28 abr 2014

El desprecio de las víctimas

Por @AdasOz

En alguna publicación anterior había manifestado que las víctimas del terrorismo en Colombia no son importantes, y lo reitero sin vacilación. Lastimosamente, aquí quienes cobran protagonismo e importancia son los que causan dolor y una profunda tristeza en cada hogar colombiano, mientras que las víctimas, que no son pocas, pasan a un segundo plano. Son despreciadas por los altos gobernantes y por los medios, logrando que la sociedad civil se olvide de ellas. Tanto es así, que la rodilla de Falcao tiene mucho más espacio en los medios que las masacres que se cometen a diario contra la fuerza pública en diferentes puntos del territorio nacional.

Ejemplos hay muchos, como el ataque con ácido que sufrió una mujer de clase media-alta de Bogotá el mes pasado. No es que esto no me parezca atroz, claro que es despreciable, pero mientras el presidente Juan Manuel Santos se pronunció contra éste, en los confines de nuestro territorio las FARC masacran soldados y él calla de manera cómplice, no vaya a ser que incomode a sus socios que viven como reyes en La Habana y se eche a perder el jugoso botín que les traerá como resultado la claudicación forzada del Estado colombiano.

Fijémonos en el desdén que le produjo al presidente el crimen atroz del líder de desplazados Jesús Adán Quinto, a quien el gobierno le había reducido al máximo su esquema de seguridad, a pesar de las múltiples amenazas que tenía por parte de las FARC. Sin lugar a dudas, la complicidad de Santos es evidente, porque como presidente, uno de sus deberes constitucionales más importantes es el de proteger la seguridad de los colombianos. A Adán Quinto se la negó y lo mataron. Su muerte estaba anunciada.

El de Adán Quinto, así como el de los policías, militares y civiles, serán crímenes que se borrarán de la conciencia de la mayoría de los colombianos sencillamente porque no existe rechazo ante semejantes atrocidades. Más aún, si quien representa al Estado los desprecia de la forma como Juan Manuel Santos lo hace:
¿Qué me preocupa? Pues que comentan un acto de irracionalidad que vuelva imposible continuar, un atentado a una figura importante, algo que haga realmente explotar en mil pedazos el proceso.
Es decir, que todas las víctimas que han dejado las FARC todos estos años, especialmente los que llevan negociando con Juan Manuel Santos, según su parecer, se justifican, así como todos los ataques terroristas le resultan racionales porque sin éstos no se podría avanzar en los acuerdos de La Habana. Estas lamentables declaraciones del presidente me recuerdan a las que dio Herbin Hoyos en un programa de debate hace un tiempo, cuando dijo que si se llega a hacer la “paz”, las víctimas habrán valido la pena. Es vergonzoso que ninguno despierte la más mínima señal de rechazo entre los colombianos. Quizás esa apatía es la que nos tiene condenados.

El desprecio de las víctimas es tal, que para el presidente hay muertos de primera y de segunda. ¿Quién es realmente importante para él y para las FARC para que el proceso explote en mil pedazos? ¿Y quién hace escándalo ante semejante atrocidad pronunciada por nuestro presidente? ¡Nadie! Los medios callan, tapan y hasta maquillan la canallada a la espera de su porción diaria de la mal llamada mermelada, mientras que los colombianos comunes lo dejamos pasar inadvertido sin darnos cuenta de que al hacerlo estamos admitiendo que nuestra vida no vale nada y que podemos dejarla a merced de su macabro plan de claudicación. Hablando claro, nos estamos sometiendo sin oponer ningún tipo de resistencia.

La vida de todos y cada uno de los colombianos debería ser valorada y respetada, tal como lo manda la Constitución, pero ya el presidente nos lo ha dicho claramente, aquí todos somos ciudadanos de segunda y debemos arrodillarnos ante nuestros victimarios y aceptar que lleguen a ocupar importantes cargos públicos, porque si oponemos resistencia, nos seguirán masacrando en nombre de la “paz”. En cambio, cuando ocupen el poder, también lo seguirán haciendo. La barbarie continuará.

Juan Manuel Santos es tan cínico, que hace campaña política por su reelección con cientos de muertos a sus espaldas, víctimas de segunda, tal como él mismo las ha catalogado. Es hora de hacernos respetar y de respetar la memoria de todos los que han muerto por el terrorismo impuesto desde Cuba, antes y después de este fatídico proceso. Estamos a tiempo de enmendar el error cometido hace cuatro años e impedirle la reelección, porque como dice el refrán, al perro no lo capan dos veces.

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