7 ago. 2013

Del Polo Democrático al Centro Democrático

Por @Ruiz_senior

Aparte de la plasticidad semántica, otro vicio colombiano es el clasismo, esa disposición a separar a la gente entre los que tienen ideales y los que sólo tienen intereses, entre los intelectuales y los mafiosos, entre los que matan para enriquecerse y los que matan para que la gente viva mejor. No es raro que para los jefes de las FARC sea tan importante proclamar que ellos no son "narcotraficantes". No es que pretendan que alguien les crea que no negocian con drogas, sino que quieren transmitir la idea de que son revolucionarios. Terrible problema, para la mayoría de los colombianos, al menos para la mayoría de los que emiten opiniones en internet, ser revolucionario es algo honroso, ciertamente mucho mejor que ser "narcotraficante" (a la hora de juzgar, claro, a la hora de obrar cambia todo rotundamente: las formas más burdas del consumismo acompañan esa graciosa disposición, como encarnando los aspectos más ásperos de la mentalidad de los castellanos viejos). La rebeldía contra el orden social injusto es como la marca más exclusiva a que se puede aspirar, y por lo demás requiere un buen nivel de renta para profesarse alegremente.

Por efecto de ese vicio es muy difícil que acepten que las FARC tienen muchísimos partidarios y que representan a un sector sociopolítico que es el decisivo desde hace medio siglo en el país. Por ejemplo, las expresiones como "Las FARC no son el único problema que tiene el país" son típicas de esos partidarios, así como la urgencia por la paz, que no consiste en que los asesinos desistan y respeten la democracia, sino en que se premien sus crímenes, cada vez más numerosos y atroces.

Claro que no son el único problema que tiene el país. Esos mismos partidarios son un problema mayor, aunque no tan terrible como los que creen que son "narcotraficantes" y no tienen partidarios. La primera forma de la "paz" que buscan los representantes de Santos en La Habana ya se logra en las ciudades: la negativa de la gente a echarse enemigos entre los superiores sociales que aplauden a Santos por mucho que se vea un proyecto monstruoso de entregarle el país a los peores asesinos. Siempre son parientes, vecinos o amigos mejor situados ("trabajadores al servicio del Estado") y muy sensibles ante las expresiones de "fachos" o "paramilitares" que creen que los criminales deberían ir a prisión.

Pero si se habla de los problemas del país, más allá de las claudicaciones, frivolidades y cobardías de la mayoría, es muy característica la inmadurez política. Tras el asesinato del caudillo fascistoide Jorge Eliécer Gaitán el Partido Liberal pasó a ser controlado por la oligarquía que ascendió al poder en los años treinta, y que tiene mucho que ver con el avance del Partido Comunista y de sus fuerzas de choque. Esa oligarquía se fue pudriendo en sus vicios clientelistas y llevó a ese partido a lo que es hoy: una camarilla de malhechores que forcejean por los intereses de las FARC y otras organizaciones de traficantes de cocaína. El Partido Conservador tuvo una suerte parecida, también por efecto del clientelismo y de la asociación de Belisario Betancur y después de Andrés Pastrana con los terroristas. 

El único partido coherente es el comunista, y eso simplemente porque siendo maldad organizada ha encontrado un terreno abonado: los negocios ilegales le proveen recursos para controlar el Estado en continuo acuerdo con los grupos oligárquicos, asegurando el mando y las rentas para sus clientelas y para sus dirigentes.

Si a eso se añade el cortoplacismo y la confusión generalizada, se llega al punto en que no hay partidos políticos que hagan frente a las amenazas a la democracia. La popularidad que alcanzó Uribe cuando la mayoría de la gente se hartó de los terroristas y lo eligió en 2002, y posteriormente con los éxitos de su gobierno, sólo sirvió para que sus seguidores instauraran una especie de "culto de la personalidad" y trataran de convertirlo en gobernante vitalicio. El cambio de rumbo de Santos y su evidente alianza con el chavismo y las FARC no fueron suficiente motivo para que se pidiera al Gran Timonel apartarse del embeleco que habían creado como "partido" para sostener sus tesis y que no fue más que la armazón que permitió a Santos elegir a sus "fichas" para el Congreso y el Senado: lo que contaba eran las alianzas con los que podían influir en nombramientos y contratos. Por eso todos los líderes uribistas defendieron al infame gobierno de Santos durante más de dos años, a pesar de la persecución.

Un partido político es la articulación de un ideario bajo una disciplina y un plan de acción. Cuando no existe nada de eso la política empieza a carecer de contenido y es sólo el vehículo de ambiciones personales y emociones del público al cual se intenta atraer como en una feria. Francisco Santos se ha convertido en un duro crítico de la negociación que aplaudía y de la que aseguraba que Uribe la habría firmado; del mismo modo, rechaza el Informe de Memoria Histórica que él contrató como vicepresidente dando cargos al "analista" León Valencia y a otros próceres del mismo estilo. A nadie le importa porque todo lo que se puede pensar remite a la lealtad al Gran Timonel, de modo que los fervorosos prosélitos aplauden y a la vez condenan la negociación (de ahí esa idiotez funesta de "paz sin impunidad", como si la mayoría de la gente que acepta que se negocie las leyes con unos asesinos fuera a exigir impunidad a cambio del alivio de que cesaran, como si eso fuera a ocurrir y se pudiera optar entre perdonarlos o castigarlos y como si hubiera una guerra que se remediara con la negociación: una frase equívoca que sirve en últimas para legitimar lo que se hace en La Habana, cuestionable porque no invitan a los uribistas).

Esa ausencia de contenido para el bando del líder carismático recuerda a Perón, que en sus últimos años mantenía relaciones con los asesinos de la Alianza Anticomunista Argentina que mataban a los peronistas de la izquierda asesina o "montoneros". Todos iban a interpretar al hombre carismático y nadie iba a cuestionar su liderazgo, después inferían lo que les daba la gana.

En alguna parte leí que el Centro de Pensamiento Primero Colombia era en realidad una célula del MOIR asociada con Uribe, cosa que puede resultar menos disparatada de lo que parece si se recuerda el intento de abolir la democracia con la reelección vitalicia. En todo caso es curioso el afán del uribismo de integrar a esa vieja organización maoísta, de coquetear con Robledo, ahora que Angelino Garzón y Sigifredo López optaron por el "liberalismo", etc. 

Parece confirmarlo esta perla publicada en la página de ese Centro de Pensamiento:
El pasado viernes 26 de julio asistí al taller democrático realizado en la capital tolimense. Desde hace un año cuando renuncie al cargo como integrante de la Junta Directiva Nacional del Polo Democrático he participado en varios actos que conllevan a la creación del Centro Democrático y he llevado en algunos la vocería como Secretario General del Movimiento Nueva Democracia Moirista.
A ver si entiendo: este hombre era de la Junta Directiva Nacional del Polo Democrático y por tanto era de los que dirigían las calumnias contra Uribe y las campañas por el "intercambio humanitario" y la "solución política negociada del conflicto social y armado", es decir, era un jefe de la organización cobramasacres por antonomasia. ¿No es fascinante el pedigrí? Uno se presenta al seminario, aspira a llegar a papa, y su hoja de vida empieza por haberse prostituido y haber matado y robado a muchas personas. ¿No es maravilloso?

Sobre la identidad de su movimiento ya escribí una entrada de este blog hace unos meses. Lo que no se puede obviar es que el Polo Democrático es el frente de masas del Partido Comunista tal como las FARC es la fuerza de choque. De modo que el hombre hizo campaña por Petro en 2010 y muchas otras perlas, y ahora resulta un socio del uribismo.

No hay que engañarse sobre lo que es el MOIR, se trata de la secta maoísta que se apartó del PCC por lealtad al verdadero comunismo de Stalin, tras el XX congreso del Partido Comunista Soviético. Se ha aliado con ese partido muchas veces, por ejemplo en 1974. No es nada casual sino otro frente criminal, comunista, de los muchos que hay en Colombia.
Esta vez sucedió algo que conmovió mis entrañas y que puso a prueba todo mi pasado revolucionario, ganado en franca lid en representación de la clase obrera a la que represento desde antes de fundar en Cali el Frente Sindical Autónomo del Valle. El expresidente Uribe pronunció un discurso que debería llamar a una reflexión en las mentes de los intelectuales y pensadores de Colombia. No pretendo analizar su contexto total porque no es el propósito inmediato y además porque me ha sido imposible conseguir el texto del mismo; pero espero que los pensadores que allí se encontraban se pongan de acuerdo conmigo en un asunto fundamental que encierra todo el planteamiento central y que engloba un asunto vital para el país, la abstracción que realiza sobre lo que debe construirse.
¿Qué es la "clase obrera"? En Europa se trataba de las masas de trabajadores de la manufactura del siglo XIX, cuando la industria ocupaba a millones de personas. Si hubiera que pensar en algo parecido en Colombia quedarían los obreros de la construcción y de los pequeños talleres de carpintería, mecánica, etc. Esa gente no sólo no tiene ninguna relación con los sindicatos, sino que es pobre gracias a los sindicatos, que consiguen desviar la mayor parte del gasto público al beneficio de sus afiliados, los ricos, los grupos parasitarios que definen el país.
Uribe dijo más o menos: vamos a construir una corriente, una fuerza política democrática con todos los sectores de la sociedad, desde los liberales, conservadores, del partido de la U, independientes e integrantes de la izquierda democrática. Este es un proyecto para que dure “miles y milenios de años”. Descarga absoluta de alto contenido filosófico que coloca la contradicción en la piedra angular de nuestra sociedad. Lo sostengo de manera indubitable. La proyección de dicha frase es la esencia misma de un dirigente que con su poder cognoscitivo no reduce la batalla de hoy a la consecución de muchas curules en el parlamento o la Presidencia de la República, sino que el ex-presidente proyecta la tarea emprendida a un futuro que no permita el regreso de la nación al presente o el pasado de violencia antidemocrática, producto de nuestras contradicciones internas como en el siglo XIX o parte del XX como en el fenómeno Gaitán o la posterior violencia terrorista de grupos que han recibido aliento, financiación y dirección desde el exterior, particularmente de la URSS o de Cuba.
Es decir, Uribe se reinventa la Unidad Nacional de Santos y en lugar de propuestas concretas pretende representar a todos los sectores. Es el nivel más burdo de la política, el de las mentiras y los halagos. El fervor retórico del articulista es cabalmente un chiste: muestra de esa misma política.
Un proyecto de semejante alcance no ha sido traído al escenario de nuestro país por ningún dirigente de los partidos Conservador o Liberal en el pasado. Se trata de una propuesta revolucionaria en cuanto conlleva producir un cambio en la superestructura, en el campo de las ideas, en la mente de las masas y que vislumbra desde el conocimiento del pasado y el presente del país educar en democracia a las nuevas generaciones. He ahí el punto que engloba la grandeza del discurso de un Uribe que sobrepasa mezquinos intereses.
Si los jóvenes de hoy entienden el llamamiento y transitan por el sendero señalado por el contexto del discurso de Álvaro Uribe los colombianos resolveremos nuestras discrepancias frente a los diversos tejemanejes del estado por el territorio de la Acrópolis y no por el de La Habana terrorista.
Uf, definitivamente el comunismo genera un daño irreparable con su fraseología pomposa y vacía.

Ojalá para algunos quedara claro que no hace falta otra Unidad Nacional sino un partido fiel a los valores democráticos y liberales, en el sentido recto de estos términos, que permita hacer frente a todas las variantes totalitarias y a las camarillas que hoy intentan adaptarse a la hegemonía de aquéllas. ¿Tardará? Parece que sí: mientras haya uribismo, y en todo caso no será por mucho tiempo, las energías de la gente que no quiere someterse a los criminales se malgastarán en simplezas y mentiras como las que se evidencian en este discurso, y las puertas para los herederos de Juan Manuel Santos estarán abiertas.

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