30 jun. 2014

Crimen sin castigo

Por @AdasOz

Luego de la primera victoria de la selección Colombia, y que como consecuencia de las descontroladas celebraciones capitalinas murieran 9 personas y se presentaran en la ciudad más de 3000 riñas callejeras, la administración distrital decidió tomar medidas coercitivas para la capital como prolongar la medida del pico y placa durante todo el día y la ley seca.

Ver a tantas personas apoyando las medidas restrictivas, no sé si desde la ignorancia, de la ingenuidad o directamente desde el deseo de ver la implementación de un sistema represivo con la disculpa barata de proteger a los ciudadanos, es sencillamente decepcionante. Lo que más me inquieta es la condescendencia con ese tipo de medidas que están lejos de solucionar el problema de raíz, las riñas seguirán y es muy probable que siga habiendo muertos como consecuencia de éstas.

Está claro que en la capital, y en el país en general, no sabemos celebrar ni mucho menos beber, pues luego de decretar ley seca y pico y placa en tres o cuatro partidos posteriores, las riñas siguen ocurriendo y por supuesto que la gente sigue muriendo. Me parece grandioso que los fanáticos del fútbol salgan a la calle eufóricos a celebrar un hecho histórico como el que vivimos ahora, y que el que quiera beber alcohol que lo haga donde quiera.

Por supuesto, todo esto debe tener unos límites, porque lo que no se puede permitir es que la libertad individual se traduzca en libertinaje general y entonces se destruya todo al paso. Para ello, operan las autoridades y la ley que son las encargadas de poner orden.

La solución no es restringir las libertades sino trabajar para que la gente aprenda a disfrutar de éstas sin necesidad de llevarla a extremos de los que después puedan arrepentirse. En este caso, las medidas que, en mi opinión, deberían tomarse deben ser de cara a fortalecer la autoridad y de reforzar el pie de fuerza en las calles para que logren controlar las irregularidades que se presenten, y por último, endurecer la ley para aquellos que dejan estragos a su paso, bien sean de carácter material o de vidas humanas, pero sobre todo aplicarla, con el principal fin de hacerle entender a la gente que su reprochable comportamiento traerá como consecuencia un castigo.

Al fin de cuentas, si los colombianos empezamos a ver que la ley y la autoridad son implacables, empezaremos a sentir temor de ser castigados y los desmanes y el descontrol se reducirán de forma efectiva, pero ya sabemos que a Petro esto no le interesa. Nada ganamos entonces pidiendo a gritos la represión si de todos modos seguimos viviendo bajo la misma situación anárquica que ya conocemos.

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