4 feb. 2013

Rechazos oportunistas



Por @AdasOz

Como era de esperarse, este año las FARC han arreciado sus ataques terroristas y no es porque hayan en realidad cumplido la tregua navideña que anunciaron en diciembre pasado, y entonces ahora han vuelto a atacar, no. Como todo lo de las FARC, la tregua fue una farsa, pero ahora, que se definen las candidaturas presidenciales y que la relección de Juan Manuel Santos depende de la negociación en La Habana, incrementarán sus ataques terroristas, se derramará mucha más sangre en toda Colombia y seguirán cometiendo crímenes de lesa humanidad, porque saben que así doblegarán al país que se encuentra ya en sus manos pues sus crímenes quedarán en la impunidad total.

Lo anterior no sorprende, así como tampoco despierta sorpresas la actitud pasiva y cómplice de Juan Manuel Santos, quien se niega a dar la cara tras los atentados o secuestros y en su lugar pone a Humberto de la Calle como interlocutor de su indigno cogobierno con el terrorismo a decir bravuconadas en los medios.

Lo realmente sorprendente en todo este indigno proceso de claudicación y de entrega absoluta al narcoterrorismo castro-chavista, es que en Colombia no haya un rechazo real, claro y contundente frente a éste. Lo que percibo, y puede que peque por inocente, es que la posición de la “oposición” (que realmente no lo es) frente al cogobierno Santos-FARC es bien de conformismo o de conveniencia, y por esa razón ni se opone a la Unidad Nacional ni tampoco va más allá de la crítica constructiva.

Para explicar mejor la crítica constructiva de los “opositores”, pondré de ejemplo un trino que escribió la semana pasada el senador Juan Carlos Vélez en el que dice lo siguiente:

Insisto! El Gobierno debe suspender los diálogos de paz hasta que liberen a los dos policías secuestrados por las FARC.”

¿Así que si las FARC liberan a los policías secuestrados los mal llamados diálogos deben continuar? ¿Si las FARC dejan de matar, secuestrar y traficar droga, entonces sentarse a dialogar con los eternos victimarios de los colombianos es válido? Al parecer sí lo es, pues nadie en la “oposición” habla con contundencia contra los diálogos de La Habana. Nadie cuestiona el hecho de que Santos ordenó y facilitó la huida de los principales cabecillas terroristas hacia un lugar seguro donde no los capturaran jamás. Parece que los diálogos no son un asunto de fondo sino de forma, así que todos, tal como lo hace el senador Vélez, opinan sobre cómo debería llevarse a cabo la inminente claudicación y como dije antes, nadie se opone a la Unidad Nacional. Por eso no ha habido rompimiento con la U ni con ningún otro partido. Todos parecen estar conformes con la componenda santista y se sientan a confeccionarla según les convenga. 

Lo más preocupante es que la gente que está esperanzada en un cambio, por fidelidad o lambonería, no se atreve a criticar ni mucho menos a cuestionar la actitud complaciente de sus líderes. Por el contrario, creen que hacerlo es inconveniente para sus líderes y prefieren seguirles la corriente. El error es que si no se les exige, es muy probable que nunca rectifiquen y continúen en el juego peligroso de Santos, que no es otro sino el de usarlos para su propia relección. Por esta razón he sido escéptica cuando me han dicho que el error de elegir a Santos no se comete dos veces y que las urnas tienen memoria. Personalmente pienso que tal como están las cosas, es muy probable que salga reelegido. 

Preguntaba a alguien el otro día: ¿Acaso no es suficientemente repudiable el hecho de que un gobierno, cualquiera que sea, se siente a negociar la economía del país con terroristas? ¿Acaso no han sido infinitas las demostraciones de las FARC de no querer una paz verdadera sino de imponernos el terror? Entonces ¿para qué negociar por ellos? ¿No han sido suficientes las víctimas del terrorismo como para cederles terreno mediático y político? Las dos respuestas de una verdadera oposición que yo esperaría serían: rompimiento total con la Unidad Nacional porque la oposición real se hace desde fuera, y una posición clara que consista única y exclusivamente a la de someter a la justicia a los terroristas.

Un cambio de actitud frente a los líderes de la “oposición” haría mucho, pero no estoy muy segura de que los votantes estén dispuestos a hacerlo en su carrera a veces hasta desesperada por ganarse las simpatías de aquellos a quienes admiran.



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