24 sep. 2012

#EsTiempoDeCambiar


Por @AdasOz


El unanimismo que ha conseguido Santos en torno a la paz fabricada es escalofriante. Desde el mismo instante en que Francisco Santos reveló la información sobre las conversaciones secretas entre el gobierno y las FARC, el presidente se concentró en uniformar la información (más de lo que ya estaba) que se brinda a través de los medios de comunicación a favor de su proyecto de claudicación del Estado: la mal llamada y tan atropellada paz. No en vano, antes de que esta importante noticia fuera revelada, Santos adoptó una actitud cómplice frente a las acciones terroristas de las FARC al decir que “si no existieran los medios de comunicación, no existiría el terrorismo”, o sencillamente minimizando la dimensión de los ataques llamando “idiotas útiles” a todos los que se atreven a publicar información sobre la situación de orden público en las diferentes regiones del país. Ahora, ya revelado su tan preciado secreto, los tentáculos del soborno y de la componenda han llegado tan lejos como Santos ha querido, hasta el punto de sacar de RCN a su propio primo, y ahora con el más reciente escándalo elaborado contra José Obdulio Gaviria, quien en una columna un tanto arriesgada para mi gusto, logró incomodar a los negociadores estrella de la paz: Juan Manuel Santos el primero, por supuesto. La reacción desde la dirección de El Tiempo no se haría esperar, y por supuesto, la del resto de los medios de comunicación que no se atreverían ni remotamente a contradecir al tiranuelo de la Casa de Nariño sino que harían eco ante la indignación del reconocido periódico.

Es así como cada día vemos menos opiniones de oposición frente al escabroso proyecto de claudicación que se preparó durante estos dos años o quizás antes, y la inyección diaria de apaciguamiento, que como el mejor calmante adormila a la opinión pública, está presente durante las 24 horas del día.

El simple hecho de que no se permitiera conocer al país sobre el proceso de paz que adelantó Santos con las FARC debió haber generado un escándalo de amplias proporciones, dado que eso no estaba contemplado en la agenda que se propuso en campaña y por lo tanto no fue el discurso que llevó a Santos a la presidencia. En cambio, los áulicos de las negociaciones que buscan concederle todos sus deseos a las FARC a cambio de nada, salieron entusiasmados a celebrar el magno evento y emprendieron esta vez, una campaña que no sólo amansa sino que adoctrina a la gente a favor del gobierno y sus socios narcoterroristas.

Vemos entonces cómo el Canal Capital, que quedó en manos de un gran defensor de la causa fariana como Hollman Morris, prepara a diario programas en los que se le han abierto micrófonos a terroristas para que den su punto de vista sobre la “paz”. Y es que no hay nada más contradictorio que un terrorista impune dando cátedra sobre paz, pero es que en realidad no es la paz la que está en juego sino la democracia que ya está bastante resquebrajada con el tiranuelo Juan Manuel Santos. Esta es pues, la oportunidad perfecta para ellos difundir su pensamiento totalitario disfrazado con románticas palabras como “amor”, “paz”, “democracia participativa”, “equidad social”, “moral”, “defensa de los derechos humanos”, etc., pues es la forma más eficiente de encantar a un gran número de personas sin hacer mayor esfuerzo. Las puertas en los medios ya las tienen abiertas y ese fue uno de los puntos clave que se negociaron en las mesas de diálogos “exploratorios”.

Como si no fuera suficiente para los terroristas contar con un canal exclusivo para ellos como lo es el Canal Capital, el que por cierto se financia con los recursos públicos de Bogotá, el diario El Tiempo, uno de los más leídos por los colombianos, también sucumbió desde un principio al encanto de la “paz” de Santos. Realmente no es una sorpresa que sea el medio gobernista por excelencia pues para nadie es un secreto que el presidente cuenta todavía con acciones en el periódico. Pero a lo que quiero hacer referencia es a la campaña de unanimismo cómplice con el terrorismo que ha emprendido este medio, ya no sólo mediante sus publicaciones escritas sino a través de la utilización de los siguientes hashtags en Twitter: #EsTiempoDeCambiar, #TiempodePaz y #yoperdonoa.

¿Qué es lo que yo he hecho mal para tener que cambiar mis valores, mi estructura de pensamiento o mi forma de ver la vida sencillamente porque a un puñado de 9000 desadaptados no se les antoja someterse a la ley, y en cambio, buscan dejar sus crímenes en la impunidad para hacerse con una parte del botín e imponer su modelo totalitario en Colombia? ¿Por qué tengo que ser yo quien cambie y no ellos? ¿No son ellos quienes deben cambiar, dejar las armas y aceptar la ley y el orden que dicta la Carta Magna? Es todo un despropósito esa campaña. Ahora  bien, el hashtag #TiempodePaz no es más que un eufemismo que se impone sobre la realidad que vive Colombia. En este momento lo que menos existe es un tiempo de paz pues las FARC y el ELN continúan en su escalada de crímenes, pero los medios y Santos quieren mostrarnos que todo está bien sólo porque a él se le antoja rifar el país con Chávez y Castro. A eso sumémosle la vocería que le han dado al cantante Juanes para que lidere programas a favor de la “paz” fabricada. Por último, está el hashtag #yoperdonoa, con el que se busca prácticamente lo mismo que con el primero y es generar un ambiente dócil hacia los terroristas, en el que se acepte verlos en cargos públicos mejor que en el monte. Así he visto a muchas personas expresarse en Twitter, por ejemplo. ¿Cómo es que pretenden obligarnos a perdonar a las FARC cuando estos no muestran el más mínimo asomo de arrepentimiento ni tampoco están dispuestos a pedir perdón públicamente a todo el país por el daño y sufrimiento causados durante todas estas décadas? Peor aún, cuando han negado públicamente, eso sí, sus crímenes y delitos y ahora se jactan de dar cátedra de moral. Esto, para mí, es inconcebible y es precisamente lo que nos llevará a la decadencia que tanto quisimos evitar en las elecciones de 2010.

Ya no hay marcha atrás, Colombia ha sido rifada vilmente por Santos con su unanimismo que no es más que el inicio de una oscura era totalitaria. No quiero sonar pesimista, pero se vendrán épocas muy duras para el país. La euforia de la paz y la falta de iniciativa nos costarán muy caras, pues la “paz” de Santos no es más que la prolongación de la guerra.



Publicamos en Twitter: (@Ruiz_senior)


Propaganda falaz y burda

Los terroristas llegaron al ejecutivo gracias a la inmadurez política de los colombianos y desde ahí promueven la más descarada campaña de legitimación de sus crímenes, para lo cual se gastan los recursos públicos en pagar la propaganda en los medios que controlan desde hace mucho tiempo. Los terroristas de que hablo no son las guerrillas, que sólo son la tropa que hace el trabajo sucio, sino los totalitarios de Alternativa, que encargan y cobran las proezas de las guerrillas.

Entre las mentiras más descaradas de esa campaña de legitimación está el refuerzo a la leyenda de que hay guerrillas como rebelión de "desposeídos" contra la desigualdad. Presten atención a estas frases del editorial de El Tiempo de hoy: Y todo debe llevar a logros concretos y urgentes, como dejar de ser uno de los países con mayor desigualdad en la repartición de la riqueza. De ahí a la reducción de la pobreza y al aumento de los indicadores de la calidad de vida de las personas es corta la distancia.

Sin hacer caso a la genialidad de que la reducción de la desigualdad causará la reducción de la pobreza, babosada que completa un montón de verborrea sin sentido, llama la atención el hecho de que precisamente las guerrillas y las negociaciones de paz son la principal causa de la desigualdad colombiana. Como se ve en el gráfico, a partir de 1991 el índice Gini empezó a aumentar, dado que los favorecidos con la Constitución acordada con Pablo Escobar no fueron los pobres sino los tradicionales usufructuarios del Estado. Antes y después de esa fecha, los comunistas, socios de las guerrillas, usándolas para intimidar, se apropiaron del Estado a través de los sindicatos, lo que condujo a que la mitad de los empleados estatales en Colombia estén entre el 10% de personas más ricas, cosa que sería inconcebible en cualquier país civilizado.
 
Se trata de la torpe demagogia de siempre, pero con el objeto de legitimar el poder terrorista que hará de Colombia en pocos años un infierno como Cuba, pero sin reducir en absoluto la violencia, ni menos la desigualdad.

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