24 mar. 2014

Más allá de la destitución de Petro

Por @AdasOz

En el caso de la destitución e inhabilidad de Gustavo Petro el derecho le ganó a la leguleyada. Por fin, y luego de varios meses de intentar ponerle trabas, la decisión del Procurador Ordóñez tuvo que ser acatada el pasado 19 de marzo cuando el presidente Juan Manuel Santos decidió no tomar en cuenta las medidas cautelares en favor del exalcalde solicitada por la CIDH.

Estoy convencida de que Petro se sintió muy confiado en Santos y entonces le contó abiertamente su retorcido plan para quedarse atornillado en la alcaldía hasta el final de su período. No cabe la menor duda que su interés era, como siempre lo ha sido, burlar la ley para poderse salir con la suya y desde el Palacio Liévano, hacer y deshacer con lo que aún queda de la maltrecha Bogotá.

Pero con lo que no contó el exalcalde era con la astucia del presidente, quien en mi opinión, vio la oportunidad perfecta para ganar alguna que otra simpatía entre los bogotanos inconformes con la, como es bien sabido, cuestionada labor de Petro, y por qué no, con unos cuantos colombianos indecisos. Por supuesto, esta vez la Constitución sí se ajustaba perfectamente a sus propósitos individuales y como “buen” ciudadano que es, la acató. Le sirve para hacer campaña reeleccionista. No en vano, semanas antes cuando nombró a Germán Vargas como su fórmula presidencial, lo puso a bravearle al hoy exalcalde de Bogotá.

Ya destituido e inhabilitado para ejercer cargos públicos, el exalcalde deliró un insufrible discurso desde el acostumbrado balcón del Palacio Liévano en el que dijo que haría campaña a favor de una Constituyente. Por supuesto, ahora ya no le vale la Constitución que su socio del Cartel de Medellín impuso a punta de bombas, porque ésta, la misma que lo llevó de rematar soldados en el monte a ocupar cargos públicos, el 19 de marzo lograba sacarlo del escenario político en Colombia. Pero además, es la oportunidad perfecta para promover la Constituyente que tanto ha promovido la embajadora del terrorismo fariano, Piedad Córdoba, y que las mismas FARC están exigiendo desde la inmerecida comodidad de la que gozan en La Habana gracias a Santos. A su vez, al hacer campaña por la Constituyente fariana, el ahora activista Petro, logra mantenerse fresco y vigente en el ambiente político de Colombia.

Pero lo que más preocupa de ese activismo del exalcalde destituido e inhabilitado, es que tomará provecho de su desocupación para conformar milicias urbanas en diferentes ciudades del país. Y digo que será en otras ciudades porque siempre lo he sostenido y me mantengo firme en la hipótesis de que Petro ya las tiene conformadas en Bogotá. No en vano ya he mostrado en otras publicaciones cómo en la capital han venido apareciendo sistemáticamente banderas del M-19 y dibujos de la cara de Carlos Pizarro León-Gómez, especialmente en el centro de la ciudad, cerca de la sede principal de alcaldía. La prueba reina, es la creación del Colectivo Marcos Pachón, que abiertamente reivindica al terrorista y a su grupo, en el que también militó Gustavo Petro y del cual parece no desligarse.


El 20 de marzo, cuando todavía no amanecía en Colombia, escuché en el noticiero de la FM de RCN (audio que no encuentro, pero agradecería que algún lector buenamente lo publicara en caso de encontrarlo) decir que la dirección del Partido Progresista le montaría una oficina a Petro en el sur de Bogotá en la que se dedicaría específicamente a promover, como ya lo mencioné, la Constituyente y también protestas campesinas. Si estas últimas van a ser como la protesta campesina de finales de agosto del año pasado, entonces no me cabe la menor duda de que no es gente del campo protestando sino milicianos de su colectivo vandalizando las ciudades, cuyo principal propósito es generar caos y despertar el terror en los ciudadanos. Algo muy parecido a lo que hizo Chávez en el barrio 23 de Enero en Caracas para adoctrinar y armar gente. ¡Muy peligroso!

Entonces, el círculo vicioso y enfermizo del perdón y el olvido nos cobra factura, ¡y bien cara! El reconformado grupo terrorista podría volver al ruedo con sus otrora conocidos asesinatos, secuestros y demás “simpáticos” crímenes que solían cometer, pero ahora con partido político propio y con fuertes representantes en la política colombiana como Antonio Navarro y por qué no decirlo, Everth Bustamante.

Petro es el mejor ejemplo que podemos tener los colombianos para oponernos rotundamente a los diálogos con las FARC, porque él refleja claramente lo que nos podría suceder si Santos logra “culminar la tarea”, tal como le gusta llamar a esa vil canallada. El lugar de los terroristas no es el Congreso ni la alcaldía ni mucho menos la presidencia, sino un estrado judicial donde rindan cuentas al país por sus crímenes, y luego de ser juzgados, entonces paguen penas directamente proporcionales a la atrocidad de sus crímenes.

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