolver. Desde la perspectiva de la administración de las cosas, las burocracias de las sociedades democráticas burguesas han sido incomparablemente superiores no sólo a las de las antiguas monarquías sino a la de los Estados totalitarios de nuestros días. Agrego que, además de ser más eficaces, han sido más humanas y más tolerantes. Pero esta superioridad de orden profesional y moral se convierte en inferioridad si se pasa de la administración a la política. La inferioridad se vuelve manifiesta en el dominio de las relaciones internacionales.

Abundan los ejemplos de la ineptitud política de las democracias burguesas. Su actitud ante Hitler fue una mezcla extraordinaria de inconsistencia y ceguera. Al principio, su intransigencia y su egoísmo frente a Alemania favorecieron el surgimiento del nazismo; después, a veces por cálculo y otras por cobardía, fueron cómplices del dictador. Su política con Stalin no fue más clarividente. La misma mezcla de realismo pérfido y a corto plazo inspira su actitud ante las satrapías y tiranías del Nuevo y el Viejo Mundo. El oportunismo no explica enteramente estas flaquezas e incoherencias. La falla es congénita y ya apunté la razón más arriba: el Estado no es una fábrica ni un negocio. La lógica de la historia no es cuantitativa. La racionalidad económica depende de la relación entre el gasto y el producto, la inversión y la ganancia, el trabajo y el ahorro. La racionalidad del Estado no es la utilidad ni el lucro sino el poder: su conquista, su conservación y su extensión. El arquetipo del poder no está en la economía sino en la guerra, no en la relación polémica capital/trabajo sino en la relación jerárquica jefes/soldados. De ahí que el modelo de las burocracias políticas y religiosas sea la milicia: la Compañía de Jesús, el Partido Comunista.


Pero más allá de eso, ¿no es el precio natural de no reconocer que en Colombia el narcoterrorismo encarna una poderosa facción de la sociedad, cuya sede más característica es la universidad?

Mi opinión sincera: no se podrá acabar con la guerrilla mientras no se tenga claro a quién representa y quién la jalea, mientras no haya una mayoría de colombianos que hayan tomado partido claramente a favor de Castro o a favor de la democracia.

Porque las mayorías ficticias terminan albergando tantos antiamericanos, tantos falsos pacifistas, tantos enemigos de la sociedad liberal, que al final la turba no se dirige contra los secuestradores sino contra los secuestrados, no contra Tirofijo sino contra la embajada estadounidense, no a contener las prebendas abusivas de los parásitos, sino a quemar banderas estadounidenses.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Federico.

La Opinión de los “Liberales” en el debate hecho por Semana RCN etcétera, (entre otras cosas uno no entiende como un Empresario Serio, talvez el mas serio en Colombia, se une con un medio que esta a la otra orilla del rió en cuanto ideales como es Semana) y que los Pre Candidato mostraron una especie de temor en acusar al Dictador respaldado por votos clentelistas, es otro hecho que demuestra que la Constitución del 91 no fue un gesto de Paz del Partido Liberal para sacar al M-19 de las armas, sino mas bien un acuerdo para que Colombia se congelara En El sistema Colonial y que la Constitución hasta ese entonces vigente no garantizaba.

El comercio Con Venezuela siempre a resultado un espejismo para Colombia, desde mucho antes que se firmaran los convenios comerciales, representados en los intercambios fronterizos, sobre todo, alentados por la capacidad de compra gracias a las bonanzas Petroleras en el vecino País, luego lo que se hizo fue formalizarlo, sin borrar los problemas históricos en Cúcuta: Bueno cuando el precio del petróleo estaba alto y malo cuando bajaba. Quién diga que Venezuela es importante para Colombia en cuanto intercambio comercial esta mintiendo, no se puede olvidar las crisis económicas al otro lado de la frontera por que el precio internacional del crudo bajaba ¿Qué economía del planeta a madurado o crecido con un socio tantos altibajos? El único factor que a hecho imposible que el intercambio comercial con Venezuela halla sobre pasado los 5 mil millones de dólares como se había pronosticado hasta la fecha de hoy, no solo es Chávez con sus malas políticas sino también la incapacidad de ese País para desprenderse de la economía velero que la rige.

Ninguna persona conciente puede esperanzarse a que a Venezuela le llegue una bonanza gigantesca para que de esa forma Colombia le venda 30 o 40 millones de dólares anuales en productos manufacturados, aunque llegue esa gigantesca bonanza y se sostenga en el tiempo, que es algo improbable, la ideología de Chávez le dice que debe diseñar una economía que su País produzca todo lo que consume, la bonanza petrolera que esta ayuda dando a Venezuela no se debe extender mas allá del año 2010. El problema actual no solo es la alta demanda de crudo sino también la incapacidad para refinarlo, ese fenómeno hará que exista mucho petróleo en el mercado pero sin refinar, como consecuencia aumentara el precio de los derivados pero en detrimento del precio del crudo, aunque el Gobierno de Chávez planea construir mas refinerías eso no se hace de la noche a la mañana además los recursos son gigantescos y hoy pelean con los de la “Inversión social” La gasolina cara obligara a los consumidores a utilizar lo menos posible los carros y las compañías automotrices a desarrollar Autos híbridos, y a otras empresas sustitutos del combustible, en el tiempo se reducirá el consumo de gasolina de tal forma que sus precios se estabilizaran a la baja y el del crudo no se diga.

Por lo tanto la actitud del Partido Liberal con Chávez es ideológica y no de mercado.

Jaime Ruiz dijo...

La actitud del mal llamado Partido Liberal hacia Chávez sobre todo es el servilismo de unos hampones que esperan los millones del sátrapa. La mayoría de esos "políticos" aceptarían cualquier política que les garantizara sus rentas. Se puede decir que carecen de ideología, cosa que en Colombia es lo más grave que puede imaginarse la gente. ¡Tener ideología es un motivo de orgullo!

Pero en mi post, cuando hablo de la actitud de sacrificar intereses de primer orden para proteger el comercio con Venezuela me refiero es al gobierno de Uribe. Es el que tiene que pronunciarse ahora sobre la oferta de mediación de Chávez.

Y por lo mismo que un país no es una empresa, tampoco los líderes de un país deben ser los empresarios. Lo que se necesita es que haya muchos empresarios y que en lugar de participar en política, en comisiones por la educación, en marchas cívicas y demás lagarterías se dediquen a ganar plata, a inventarse formas de hacerlo, a crear puestos de trabajo, a construir infraestructuras, aunque sean privadas.

Digo esto porque no es raro que Ardila Lülle esté con los Santos y con quien tenga poder: no es un líder de una facción política, sino un gran señor de la empresa, que anda pendiente de sus negocios.

En lo de la gasolina estoy completamente de acuerdo, y también en lo del sentido de la Constitución del 91. Sobre todo, el M-19 ya estaba desmovilizado por entonces. La constituyente fue una audacia de Gaviria, que esperaba sacar adelante su presidencia y asegurar el poder para su partido aliado con la nueva facción.

Es el problema colombiano, que en realidad la mayoría de los políticos han alentado a los terroristas.

Anónimo dijo...

El Partido Liberal ya esta unido con El Polo Democrático que es un brazo de la guerrilla y Gaviria se desprestigia no solo en el ámbito Nacional sino que también en el Internacional, con una campana medio boba esperan que la Corte tumbe la reelección para poner a Serpa de Presidente, los análisis de la revista semana son un parapeto que no se le encuentra sentido igual que los que hacen los otros medios, estrategia que copia el partido de Serpa con muchas esperanzas.

Jaime Ruiz dijo...

Para el anónimo: la verdad es que es más difícil saber qué pasará si la Corte tumba la reelección que si lo hará o no.

Las variables dependen por una parte de la capacidad de Uribe de promover a un sucesor. Eso quiere decir, convencer a Peñalosa de aliarse con los godos, por ejemplo. Sería fatal una segunda vuelta. Chávez puede invertir miles de millones de dólares en comprar votos.

Pero también está la otra cuestión, que es la capacidad de los medios para torcer la voluntad de la gente. A fin de cuentas las marchas del No Más de 1997 sirvieron para dar respaldo al Caguán, que era precisamente lo contrario, y eso porque los significados que movían a la gente eran vagos y dispersos, como toda su moralidad, mientras que los fines de Santos Calderón y compañía eran claros.

Los medios intentarían dispersar el uribismo, y mucho me temo que lo conseguirían. Hasta ahora el presidente parece más ocupado en hacerse imprescindible que en lanzar un programa político eficaz para transformar el país.

Cada día que pasa siento más pesadamente una gran frustración con este gobierno. ¿Alguien sabe que la Universidad Pedagógica lleva como un mes de paro? ¿Se ha debilitado en un ápice siquiera el control de las FARC y el ELN sobre la Universidad Nacional?

El fracaso del referendo sirvió para garantizar la popularidad de Uribe, tal vez porque los que no lo votaron se sienten indignos de criticar, pero también sirvió para que el gobierno se durmiera sobre los laureles de los logros en seguridad del primer año.

Ciertamente si hay reelección habrá que apoyar a Uribe, y si no la hay habrá que buscar mantener la unidad del centro-derecha, porque la alternativa es la guerra civil, pero también está claro que la transformación profunda del país requiere un proceso diferente, con líderes diferentes.

DieGoth dijo...

Ya es hora de que Colombia replantee sus relaciones comerciales con Venezuela y sus metas de desarrollo. ¿Puede el país basar gran parte de su desarrollo económico en el incremento de las exportaciones a Venezuela?

Creo que años atrás, cuando la balanza del intercambio era favorable para Venezuela, los empresarios colombianos podían sobrevivir. ¿Por qué de repente ahora el país no puede vivir sin el mercado deprimido de un país que incluso tiene menos población que Colombia?

Colombia lo que tiene que hacer es conseguir pactos comerciales con países serios como los de Norteamérica y Chile, y de paso con países intermedios como Perú, además de abrirse al Pacífico (ese océano que pareciera no existir para este país) tras Asia.

Mientras menos intereses económicos tenga Colombia en Venezuela, más independientes serán las decisiones que el gobierno tome con respecto a ese remedo de país.

Anónimo dijo...

Alfredo.

Dieghot, En los noventas estaba de moda intercambiar comercio con Venezuela, los empresarios Colombianos invirtieron muchos recursos para ganar mercado allá y para vender los productos Venezolanos aquí, después de la llegada de Chávez, en los Empresarios Colombianos existe temor de seguirle vendiendo en ese País y la idea es remplazar ese mercado, pero como la infraestructura para crearla llevo tiempo y mucho dinero entonces hacer una nueva llevara algún tiempo y mucha plata, proceso en que ya están embarcados los Empresarios Colombianos, entonces borrar a Venezuela en lo que tiene que ver con la Política Comercial es cuestión de tiempo, mas cuando esta a punto de abrirse el mercado mas grande y consumista del Mundo (Estados Unidos) en todo caso siempre Venezuela será un problema que Colombia tendrá que manejar con bisturí, así ya el mercado del vecino País no signifique nada.

El anti Colombianismo es un factor a tener en cuenta, lo que mas me suena para evitar que Colombia sea mas el chivo expiatorio, seria replantear las metas de desarrollo, como Usted dise. Si Colombia es un País fuerte Económicamente los gobiernos Venezolanos lo respetaran a la hora de tratarlo. Recuerdo el incidente de la Corbeta Caldas, una solo protesta diplomática hubiera sido suficiente, en cambio Venezuela siemple hablo de guerra, imagínese, en esos tiempos no había un Presidente totalitario como el de ahora, en el poder se encontraba un demócrata llamado Jaime Lusinchi del Partido AD muy cercano o menos severos con la política interior que trata a los Colombianos residentes en ese País, de ahí la forma como Uribe baja el tono siempre que habla con Chávez, es muy difícil mantener buenas relaciones cuando se tiene menos recursos que el vecino arrogante. Mas que reemplazar el mercado venezolano, lo verdaderamente importante para desactivar las relaciones altamente peligrosas con Venezuela será obteniendo un desarrollo alto y sostenido, para mi no existe otro modo.

Jaime Ruiz dijo...

Para Diegoth: yo creo que no hace falta llegar a tanto, sólo que el gobierno sea capaz de responderle a Chávez y ponerle unos límites, pues por mucho que se diga un enfrentamiento bélico sería fatal para el sátrapa. Una cosa es para unos militares del trópico enriquecerse siguiendo a un demagogo y torturar periodistas y opositores, otra es organizar una intervención en otro país, y más cuando van a correr riesgos.

Y en caso de que la agresión fuera grave se justificaría una respuesta contundente de EE UU, cosa que gustaría todavía menos a los militares.

La dependencia de las exportaciones a Venezuela no es tanta, y en el supuesto de que Chávez las redujera, también perdería exportaciones a Colombia.

A largo plazo el destino de Colombia es integrar a Venezuela y Ecuador, cosa que hace tiempo se habría logrado de no ser por la riqueza petrolera de esos países y la incapacidad de construir un Estado eficaz en Colombia. Todos los gobiernos deben tener metas de integración a largo plazo y favorecer todas las relaciones de intercambio imaginables. Aunque al respecto habría sido más fácil buscar la integración con Ecuador y poco se ha hecho en esa dirección.

El comercio con Norteamérica, Chile, México y Asia es interesante, pero no creo que sea fácil encontrar formas adecuadas de llevarlo a cabo.

Lo que me parece interesante es el silencio respecto a la oferta de mediación de Chávez, cuando era la ocasión perfecta para ponerlo en su sitio.

Jaime Ruiz dijo...

Para Alfredo: tiene razón, pero ese desarrollo requiere mucho tiempo. Requiere sobre todo un cambio profundo de la mentalidad.

Luis Gassia dijo...

Ustedes los colombianos siempre necesitan de alguién para justificar a sus gobiernos negligentes. Ahora se han empeñado en aferrarse al nuevo enemigo, Chávez, tapando así las matanzas que promueve su gobierno a través de los paramilitares. Le siguen el juego a los gringos que andan sedientos de petróleo, inventando guerras... Todo ese odio que siembran hacia Venezuela les va a facilitar las cosas, quieren odio, odio van a tener, quieren guerra, guerra van a tener... Mas bien en Venezuela si deberían cerrarles las fronteras y devolverles el poco de delicuentes y guerrilleros que andan saqueando a la sociedad venezolana... Ustedes colombianos, si son una cuerda de hipócritas y oligarcas, tan traidores como lo fué su héroe Santander