4 feb 2014

Rescate de la democracia

Por Jaime Castro Ramírez

La historia registra los sucesos que conforman su base de datos para informarle a la humanidad sobre los acontecimientos que han marcado épocas en el devenir de los tiempos. La importancia del registro histórico está determinada por la trascendencia de su contenido, es decir, la significación o aporte que hace al desarrollo de campos que requieren de su enseñanza calificada para producir efectos históricos relevantes, tales como los relacionados con la educación, la investigación, la ciencia, o los que alimentan el conocimiento de carácter político, pues todos estos son hechos que permiten, o advertir sucesos evitables y establecer formas de protección para bien de los pueblos, o simplemente reafirmar la confianza en los procesos que son útiles para la sociedad, o políticamente aquellos que contribuyen a consolidar la libertad y la democracia.

Quienes tienen la condición de proteger la democracia del embate enemigo, bien se pueden calificar como héroes de la patria que merecen el reconocimiento del pueblo que ha sido beneficiado con su aporte patriótico en favor de la libertad.

Autor del rescate de la democracia colombiana

La historia de Colombia tiene dentro de sus anales capítulos memorables de gestas libertadoras por parte de grandes hombres patriotas que han intercedido por lograr la libertad, afianzar la institucionalidad, y demostrándole al país la firmeza en que sí se puede conservar la democracia.

Durante cincuenta años en que los violentos han atentado contra la ley y la democracia, y contra el progreso del país, han transcurrido serias dificultades de orden económico, político y social, motivadas por los problemas de orden público que se constituyeron en una afrenta contra la seguridad nacional y contra el orden económico.

Sin embargo, hubo un lapso crítico en el cual la viabilidad del país se puso en serio riesgo como nunca antes había ocurrido en tal magnitud, y nada menos que en su institucionalidad democrática. Dicho periodo de la historia colombiana se refiere al que correspondió a la gestión de gobierno de 1998 hasta agosto de 2002, pues hay que decir que durante ese espacio las FARC obtuvieron su mayor fuerza puesta a prueba en todo el país con violencia terrorista, tomas de pueblos, secuestros de civiles, militares y policías, secuestros masivos en las carreteras que ellos denominaron ‘pescas milagrosas’, y consiguieron incrementar su poderío armamentístico a través del multimillonario negocio del narcotráfico, el secuestro y la extorsión. Consecuentes con esta estrategia, simultáneamente optaron por incrementar el reclutamiento de guerrilleros, incluidos niños y niñas, al punto de que se hablaba de un ejército ilegal de más de veinte mil guerrilleros.

Este grave episodio de inseguridad nacional tuvo un elemento del cual se valieron las FARC en forma abusiva para engañar al gobierno y al país, y consistió en aprovecharse de que el gobierno de entonces les concedió (de buena fe) una zona de distensión de 42.000 kilómetros cuadrados donde la autoridad fueron ellos durante más de tres años, concesión que se hizo con el fin de adelantar la negociación de lo que se llamó el proceso de paz del Caguán, el cual, como consecuencia, terminó en un rotundo fracaso, pues las FARC allí lo que hicieron fue fortalecerse militar y económicamente, y llegaron a sentirse tan fuertes que no estaban pensando en negociar la paz sino en tomarse el poder por la vía armada y llegar a la plaza de Bolívar con los fusiles al hombro en acción de victoria. Tanto es así que mientras se hablaba de paz en el Caguán, las FARC se tomaban pueblos y secuestraban a lo largo y ancho del país. Todo este escenario perverso se convirtió en la inviabilidad del país, donde todo el mundo se sentía secuestrado porque no podía salir de las ciudades a tomar un viaje por carretera por motivo de la inseguridad.

Ese país inviable fue el que recibió el presidente Álvaro Uribe Vélez el 7 de agosto de 2002, a quien le correspondió entonces la patriótica tarea del rescate de la democracia colombiana que estaba en grave peligro, pues de lo contrario, el país posiblemente hubiera caído en poder de las FARC. Ni los más decididos opositores pueden dejar de reconocerle a Uribe su valentía para enfrentar semejante escalada terrorista y devolverle a Colombia la seguridad nacional, factor indispensable para devolverle también la confianza a los inversionistas que decididamente crearon nuevos proyectos productivos que dinamizaron la economía hasta llegar a un crecimiento histórico en el 2006 del 7.1%, generaron empleo masivo y por supuesto bienestar social; después de un crecimiento promedio inferior al 3% en el gobierno anterior, motivado por los problemas de violencia y por lo tanto de inseguridad para la inversión.

De los más de veinte mil miembros de las FARC cuando llegó Uribe al poder, al terminar su gobierno en 2010 se calculaba que habían aproximadamente un total ocho mil, pero además los dejó en desbandada y desterrados de muchas zonas del país, solo que el gobierno Santos los dejó regresar a continuar la violencia terrorista.

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