1 abr. 2006

La opinión distraída

Tal vez lo que más cuente para el futuro de Colombia de cuanto discutimos hoy en día es la capacidad de la gente de hacerse ciega respecto a lo que ocurre, o peor aún, de acostumbrarse a ello. ¿Hasta qué punto es sólo un vicio y no una actitud inducida por ciertos intereses? Es algo que cada persona debería evaluar, sobre todo quienes leen la prensa y pueden contestar hasta qué punto pueden creer en su objetividad, o quienes conocen de cerca el medio educativo y saben qué es lo que se enseña. ¿Es posible que la gente de la diáspora ayude a los demás colombianos a darse cuenta de lo singular de su situación y sobre todo de lo increíble de la información que se recibe y de las doctrinas predominantes en el país?
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