10 oct. 2012

El fraude implícito

La reacción de muchísimas personas cuando conocieron los resultados de las elecciones en Venezuela me produjo una tremenda sorpresa, seguida de un tremendo desconsuelo. ¿De modo que esperaban que Chávez saliera a reconocer su derrota y a darle la mano humildemente al vencedor? Alguna vez leí una entrevista a un director de cine documental que asegura que en cuanto se pone a cualquier persona corriente a hablar cinco minutos seguidos delante de una cámara se comprueba que está completamente loca. Aunque el caso de la esperanza de superación del chavismo por una victoria electoral en unas elecciones claramente reñidas no hace pensar en la locura sino en algo peor.

Pacientemente he leído muchos argumentos en los que se trata de demostrar que hubo un fraude, cosa que me resulta tan inquietante como la esperanza insatisfecha de ver salir a Chávez avergonzado por haber perdido el fervor popular. ¿Cómo se puede participar en unas elecciones en las que no puede haber evaluación de los votos por los que discrepan del gobierno? Hay algo de la configuración de esos cerebros que me resulta muy oscuro a mí. Me dan ganas de proponerles jugar a cara y sello por internet. Me pagan por Paypal, yo tiro la moneda y les cuento cuál es el resultado. A los más desconfiados les hago un video.

Todavía hay otros que buscan recursos de fraude más sutiles, como si estuvieran delante de un mal gobernante que hace alguna trampita para quedarse en el poder y robar algo con sus amigos. Pero no, no ciertamente porque no roben, sino porque los atropellos del dictador han ido muchísimo más lejos de un fraude electoral y uno se queda pensando cómo entenderán la historia, la sociedad y la política esas personas. Terminarán despreciando a Hitler por el ridículo mechón con que se tapaba la calvicie o acusando a Alfredo Garavito de hurgarse la nariz y comerse su contenido.

Bueno, si Chávez pudiera perder las elecciones por un margen amplio sencillamente las suspendería porque para eso tiene a sus milicias y todo el poder concentrado. Eso le generaría problemas y riesgos, pero ¿quién no juega una carta que de todos modos le puede dar resultados si la alternativa es perder? Huiría hacia adelante y el candidato opositor resultaría acusado de terrorismo como Peña Esclusa, o de cualquier delito parecido, o de pedofilia o cualquier disparate. O un espontáneo lo mataría y obligaría a suspender las elecciones, como hacen sus socios colombianos con los críticos. Acusarían a los paramilitares colombianos, ansiosos de sabotear las elecciones para justificar una agresión del imperio, al tiempo que sacarían a las milicias de que habla Vargas Llosa para intimidar a los responsables del magnicidio.

De modo que el fraude en el conteo de los votos es sencillamente inconcebible porque sería como regalarle a la oposición una prueba que la legitimaría en todo el mundo. ¿Para qué iba a hacer eso? No puedo entender la forma de razonar de los que temen esa posibilidad. Mucho antes de hacer un montaje judicial evidente o encargar un asesinato, Chávez tendría muchas posibilidades de asegurarse la elección comprando votos. Andrés Oppenheimer señalaba en un escrito de 2011 que los ingresos petroleros de Venezuela desde que Chávez está en el poder eran de unos 700.000 millones de dólares. Ante la perspectiva de perder el poder, ¿por qué no se iba a gastar una milésima parte de esa cantidad en comprar votos? Supongamos que invirtiera eso, 700 millones, para ganar la elección. ¡Estaría pagando 700 dólares por cada voto para conseguir un millón! Dudo mucho que tuviera que gastar tanto. Un millón de votos directamente comprados le habrían costado más bien una décima parte de esa cantidad, una diezmilésima parte de lo que ha ingresado Venezuela desde que él llegó al poder.

Claro que respecto de los colombianos yo siempre estoy preparado para escuchar cualquier réplica. Como Diógenes salía con una lámpara buscando hombres honestos para indicar que no los había, así uno necesita estar siempre previendo la muestra más increíble de mala fe, a la que siempre acompaña la ignorancia. No faltará el que siente su voz de protesta por esa transgresión a la ley, como suponiendo que Chávez es un demócrata del que se puede discrepar pero que en último caso se avendrá a razones. ¿Nadie les ha dicho que realmente no hay ningún control de los gastos del gobierno venezolano? Claro que hay burocracia, como en Colombia, pero nadie puede decir dónde está cada dólar de los que ingresa el gobierno, por no hablar de que el dinero podría provenir de otros gobiernos o de las organizaciones de traficantes de cocaína protegidas por Chávez. ¿Alguien controla realmente las exportaciones de petróleo a países amigos?

Pero ojo, yo no estoy diciendo que Chávez haya comprado los votos, basta con pensar en las encuestas para ver que realmente no hubo nunca una mayoría clara que apoyara a Capriles. Había una tendencia en los últimos días, pero para que las encuestas representen a una sociedad tendría que haber verdaderas libertades y control de los recursos. Las encuestas reflejan la opinión, por ejemplo en un edificio de clase media baja hay diez familias, pongamos con 40 posibles votantes. El encuestador escoge al azar una casa, en la que el marido votará por Capriles, como otros cinco de los maridos, mientras que de las esposas sólo cuatro votarán por Capriles. Los demás posibles votantes son menos entusiastas, pero suponiendo que los jefes de familia sean gente de cincuenta años, siempre estarán más prestos a contestar. Al seleccionar la casa al azar sale una posibilidad más alta de que voten por Capriles, y hay que contar que los apolíticos no contestan. Pero en la casa del único paniaguado de ese edificio todos votarán por Chávez, y arrastrarán a votar a otros parientes, amigos, etc. El amigo que se ve presionado el día de la elección y finalmente vota por Chávez no contestó en la encuesta que votaría por Chávez, ni siquiera la contestó. Al final en el edificio la encuesta tiene un 60 % de probabilidad de ser favorable a Capriles, pero el día de la elección, de los 40 votan 30, 20 por Chávez. ¿Habrá quien se dé cuenta de que según señala Vargas Llosa PDVSA pasó de 32.000 empleados en 1998 a 105.000 ahora, para producir un millón menos de barriles? Así es todo el Estado. Son millones de empleados cuyo verdadero trabajo es el activismo chavista.

La victoria de Chávez era una obviedad y así se lo hice saber en privado por ejemplo a Jorge Monroy. Aunque las encuestas le hubieran dado claramente 5 puntos de ventaja a Capriles, siempre quedaría el efecto de las presiones de los paniaguados. Pero es que no hubo tal ventaja, al contrario, la mayor parte del tiempo hubo ventaja de Chávez. Para que la inversión de cientos de millones de dólares en compra de votos hubiera sido necesaria, harían falta muchos más puntos de ventaja de Capriles. Tampoco estoy diciendo que no haya habido tal cosa, sólo que era obvio que Chávez no estaría hoy haciendo su maleta para pensionarse. Lo ha dicho repetidas veces, se morirá en el cargo.

Y lo que no quieren entender es que Chávez cuenta con mucho apoyo. Realmente expresa los valores profundos del país, cuyos ciudadanos siempre se han sentido menospreciados por los europeos y norteamericanos pese a que podían comprar los mismos bienes que ellos y a que muchos italianos, españoles y portugueses iban a su país a prosperar. La reducción de la pobreza es innegable, y el control de los medios que llegan a las mayorías humildes hace que la gente sea impermeable a las razones de los críticos. Al venezolano del barrio, del rancho, etc., no lo convencen, por razonables que nos parezcan, unos políticos que quieren sacar a su protector, el que los atiende y los halaga. Y ciertamente no entiende que la inflación es el resultado de imprimir demasiados billetes y no de la perversidad de los tenderos y fabricantes.

La oposición tiene algunas bazas potentes, como el rechazo a la dominación cubana o al tráfico de cocaína, pero lo que es la mentalidad típica del venezolano la encarna mejor Chávez, y es que no confundirse con esa clase de riqueza requeriría sociedades mucho más maduras. Un señor que se gane el Baloto puede convertirse en un empresario respetable y proveer honra a su familia, pero lo más probable es que se dedique a pagarse placeres con ese dinero y termine degenerando mucho antes que cuando era pobre. Hay países avanzados que exportan grandes cantidades de recursos naturales, como Noruega, Canadá o Australia: son la excepción, la norma es que en las naciones ricas sin esfuerzo ni desarrollo previos reinen la rapiña y la violencia, sin que haya verdaderas esperanzas de cambiar eso en el corto plazo. La cuarta república fue sólo el prólogo del chavismo. Y nunca tuvo tanto dinero.

Dos enseñanzas muy importantes, desde mi punto de vista. La primera es que teniendo en cuenta que el chavismo no se irá por las buenas ni con una mitad de la opinión en contra, la campaña de Capriles se puede considerar un gran éxito. Consiguió casi seis millones y medio de votos y movilizó a cientos de miles de manifestantes. Es el germen de una resistencia sólida contra la dictadura, ojalá consiga mantener agrupados a los antichavistas. Ojalá salgan del ensueño idiota de creer que viven en una democracia que se extravía y que basta con que ellos opinen y voten para que se vaya el tirano. La mayoría que permitirá acabar con el chavismo tiene que ampliarse, para lo que falta una dilatada labor de pedagogía, denuncia, organización, etc. El antichavismo no ha perdido nada que pudiera realmente ganar, otra cosa es soñar.

La otra enseñanza tiene que ver con Colombia: eso mismo pasará en las elecciones de 2014. Es decir, que podría haber una buena mitad de ciudadanos hartos de Santos, pero ni remotamente impedirán que el socio de las FARC gane en primera vuelta, debido a las lealtades que el petróleo y las demás riquezas naturales producen. Bueno, esta frase no es afortunada: lo que quiero decir es que Santos ganaría en primera vuelta AUNQUE hubiera una mayoría de opinión en contra de su régimen. Ciertamente no la hay ni la habrá. Más ilusos que todos los engañados de que he hablado en este post son los que creen que lo será el uribismo. Los enemigos de Uribe en 2010 resultan hoy personas respetabilísimas comparadas con los líderes de los partidos "uribistas", como el presidente de la Cámara de representantes (ver video bloqueado en YouTube y Vimeo, donde se lo oye diciendo que es mejor tener a Timochenko en el Congreso que repartiendo bala), o como el fiscal del que decía José Obdulio Gaviria que con él volvía el derecho (que tranquilamente invoca el ¡derecho a la paz! como algo superior al deber de castigar los crímenes contra la humanidad). De hecho, casi todos los uribistas de relieve son partidarios de negociar las leyes con las FARC. Casi el único que no se ha mostrado a favor de los diálogos es el propio Uribe, que sigue apegado a Martha Lucía Ramírez o a Juan Carlos Vélez como hace unos meses estaba apegado a Roy Barreras.

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