11 jun. 2006

Desenmascarada la injerencia selenita

Se suele admitir que la humanidad es una especie que se construyó un mundo distinto al de la naturaleza de la que surgió y cada vez más habita ese nuevo mundo: la cultura. Lo mismo ocurre con las sociedades modernas, que por una parte viven sus realidades y tienen sus rasgos, pero por la otra los perciben según el cuento que se cuentan, o que les cuentan quienes están en posesión de las palabras y de los vehículos de la comunicación.
______Ese papel de la cultura trasladado al plano de la sociedad lo desempeña el periodismo, y el desarrollo de las sociedades conduce cada vez más a ensanchar el poder de los periodistas. Así, en Italia el gobernante ha sido durante muchos años el dueño de los periódicos, y en España se dice que el dueño de la gran cadena mediática quita y pone presidentes, y parece que no sólo en España: Evo Morales dijo en una entrevista que el grupo Prisa «parecía su jefe de campaña».
______Todo esto me viene a la cabeza pensando en la increíble tendencia de los colombianos a creer realmente que la guerrilla es algo de los campesinos del Caquetá o del sur del Tolima, cuando no una inexplicable maldición bíblica o una injerencia selenita, y no la expresión de los valores profundos de la sociedad.
______Es que los medios generan esa percepción del mismo modo que consiguieron ocultar el radicalismo casi polpotista del candidato del PDA, para quien la democracia ya no es una forma de elegir a los gobernantes sino un sistema de organización social, a tal punto que para aplicar su noción de democracia habría que suprimir las libertades básicas y el sufragio universal. Ya sé que esto último no lo dice, pero habría que preguntarle —cosa que no hacen los medios colombianos, pues es su hombre— si Cuba es una democracia. Sin la menor duda, daría la misma respuesta de Evo Morales.
______Bueno, hay pruebas de que la guerrilla rural y su conducta terrorista sólo son el efecto que tiene el castrismo, la doctrina hegemónica en la prensa colombiana, allí donde hay menos periodistas y menos riesgos. Basta con que se deje hablar a los colombianos formados en universidades y el tema no les plantee compromisos o conflictos serios para ver que el terrorismo es su verdadera doctrina. A cierta hora la mitad de los comentarios al triunfalista editorial de El Tiempo de ayer sobre la muerte de Al Zarqaui eran de exultante apoyo o justificación de la «insurgencia» iraquí.
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