3 dic. 2013

Partidos y política partidista

Por Jaime Castro Ramírez

 Los partidos políticos conforman la base de la organización democrática, pues allí se expresa la diversidad de pensamiento que contribuye al fortalecimiento del sistema político, y por supuesto de su democracia y su legitimidad, para luego decidir en forma organizada sobre el destino del país. Esto involucra en responsabilidades cívico-sociales a los ciudadanos que pertenecen a un partido político, pues deben participar en actividades sociales organizadas por los partidos, en actividades de campaña política, y ejercer el deber cívico de elegir a los gobernantes a través de su voto en las urnas.

Donde no existe pluralidad de partidos políticos no existe democracia representativa, ni democracia participativa, pues lo contrario es lo que ocurre en el contexto de los partidos únicos, fundados con la misión de converger en sistemas autoritarios dictatoriales. Tal es por ejemplo el escenario político que utilizan los sistemas socialistas, cuya finalidad es cerrarle el paso a la oposición, y por consiguiente a la crítica política, lo que significa atentar contra la libertad de expresión, y por ese camino proscribir la libertad de prensa y consiguientemente la libertad de información.

Diferencia de criterios equivale a identidad democrática
En política no existe la armonía conceptual, y no existe porque se presenta la diferencia de criterios en materia ideológica. Es obvio que dentro de los partidos políticos es el escenario donde se hace la política partidista, o dicho de otra forma, la política multipartidista, por la concurrencia de un grupo importante de partidos políticos, pero también es donde suelen ocurrir toda clase de pasiones originadas por intereses personales e ideológicos, canalizadas desde luego hacia la disputa por el poder. Significa entonces, que de la política partidista se originan las instancias democráticas para la escogencia de candidatos a ejercer el poder en representación de los partidos a que pertenecen, lo cual concluye con la definición que se obtiene en procesos electorales.

La política partidista tiene su punto a favor en la medida en que proporciona el debate de las ideas, y por consiguiente se requiere garantizar el derecho al disentimiento, es decir, el respeto a pensar diferente, circunstancias amparadas en los principios que conforman el marco de la democracia. En condiciones normales de civilidad, esto es lo que debe ocurrir con la política, valga decir, darle realce al debate ideológico respetuoso; aunque suelen aparecer acciones de personajes que se distancian de la cordura y entonces prefieren transitar hacia límites extremos que desafían el comportamiento civilizado, como por ejemplo, la actitud de un expresidente colombiano (Gaviria) que en la televisión utilizó una terminología irrespetuosa, totalmente inapropiada para su rango, al referirse a otro expresidente. Estos son los malos ejemplos que no pueden hacer carrera y que le hacen considerable daño a la política, máxime cuando provienen de personajes que les corresponde, contrariamente, dar lecciones de prudencia y buen juicio para orientar la dinámica de las relaciones sociales y propender por una política decente.

Se observa entonces con sentido contradictorio, pero con razonable lógica, lo que significan en sus respectivos campos de acción, y en términos de filosofía política, los partidos políticos y la política partidista, pues los primeros son entidades de derecho que contribuyen al soporte de la democracia, y lo segundo es la actividad del ejercicio de la política en términos de poder.

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