23 ene. 2013

Mi bando

Por @Ruiz_senior

Aquellos que pretenden ejercer la oposición contra el gobierno de Santos y por eso se suman a las campañas de los falsos ecologistas que tratan de impedir que se construya un hotel en el Tayrona, supuesto desmán del que culpan al gobierno sin que quede claro qué es lo que tiene de malo, y acompañando en eso las campañas del Agitprop chavista (interesadísimo en hacer pasar como la cosa más natural del mundo que nadie diga nada porque se negocien las leyes con unos asesinos pero sí esté la conciencia ciudadana alerta por eso), NO SON DE MI BANDO, no quiero tener nada que ver con ellos ni comparto en absoluto el rechazo a ese hotel ni menos la menor solidaridad con las hordas de mercenarios y adoctrinados que inundan las redes sociales de indignación pagada y exhibicionismo moral idiota.

Más o menos las mismas personas colaboran con las mismas campañas para impedir que una empresa de minería que está sometida a las leyes y siempre se puede evaluar explote el oro del páramo de Santurbán. El que NUNCA en las redes sociales, ni tampoco en la prensa, NADIE proponga nada para que se contenga la minería ilegal, deja ver que al final se trata para los mercenarios "indignados" y el lumpen de las narconovelas de sacar competidores para que sus financiadores puedan explotarlas y contaminar mucho más. Los cómplices de esas campañas, que también distraen del atroz golpe de Estado de Santos y sus terroristas, NO SON DE MI BANDO y los considero parte de una amplia facción hostil y profundamente dañinos.

Lo mismo puedo decir de los que agitan banderas espurias como el rechazo a la idea de quitar tres ceros al peso para facilitar las transacciones. Es un ridículo pretexto de oposición que nunca tiene en cuenta las opiniones de los expertos sobre la sensatez de la medida, sino que, como con todos los aspectos típicos de esa política mezquina y degradada, esperan soliviantar descontentos contra Santos pero sólo ayudan a "naturalizar" la infame componenda del gobierno con los terroristas. Esos activistas oportunistas NO SON DE MI BANDO y nunca vacilaré en denunciarlos.

Lo mismo puedo decir de los enemigos de la reforma tributaria. Desde que presto atención a la prensa colombiana he sentido verdadera fascinación por la mentalidad que hay detrás de la parafiscalidad sobre la nómina, algo inconcebible en cualquier país civilizado. Una iniquidad que multiplica el impacto de cualquier aumento de salarios que una empresa pretenda hacer, en beneficio del Estado parasitario,  y al mismo tiempo encarece la contratación y genera desempleo. Lo mismo podría decir de la tributación, otro monumento a la injusticia, otro atropello contra todo aquel que produce. Incluso hace ya siete años publiqué un artículo comentando esos rasgos de la tributación colombiana. ¡Pues cuando se intenta remediar siquiera tímidamente esos desafueros, aparecen los opositores denunciando la reforma! Y resueltamente esos opositores NO SON DE MI BANDO y no buscan que Colombia se asimile al mundo moderno sino que defienden sus deformidades.

Lo mismo puedo decir de la borrachera patriotera originada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el mar de San Andrés, fallo que le concedió a Colombia sus derechos sobre todas las islas y cayos y aun sobre amplias áreas que está dentro del mar territorial nicaragüense, según una doctrina de la CIJ que es coherente, constante y clara. De nuevo los opositores al gobierno pretenden soliviantar descontentos con el más ruin de los recursos de la política, y debo proclamar con toda firmeza que esas personas NO SON DE MI BANDO, y que el fomento de pasiones nacionalistas sólo servirá para promover el peor conformismo: el que conduce a hacer de Petro un gobernante tolerable para no hallarle defectos terribles a la patria amada, exactamente como ocurre en Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, donde los violadores de la facción política de Evo Morales siempre se pueden envolver en la bandera.

Hay personas ingenuas y con dificultades para acceder a la información a las que los medios de "comunicación" consiguieron manipular para "venderles" el melodrama de la inocencia de Sigifredo López, pero ése no es el caso de los políticos y periodistas informados, que prefirieron respaldar la versión de la Fiscalía para no quedar en minoría y no desagradar a gente a la que sería muy difícil convencer de lo obvio y no resultar haciéndole competencia al Gran Poder Mediático. Esas personas no sólo NO SON DE MI BANDO, sino que las encuentro completamente despreciables e indignas de ejercer la política o el periodismo.

Son seis situaciones, cinco de absurda oposición y uno de repulsiva complicidad con el crimen más perverso que se ha cometido en Colombia desde el asalto al Palacio de Justicia, que dejan ver algo claro: una política vulgar y mezquina, orientada más por cálculos de componendas con los poderosos y control de clientelas leales que de defensa honrada de valores y propuestas. Se preguntará el lector, ¿por qué habiendo algo tan claro como un golpe de Estado y una rendición de las autoridades ante una banda de asesinos, hace falta buscar descontentos y ridículos pretextos de oposición? Primero, porque quien manda siempre en última instancia es la opinión pública, y en Colombia esa opinión le resulta a Santos y sus socios terroristas fácil de manipular, y segundo porque, como corolario de lo anterior, quien denunciara claramente el carácter criminal de la negociación estaría expuesto a la persecución de los medios y a la condición de minoría, lo que determina que casi ningún político se oponga con firmeza a la negociación.

Bueno, se dirá que aun las minorías pueden interesar a los políticos, pero en Colombia todo pasa a través de las redes de corruptelas que son los partidos, de modo que el político que denunciara los diálogos quedaría excluido de la influencia para conseguir nombramientos para sus clientes, y en últimas marginado. De ese modo, la oposición barata termina acusando el fenómeno que he denunciado tantas veces del Déficit de civismo, no sólo como consecuencia (ya que la indolencia general la fuerza a olvidar lo importante) sino como algo que lleva dentro de sí: a lo mejor el descontento amenaza la reelección de Santos y la gente vota por los motivos más peregrinos por otros candidatos. Pero eso sin la menor duda favorecerá a los que disponen de grandes recursos y gran influencia en los medios. De hecho, ¿nadie se ha puesto a pensar que la candidatura de William Vinasco en 2007 tenía por objeto, otra vez, impedir un triunfo de Peñalosa y sobre todo permitírselo al Polo Democrático, que siempre recibiría ayudas generosas de los ángeles revolucionarios de la hoy opaca Kidnapping Corporation y del gobierno venezolano?

Para entender esa situación los invito a analizar esta encuesta. Ninguno de los candidatos ha propuesto deslegitimar la negociación de La Habana y se podría decir que todos la han apoyado en distinta medida (el que menos NO ha propuesto denunciarla rotundamente). La exministra Martha Lucía Ramírez se ha quejado de que la representación femenina sea insuficiente. El señador Juan Carlos Vélez Uribe ha aplaudido al equipo negociador del gobierno y lamentado que se negocie sin una tregua. El exministro Óscar Iván Zuluaga encuentra "prematura" la negociación y un año después de la posesión de Santos elogiaba su gobierno. Francisco Santos Calderón también apoya la negociación. No sé qué dirán Carlos Holmes Trujillo o Luis Alfredo Ramos, pero estoy seguro de que no están dispuestos a denunciar al gobierno como una banda de criminales. José Félix Lafaurie ha sido el único que ha denunciado la negociación, pero ni lo apoyará Uribe ni ganaría las elecciones aunque lo apoyara.

Sencillamente, como ocurre desde que le entregó la presidencia a Santos, Uribe trata de conservar poder a través de los partidos próximos al gobierno y sus críticas deben entenderse como "constructivas",  por eso ni siquiera tuvo un gesto de apoyo al cacerolazo contra Santos ni menos denunció la maquinación perversa de las candidaturas inviables de Parody, Luna y Galán en las elecciones de 2011, en la que no ejerció ni remotamente la oposición a Santos. Por esos cálculos TAMPOCO se distanciará de los políticos con los que conserva relaciones personales, como Juan Lozano, por mucho que cada vez más se muestren como aliados del terrorismo. Lo que mueve sus políticas son otros cálculos y por eso sus seguidores agitan cualquier pretexto de descontento.
Colombia necesita superar esa clase de política. Dejar atrás la idea de los partidos como redes de corruptelas y asimilarse a una democracia moderna. La oposición a la Unidad Nacional no debe contar con el señor Uribe, que seguirá apegado a esos partidos y en realidad encauzando el descontento para resultar influyente pero no para impedir una negociación que acepta rezongando. Esa oposición por tanto será en principio minoritaria, pero me gustaría que alguno de los que genuinamente se oponen a la negociación me explicara si no era algo que discutíamos hace dos años si había que romper con todas esas componendas y lambonerías, y si el resultado no ha sido un avance incesante de los terroristas y sus nuevos socios.

Todo el Congreso elegido en 2010 apoya la negociación. No se puede negar la influencia del señor Uribe en la conformación de las listas, así como en la designación de Santos. La lógica de sus seguidores, en su mayoría indistinguibles de los franquistas españoles, a los que conozco y descifro con facilidad, es que el gran timonel fue traicionado por todos los que ayudó a elegir, como si algún conjuro mágico convirtiera en desalmados a todos los que antes eran ejemplares ciudadanos. Y hace falta un medio muy primitivo y torpe para que después de hacernos elegir a semejante caterva de hampones le salgamos a deber.

Dirá el lector que a fin de cuentas yo no soy más que un pendejo anónimo. Y tendrá toda la razón: no hablo en nombre de nadie ni pretendo representar a nadie más que a mí mismo, de lo que hablo es de la verdad. Desde mi punto de vista el ser insignificante me honra, porque a fin de cuentas en términos de razón nadie discute lo que digo con nada más que sus razones emotivas o su pereza mental. Queda poco tiempo para que se publique la lista de candidatos uribistas al Senado y se verá que predominan los mismos políticos de siempre, que ninguno denunciará como un crimen la manguala de La Habana y que encontrarán pretextos para seguir perteneciendo a los partidos de la Unidad Nacional. Bueno, sólo expreso una opinión, nadie que pertenezca a esos partidos o les guarde alguna lealtad puede ser de mi bando y todos los que sí pertenecen a ellos y les guardan lealtad son lacras de la sociedad a los que se debe combatir como a los terroristas con los que hoy se reparten el país.

1 comentario:

HENJHA CABEDI dijo...

Totalmente de acuerdo; la rascada a veces no tiene nada que ver con la piquiña. A Navarro le pica la pierna artificial.