24 feb. 2014

La máquina de la corrupción

Por @AdasOz

De la alcaldía del adalid de la “anticorrupción” Gustavo Petro ya nada sorprende. Al parecer, para este “prócer” no existen límites legales y por eso usa el libertinaje para hacer lo que le viene en gana con la ciudad y con nuestro dinero.

Para nadie es un misterio que la administración del señor Petro ha sido un escándalo de principio a fin, así él se empeñe en negarlo todo y en acusar a sus opositores de conspirar en su contra. Sin embargo, todos los señalamientos que se le hacen tienen un fundamento una razón y una prueba, tanto, que el proceso de revocatoria no fue puesto en marcha en vano pese a todas las trabas que evidentemente se le han puesto, y lo mismo sucede con la sentencia que destituye e inhabilita políticamente al alcalde dictada por el valiente Procurador Ordóñez, a pesar de haber sido desobedecida.

De alguna u otra manera Petro se las ha ingeniado mañosamente para evitar un escándalo de corrupción por las contrataciones irregulares que se vienen presentando desde que asumió su cargo como alcalde de la capital. A lo que me refiero es que el carrusel de las contrataciones no se detuvo tras la destitución de Samuel Moreno sino que continuó, pero con diferentes sujetos. Para nadie es un secreto que Gustavo Petro, copartidario de Moreno, lo apoyó abiertamente en su campaña a la alcaldía y además se asoció con los Nule para las elecciones presidenciales de 2010.

La más reciente denuncia sobre la ilegalidad en el contrato de la máquina tapahuecos para las vías bogotanas es una evidencia más de la descarada corrupción que sigue padeciendo la administración bogotana, pero no pasa nada. El alcalde es intocable porque es víctima de conspiraciones que solo existen en su cabeza, y por parte de los bogotanos, no parece haber una reacción contra todo lo que sucede. Al contrario, parece que disfrutaran del caos, de la anarquía y de la inseguridad.

Según la denuncia, la empresa a la que fue adjudicado el contrato estaba recién creada, su capital inicial es de cinco millones de pesos y aun así firmó un millonario contrato de 12.000 millones de pesos. El representante de dicha empresa en Colombia es un fugaz personaje de la farándula criolla, por lo que da la impresión que la firma del contrato puede estar relacionada más con un favor del alcalde a cambio, quizás, de conseguir algún tipo de apoyo en su lucha por atornillarse en el cargo. Claro, es la impresión que me da a mí como espectadora, pero mis suposiciones tendrían que ser probadas.

Es que despierta muchas sospechas que la naturaleza del contrato haya sido cambiada con el único fin de poder celebrar una contratación directa con una empresa que apenas había sido creada y que no prestaba un servicio novedoso ni exclusivo, características que deben cumplirse para poder celebrar contratos directos con el distrito.

Como si fuera poco, y no siendo suficiente el detrimento patrimonial que supuso para la ciudad las irresponsables declaraciones del alcalde antes de asumir su cargo sobre la fusión de las empresas de servicios públicos, luego salió con la “genialidad” de reducir las tarifas de Transmilenio, decisión que le ha costado a la ciudad un hueco fiscal de más de 46 millones de pesos y ahora, como si no fuese suficiente, vuelve a repetir la “genialidad” con el contrato de la máquina para tapar huecos, ya que el material que ésta utiliza se encuentra por encima al menos unos 300 mil pesos, comparada con lo que cuesta la mezcla tradicional de reparcheo.

No estoy siendo exagerada ni extremista. Quitándole de encima su prontuario terrorista y con todo su listado de “genialidades” en estos años como alcalde, ya era hora de que Gustavo Petro hubiera corrido la misma suerte de su colega Samuel Moreno, pero por alguna razón ha logrado evadir la ley flagrantemente sin que nada escale a los estrados judiciales. Bueno, está la sentencia del Procurador, que cogió literalmente de papel higiénico.

Que Bogotá haya descendido en el ranking mundial de calidad de vida no sorprende, ¿o sí?

El mensaje que Petro nos está mandando a todos los colombianos habla por sí solo en este preciso momento en que el presidente Juan Manuel Santos se empeña en “cambiarle a las FARC las balas por votos”, y es precisamente ahora que debemos entenderlo claramente. En el momento en que se indultan criminales éstos no sólo legitiman sus crímenes sino que se vuelven intocables ante la ley y se creará el escenario perfecto para que sean ellos quienes nos sometan a una tiranía como la que vive hoy Venezuela. Estoy convencida de que nos falta mucho para salir del estado de comodidad en que vivimos, y así como están las cosas, veo muy difícil que llegue fortalecida la oposición a las urnas.

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