22 nov. 2012

El MOIR uribista


Por @Ruiz_senior

Me ha divertido y desconcertado un documento aparecido en la página del Centro de Pensamiento Primero Colombia titulado:
Declaración de apoyo a Uribe y contra el “Proceso de Paz”, Nueva Democracia Moirista 
La cuestión es tremenda, resulta que hay una facción del MOIR que es perfectamente uribista, la clase de sectores que el "Puro Centro Democrático" intenta asimilar junto con los pastranistas, los ultraderechistas, los de Cambio Radical y quién sabe cuántos más.

No voy a citar el texto, aunque vale la pena leerlo. Sólo comentaré la cita con que empieza y su impacto en el resto del escrito:
“Atravesamos un período histórico en el cual la inversión de valores parece ser el sello característico. Quienes pontifican sobre la revolución reviven con sus actos arbitrarios los crueles expedientes propios de la época colonial, y quienes siguen fieles a las formas civilizadas de la organización social burguesa pueden aún hacer valiosos aportes a la grandeza del país “(Francisco Mosquera, Resistencia civil, pág. 389)
El autor del párrafo es el fundador del MOIR, muerto en 1994. El texto corresponde a un viejo planteamiento maoísta, que ante el enfrentamiento a muerte con los prosoviéticos prefería aliarse con la "burguesía nacional". Los "aportes valiosos" a la "grandeza del país" que pueden hacer "quienes siguen fieles a las formas civilizadas de la organización social burguesa" se entiende sólo con ese adverbio tan expresivo y preciso: aún.

Esas tres letricas muestran el profundo disparate que es el moirismo uribista. "Aún" quiere decir "antes de la revolución", pues para los marxistas existe una fatalidad en la historia, según la cual los "modos de producción" siguen un ciclo que siempre conduce al comunismo: comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo (dictadura del proletariado) y comunismo (sociedad sin clases).

Los de la "Nueva Democracia Moirista" pretenden legitimar su abandono de la disciplina de esa organización comunista en palabras del líder muerto, gracias a lo cual desautorizan a los que siguen con el Polo Democrático y apoyan la negociación de Santos con las FARC.

Pero el despropósito es tremendo y lo único que exhala ese documento es oportunismo y mendacidad. No porque sus autores provengan del MOIR, porque en alguna parte se inicia la gente en la política, sino porque la relación con un movimiento como ése debería romperse de cuajo.

El origen del MOIR fue el conflicto chino-soviético que estalló a finales de los años cincuenta y que dividió a los partidos comunistas en todo el mundo. Se trataba del enfrentamiento entre dos nomenklaturas imperiales, pero su pretexto era la ortodoxia ideológica: a los líderes del Partido Comunista Chino les molestó que Nikita Jruschov denunciara los crímenes de Stalin en 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, y ahí encontraron el pretexto para rebelarse contra sus antiguos jefes.

En todas partes los maoístas o pro-chinos denunciaban el "revisionismo" soviético y de sus sucursales. ¿En qué consistía ese "revisionismo"? En renunciar a la toma rápida del poder en los países en que no lo tenían, en permitir libertades donde sí lo tenían (muchas más en la URSS de los años sesenta que en la China del Gran Salto Adelante y la Revolución cultural), en apartarse en fin de la ortodoxia de Stalin.

En Colombia la primera expresión del maoísmo fue el MOEC, del que surgiría el MOIR. Es verdad que nunca tuvieron guerrillas, pero no porque en caso de llegar a tomar el poder fueran a ser menos totalitarios que los comunistas prosoviéticos, sino porque, según la ortodoxia (también Lenin, hermano de un terrorista condenado a muerte, se oponía al terrorismo) la rebelión debería partir de un gran partido de clase.

El MOIR respaldó durante muchas décadas al régimen criminal de Mao y al no menos siniestro de Enver Hoxha en Albania. Tratar de encontrar en ese prontuario una raíz democrática es un despropósito.

Dicen que muchos de los acompañantes de Uribe provienen del MOIR. Sería deseable para su propio porvenir que explicaran que han roto con esa tradición y que no están aprovechando el conflicto con el chavismo para preparar la revolución a su manera. ¿Será eso un engaño para sus militantes, que no aceptarán volverse anticomunistas de repente? Muy mal también así: el comunismo en todas sus variantes es un crimen y no se lo puede tratar con indulgencia por haberlo profesado.

No se trata del pasado de las personas. El vicepresidente Angelino Garzón dirigía las FARC desde el Comité Central del Partido Comunista (la relación era pública, al respecto se puede leer la cita de Gilberto Vieira en el texto de los moiristas) y era el jefe, tanto en ese órgano de dirección como en la vicepresidencia de la Unión Patriótica, de Raúl Reyes e Iván Márquez. Ni siquiera ese pasado es suficiente acusación contra él, otra cosa es que siga siendo parte de la organización terrorista y en sus mismos coqueteos con Uribe aplique un guión fariano: ¡qué casualidad que fuera el mismo que propuso despejar Pradera y Florida! Todo lo que ha hecho como vicepresidente es perfectamente compatible con el activismo fariano.

Lo mismo se puede decir del pasado de los moiristas: no importa, pero no se puede andar reivindicando el pasado maoísta y de entusiasmo con el régimen de Pol Pot (la "Kampuchea Democrática"). La impresión que deja eso es que unos náufragos convertidos en logia o cofradía intentan conservar las lealtades personales en un campo político con más futuro.

Quien quiera defender la democracia en Colombia tiene que pensar en hacerle frente a la poderosa tradición ideológica comunista. No reforzarla y justificarla para no parecer "extrema derecha" (que es el otro motivo aparente de la alianza con estos maoístas).

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