16 dic. 2013

El chantaje de Petro

Por @AdasOz

Hace un año cuando Gustavo Petro tomó la decisión de cambiar el esquema de recolección de basuras de la ciudad, todos los bogotanos fuimos testigos del desastre causado gracias a la improvisación del mismo. La irresponsable decisión del burgomaestre sumió a la ciudad en un mar de basuras, poniendo en peligro la salud de la ciudadanía.

Todos recordamos cómo el improvisado y “novedoso” esquema consistía en el uso de viejas volquetas que por ley están prohibidas para recoger desperdicios, dado que como el alcalde tuvo la “brillante” idea de sacar del mercado a las empresas privadas especializadas en esa labor, se quedó literalmente sin compactadores de basura. Entonces, fuimos testigos de cómo los trabajadores del servicio tenían que ingeniárselas para poder depositar las bolsas con desechos en esos gigantes de cuatro ruedas, trepándose dentro del camión y exponiendo no sólo su salud sino sus vidas por unos cuantos pesos que, al final de cuentas, tampoco les pagaron a tiempo. Para los que cuentan con corta memoria, un trabajador cayó de una volqueta sufriendo un trauma craneoencefálico, y para empeorar la irregularidad, ni siquiera estaba afiliado a una EPS. Sin esto haber sido suficiente, el esquema de recolección de basuras continuó y unos meses después otro trabajador murió al resbalarse de la volqueta en la que intentaba depositar la basura. Aquí ya van dos razones que ameritaban abrirle investigación al alcalde Petro.  

Para completar el desastre, el Distrito adquirió de forma irregular unos compactadores que quién sabe cuánto tiempo hacía que estaban fuera de circulación pudriéndose en depósitos de chatarra en Estados Unidos. Al importarlos, el alcalde nuevamente puso en peligro la salud no sólo de los bogotanos sino de todos los colombianos, además de haberlos comprado directamente en internet sin haber abierto licitación pública. Más razones para investigar a Petro.

Y así fue. La Procuraduría abrió investigación contra Gustavo Petro por el esquema de basuras que impuso de improviso en la capital, con el que perjudicó a empresarios y trabajadores privados y a todos los bogotanos. El procurador fue serio, no embolató la investigación (como sí lo hizo el registrador con la revocatoria) sino que con juicio la llevó a cabo y era una cuestión de meses lo que le tomaría darnos el dictamen. Entre tanto, Petro, ante la inminente posibilidad de salir por la puerta de atrás del Palacio Liévano, empezó a autopromoverse destinando miles de millones del erario público en propaganda a su favor y en financiar milicias urbanas exaltadas por el ambiente anárquico y revolucionario que se respira en la capital y que aprovecha para entrenar cada vez que se organizaba una manifestación o un paro como el del pasado mes de agosto.  

Para Petro la revocatoria era fácilmente manipulable mas no la investigación en su contra que adelantaba el procurador, y sin embargo, el solo hecho de pensar en la primera lo hizo amenazarnos a todos los ciudadanos con organizar un segundo bogotazo. Su discurso incendiario y venenoso se hacía cada día más evidente e incluso se atrevía a chantajear, como buen terrorista, con que se pondría en peligro la “paz” si él salía del cargo. Tal parece que Petro llegó a la alcaldía como una de las piezas clave del proceso de claudicación ante los terroristas, en lugar de asumir sus funciones como alcalde de la capital y dedicarse a administrarla.  

Hay quienes piensan que todo hubiese sido diferente si se le hubiera revocado el mandato en lugar de haber sido destituido e inhabilitado por el procurador, y dicen sin sonrojo que la revocatoria era la vía democrática mientras la sentencia de la Procuraduría no. ¡Error! Ambas lo son. En ambos casos, Petro hubiera reaccionado de la misma manera a como lo ha hecho tras la decisión del procurador y de igual forma estaría dándose importancia mediática convocando movilizaciones y dando discursos venenosos desde una tarima para encender los ánimos de sus seguidores y ganándose simpatías en ciertos sectores de la ciudadanía.  

El chantaje de Petro consiste en eso precisamente: hace creer a la mayor cantidad de gente posible, y entre más ignorante sea, mejor, que él es una víctima del Estado opresor y por eso su militancia en un grupo terrorista es justificable. Así, él se convierte en un ejemplo a seguir para muchos jóvenes y adultos desorientados y logra, junto con Santos, conseguir el apoyo que necesitan las FARC para ser redimidas por el pueblo mediante el referendo por la “paz”. Ése es el juego de la claudicación, que avanza sin mayores contratiempos porque no encuentran obstáculos ya que no existe una oposición seria y contundente.  

La inversión de valores y la corrupción del lenguaje resultan repugnantes en su discurso. En realidad, oírlo arengar es para machos porque a mí se me sube la presión arterial casi al punto del infarto, y eso que soy hipotensa. Petro sufre de estrabismo acomodativo porque para él y su mafia la ley aplica cuando les conviene, como cuando quisieron revocarle el mandato a Jaime Castro, pero les resulta antidemocrática cuando les es aplicada a ellos, como por ejemplo ahora que el procurador lo destituye por violar flagrantemente la ley. Ni Petro ni nadie está por encima de ésta.  

Todo sería muy distinto si Petro y sus secuaces hubiesen pasado el monte directo a una cárcel en lugar de irse a redactar una Constitución y a ocupar cargos públicos. Ahora, estamos ad portas de repetir la infame historia.

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