28 ene. 2013

Oportunidades


Por @Ruiz_senior
Hacia 2001, la presión del Ministerio de la Verdad para que la gente tolerara los crímenes crecientes de los terroristas era igual que ahora, o si se quiere peor, ya que había muchos más crímenes. Y no obstante, la minoría descrita por el propio Pastrana como "la extrema derecha" se resistió y a partir de un acto conjunto con Londoño empezó a avanzar la candidatura de Uribe, siempre calumniada por todos los que ahora se aferran a lo que ocurrió dentro de su gobierno para hacer concebir a sus afines y adoctrinados un paraíso previo. Al que le interese el dato le recuerdo que según mis cálculos de la época durante el periodo de campaña electoral de 2002 la aparición de Uribe en El Tiempo, que entonces dirigía Enrique Santos Calderón, fue ocho veces menor que la de Garzón, que a la postre obtuvo ocho veces menos votos.

Pasamos por un momento muy parecido, y no es que haya el menor atisbo de indignación con los crímenes terroristas ni menos con la determinación del gobierno de premiarlos. A tanto no se llega: la idea de la propaganda terrorista, que ahora es la misma propaganda gubernamental, de que tratar de aplicar las leyes es encender el país, ha hecho mella porque además del refuerzo de los recursos públicos que pagan la pauta publicitaria, quienes la promueven tienen el refuerzo de décadas de "capacitación para el sometimiento" impartida por Fecode y el hampa terrorista de las universidades. Estos sectores conforman el verdadero "grueso" del frente terrorista, siendo las FARC y el ELN simplemente bandas de sicarios que hacen el trabajo sucio.

Pero el momento se parece en que dentro de un año habrá campaña electoral y la decisión de apoyar la negociación de La Habana o denunciarla describirá a cada candidato y a cada votante. Es decir, siendo tan probable que la apuesta terrorista degenere en una escalada de los crímenes, habrá muchos que se opongan a los diálogos cuando el rechazo popular sea evidente, o cuando se vea que los que quemaron vivo a un campesino en la zona despejada por resistirse a entregar a los hijos para convertirlos en asesinos son los nuevos modelos de la sociedad, como ya lo son Gustavo Petro, León Valencia, Angelino Garzón y Sigifredo López, criminales perfectamente capaces de eso y de mucho más.

Pero será demasiado tarde porque todo el mundo se preguntará qué hacían los aspirantes a cargos de elección mientras el segundo Caguán avanzaba, o mientras se convertía a una banda opresora en triunfadora a pesar de los golpes del ejército y la policía, sólo por las conjuras de la camarilla del presidente y otros sectores que pasaban por encima de la voluntad ciudadana. Es decir, en este momento cada persona decide si acepta un futuro en el que los chavistas tendrán la hegemonía y dominarán todo el Estado, más allá de lo que ya dominan el poder judicial y la función pública, o si se plantea que se debe cambiar la política para hacer una democracia homologable.

No es una responsabilidad pequeña. Uno da por sentado que todos los que militaban en el  antiuribismo de la década pasada eran socios de Teodora e Iván Cepeda, pero más bien no tomaban partido y permitían que los atropellos de la prensa y los jueces golpearan al uribismo porque les parecía que contenía a un enemigo. ¿Cuándo se darán cuenta de que lo que han pretendido siempre los dueños de la prensa es un régimen como el cubano, aunque refrendado por elecciones, pero de hegemonía de una conjura oligárquica y con un Estado sometido a ella? 

No será creíble un demócrata que ahora no le haga frente a Santos y al régimen habanero (es decir, a la autoridad efectiva, que es el gobierno junto con los terroristas, con los que acuerda el futuro del país en La Habana). Y ese demócrata no puede salir del uribismo porque el uribismo perdió autoridad en estos dos años de doble juego con los partidos de la Unidad Nacional, de "buenos términos" con políticos que no condenan la negociación ni menos a los partidos que sostienen a Santos, al tiempo que busca pretextos de oposición a cuál más grotesco.

Claro que me dirán que eso es sólo una opinión mía, pero ya se verá que la campaña de persecución contra el uribismo de la prensa y el poder judicial dará resultado ya que no se le responde con propuestas de quien aspira a representar a los ciudadanos, sino de quien busca no perder influencia dentro del poder establecido; no de quien defiende unos valores o principios, sino de quien maneja lealtades y gestos.

¿Que nadie lo hará? Es posible, pero no quedará un comentarista que merezca respeto, que no haya quedado como un miserable que sirve a un régimen criminal a cambio de prebendas, o que aun no teniéndolas no se atreve a alzar la voz para no echarse enemigos poderosos, perder lealtades o quedar dentro de una minoría irrisoria. La historia está llena de personajes de ese estilo, y sin duda lo serán la inmensa mayoría en Colombia, lo que no tengo claro todavía es si serán todos.

(Todo esto se me ocurre porque tras insultar en un tweet a un personaje próximo al mockusianismo que enlazaba un editorial de Arcadia [entendiendo que recomendaba su lectura por compartir esas ideas] me di cuenta por sus respuestas de que no, de que realmente entendía el juego perverso de la señora Ponsford, dama elegante que cumple encargos del dueño y el director de Semana. A lo mejor llega el día en que los personajes como éste aceptan que todas las cosas que discutíamos hace siete u ocho años sobre las intenciones de la oligarquía bipartidista, sobre el verdadero significado sociológico del comunismo en Colombia, sobre la naturaleza de las guerrillas y sus protectores políticos, etc., no son como ellos las concebían.)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es interesante. Hoy en una entrevista del Tiempo, Robledo mencionó que Petro y Garzón hacen parte de la derecha ¨Santista-Uribista¨. ¿Otra satánica conspiración de las izquierdas para desinformarnos?

Ruiz_Senior dijo...

Anónimo 2.53 PM No creo que ninguno de ésos sean "izquierda", sólo son criminales que se lucran del poder de la cocaína. Robledo pretende ser el redentor del país por el camino del maoísmo, puede que resulte peor que Santos.