29 oct. 2013

País sin rumbo

Por Jaime Castro Ramírez

El compromiso político de los gobernantes debe distinguirse por su lealtad con la responsabilidad de encausar el progreso del país, y para esto es necesario atender el orden mediante el cual se logra crear la confianza inversionista que permite que fluyan los capitales internos y externos hacia la creación de factorías que fortalezcan el crecimiento industrial y tecnológico, generación de empleo y por lo tanto de bienestar social. Para esto se requieren grandes inversiones en infraestructura para hacer viable en materia de costos el transporte de los productos exportables hacia los puertos, y hacia los centros de acopio para el consumo interno. Es necesario dinamizar y fortalecer la producción del sector agrario a través de apoyo tecnológico, crédito con bajo costo financiero, bancos de maquinaria, etc. Se requieren políticas macroeconómicas sostenibles para que crezca la economía a tasas razonables de por lo menos el 6% anual.

El orden de las medidas de gobierno para poder obtener progreso empieza por la seguridad nacional, pues sin este requisito indispensable no es posible atraer la inversión y por consiguiente no hay manera de que despegue el aparato productivo, generándose por el contrario estancamiento económico y consiguientemente la pobreza que hace crítico el nivel de vida de mucha gente.

La situación actual de Colombia
El país que recibió el presidente Santos el 7 de agosto de 2010 era un país con grande avance en la seguridad nacional, se habían recuperado muchas zonas del alcance del terrorismo, y por lo tanto se había logrado una economía sostenible que alcanzó a tener crecimiento cercano al 7% anual, un país con aplicación del importante concepto de la inclusión social, y en consecuencia, estos son factores que explican que la república gozaba del beneficio cabal de su salud democrática.

A pesar de este equilibrio que existía en la situación nacional, desafortunadamente hay que decir que durante el gobierno actual de Santos han desaparecido tales circunstancias de bienestar del país, y a cambio se bajó la guardia y se le ha cedido espacio al regreso del terrorismo a territorios de donde había sido desterrado, lo cual ha afectado gravemente la vida de los colombianos en varias regiones del país, y por supuesto a su economía. Un solo ejemplo es el lamentable caso de Tumaco en el departamento de Nariño donde las FARC, aparte de extorsionar y asesinar gente, hacen lo que quieren con la comunidad dejándola sin el servicio de luz durante semanas, a través de la voladura de torres de energía, y sin embargo, el presidente de la república fue a ese lugar después de 18 días de esta complicadísima situación social. Y no solo llegó demasiado tarde a Tumaco sino que los pobladores afirman que no les dio la cara sino que llegó fue a una guarnición militar. (¿Tal vez para evitar alguna rechifla?). Quizás no es de dudarlo, pues los antecedentes dicen que en el país la gente ha encontrado el mecanismo de la rechifla como la forma de protestarle al presidente por la pérdida de rumbo del país ocasionada por su forma de gobernar. Por supuesto que nada aceptable esta práctica por cuanto constituye un irrespeto a la institución presidencial.

Total incertidumbre sobre el proceso de paz que se negocia en Cuba, pues son mayores las inquietudes de pesimismo de la gente sobre el resultado positivo que allí se pueda obtener. Las demandas de concesiones al Estado por parte de las FARC no tienen límite (en buena parte motivado por el error de poner la paz como instrumento de reelección presidencial, por lo cual la agenda política de Santos depende de las FARC), ni tienen proporcionalidad alguna con lo que el Estado y la democracia pueden conceder sin lesionar la institucionalidad.

La economía colombiana en 2013 ha sufrido una desaceleración motivada por el decrecimiento del sector industrial, y la disminución de la inversión que ha pasado a crecer al 3% anual, cuando en el gobierno anterior crecía a un promedio del 10% anual. La meta del gobierno de crecimiento de la economía entre 4.5% y 4.8% en el año 2013, se verá limitada a un índice muy bajo de aproximadamente 3.5%, lo cual representa una situación económica de crecimiento significativamente deficiente. Y ni qué hablar de la situación lamentable de la economía agraria, pues prueba de ello fue el paro -histórico por su trascendencia en perjuicios de movilidad y sus costos inherentes- que a este sector le tocó hacer en agosto 19 de 2013 y que duró 20 días, para poder hacerse escuchar del gobierno sobre su crítica situación.

En materia de infraestructura lo que se observa es otro grande bache, si se tiene en cuenta que en más de tres años de gobierno no ha habido ejecución sino únicamente promesas de billones y billones de pesos, pero las grandes obras no se ven por ninguna parte del territorio nacional. Así es imposible pensar en un país que responda a los retos de la globalización y a los compromisos firmados en los tratados de libre comercio.

‘Quizás se vean obras como el acueducto de Aracataca que el presidente Santos estaba en plan de inauguración pero no lo pudo hacer por nada más y nada menos que por no tener agua…’ Es una verdadera pena.

Un país con todas estas dificultades de orden político, económico y social, no puede definirse diferente a decir que es un país sin rumbo, que no se sabe para dónde va.

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