15 jun. 2014

La hecatombe

Por @ruiz_senior

¿Quién iba a pensar hace seis años que las FARC resucitarían y tomarían el poder? Parecía tan claro el fervor ciudadano contra sus crímenes que ya se soñaba con un futuro sin terrorismo.

Ese impulso masivo fue desaprovechado por el gobierno de Uribe porque sus metas eran limitadas, por decirlo de un modo suave: en lo posible entenderse con la oligarquía y con los usufructuarios del orden heredado del 91 sin cuestionar la Constitución ni a las cortes ni las libertades que se tomaban. Sólo asegurar la parte del control del Estado que estaba al alcance de las urnas, aliados con los clientelistas para conseguir aprobar las propuestas en el legislativo.

Los uribistas tampoco vieron la conexión entre los medios de comunicación y las bandas terroristas. Tras la alianza con Santos, se consideraba que El Tiempo y Semana eran relativamente benévolos con el gobierno. A nadie se le ocurrió crear una prensa diferente, crítica, aunque fuera un diario digital. El uribismo no estaba ni para cambiar la Constitución ni para crear nuevos medios. Tampoco, lógicamente, algún partido trabado por un ideario y no por componendas clientelistas. Esas cosas son más bien inconcebibles en Colombia, como la rueda en la América precolombina.

De ese modo, el liderazgo presidencial y la hegemonía ideológica en la sociedad se quedaron en nada: el formidable avance en seguridad sólo sirvió para que la extracción de petróleo y gas generara grandes recursos que le permitieron a Santos comprar a todo el Congreso y pagar generosamente la propaganda que define su dictadura.

Pero antes de eso ocurrió el prodigio de la segunda reelección. No sólo la "ligereza" de abolir la democracia para implantar un porfiriato de destino incierto sino algo aún más lamentable: la cómoda suposición de que la Corte Constitucional permitiría ese cambio. Cuando estalló el escándalo de AIS, los propios uribistas trataron de apartarse de Arias para que no afectara a la imagen del aspirante perpetuo.

De modo que le entregaron el país a Santos, que en cuatro años preparó el terreno para su tropa. Pero en 2010 todavía había en la opinión una clara mayoría "uribista" que podría haber contestado las ocurrencias de Santos. Sólo que para eso había uribismo, para refrendarlas (a pesar de la violenta y perversa persecución), sólo porque vivir fuera del presupuesto público es vivir en el error, como dicen los del PRI mexicano: porque todas las clientelas propias habrían perdido gabelas si se hubiera hecho oposición.

De ahí que en la primera ocasión que hubo de rechazar a Santos, las elecciones municipales de 2011, el uribismo estuviera con el gobierno, que Uribe hiciera campaña con Luis Eduardo Garzón y Benedetti en Bogotá y apoyara al hijo de Roy Barreras en Cali. ¿Qué le podía unir al lamentable Peñalosa? Simplemente que podía demostrar que era él quien ponía los votos (sin arriesgarse a ir solo). Un partido con ideas coherentes y capaz de contestar a Santos podría haber obtenido una votación modesta, pero habría quedado claro el plan y habría personas activas con él que defenderían el ideario.

Mucho tiempo después de eso la adhesión y lealtad de Uribe al Partido de la U eran evidentes, por mucho que se aprobaran todas las infamias de Santos que le abrían el poder a los terroristas.

Después vino la paz. En este blog hemos comentado muchísimas veces el curioso entusiasmo uribista con la paz y la incapacidad de denunciarla. Muchas personas con sentido común entienden pronto de qué se trata y se ponen firmes en contra, pero los uribistas van detrás de la opinión que crea la prensa y todas las figuras importantes del movimiento se entusiasmaron con la negociación.

Al mismo tiempo hacían algún eco vago a las críticas a la paz que aparecían en las redes sociales y se entusiasmaban con los proyectos de Santos. Como ya he explicado muchas veces, esa jugada de política mezquina de no desagradar a la mayoría sólo sirve para que nadie se pregunte por aquello que se ha dado por sentado y admitido.

Para remediar la tibieza inventaron un pretexto que era doblemente legitimador: "Paz sin impunidad". Primero reconociendo que la componenda de La Habana tiene algo que ver con "paz" y después poniendo una objeción sin sentido y que entra en contradicción con el hecho de negociar. Si los terroristas se fueran a disolver y desarmar se podría pensar en el perdón, pero para eso no habría nada que negociar.

"Paz sin impunidad" sólo es una objeción improvisada a una monstruosidad como la negociación de La Habana para apoyarla sin apoyarla y así ir detrás de lo que la prensa imbuye en la gente con la esperanza de alcanzarla y corregirla después.

La campaña de Zuluaga ya fue el colmo. ¿Alguien entiende por qué le pagaron 750 millones a Sepúlveda? Ciertamente no tenía ninguna presencia en las redes sociales y lo que hacía al parecer salía de publicaciones corrientes. La cuenta de Twitter del candidato se dedicaba a escribir francas estupideces que disuadieron durante muchos meses a los posibles seguidores; característicamente, se detectaba una actitud benévola con "la paz".

Muy llamativo es el desdén de la campaña por la ciudadanía. ¿Cuántos tuiteros uribistas o antiterroristas espontáneos hay? La campaña de Zuluaga nunca los convocó para usar un hashtag ni para nada parecido. La cabecita de los politiqueros es como la de esos gerentes mediocres que llegan a un negocio que organizó alguien antes y lo delegan todo en profesionales. Ahí está el resultado.

Después del escrutinio advertía Francisco Santos de la persecución que viene. Estoy seguro de que será muchísimo peor. Primero las purgas en el ejército y la policía y puede que una vez tengan los terroristas el control de esas entidades, ahí sí, la firma de la entrega del país a la tiranía comunista.

El uribismo, a pesar de las persecuciones, se adaptará al nuevo orden. Fue lo que hizo el alvarismo en los noventa: cualquier búsqueda de imágenes de google con el texto "Constitución de 1991" muestra la foto de Serpa, Álvaro Gómez y Navarro Wolff. Puede que incluso el uribismo tenga un trato benévolo por el régimen y se lo mantenga como oposición a la cual usar para mantener el odio de la chusma.

¿Cómo se combatirá al terrorismo comunista a partir de ahora? Nadie debe esperar que haya una oposición seria del uribismo derrotado (no que no hubiera más votantes convencidos por Zuluaga que por Santos, pero tampoco se pensó nunca en acabar con la compraventa de votos). ¿Qué es el uribismo? Uno encuentra desde exaltados antediluvianos que cuestionan los derechos humanos hasta asesinos y secuestradores ascendidos (parece que en Colombia es honroso). Las ideas y valores son turbios y confusos, por decir lo menos, pero se concluye en una retórica veintejuliera que no está para cuestionar la acción de tutela y muchas otras lindezas del 91.

Lo que ha ocurrido con las bandas terroristas en Colombia es en toda regla un genocidio y se podría demostrar ante la Corte Penal Internacional y aun demostrar la implicación de muchas personas poderosas, incluidas las cortes del país. Algún jurista o grupo de juristas valientes que emprendieran esa tarea responderían de verdad a los criminales. Pero mucho me temo que no los habrá. No se ven puestos ni rentas en el corto plazo, no es cosa que interese a los colombianos.

Se cerró el círculo, se implantó y legitimó la tiranía bolivariana que quedaba. El imperio cubano en Sudamérica ya es un hecho. Ah, con pleno apoyo del gobierno estadounidense, no faltaría más.

10 comentarios:

Alejandro Cifuentes dijo...

La derrota es muy grave, nos indispone profundamente y nos deja en un limbo peligroso.

Sin embargo me pregunto hasta qué punto es exagerado decir que Santos favorecerá al comunismo si lo que habitualmente se piensa es que sus políticas son de corte liberal y es hijo de la oligarquía (?) ¿En algún post se ha referido usted a este tema de alianza más precisamente realizando un análisis histórico del mismo? ¿La conjura entre el comunismo y la aristocracia a que obedece? , a estas alturas ¿cómo diferenciar la aristocracia de la burguesía pujante? Son preguntas que muchos nos hacemos. Ojala tenga tiempo para aclararnos o profundizar en las respuestas a estas dudas.

Obelisk dijo...

Limoncito pa esa herida Jaimico,,

Ruiz_Senior dijo...

Alejandro Cifuentes:

En buena medida sus preguntas corresponden a la formación marxista de los colegios colombianos. Las políticas de Santos no son de corte liberal, pues en esencia simplemente usa el Estado para sus fines y compra clientelas con los recursos de las industrias extractivas. No ha expropiado directamente a nadie (aunque ahora sí expropiará a los propietarios rurales) porque no va a generarse más resistencias de las que ya tiene.

Es un oligarca que preserva el orden heredado. La sociedad colombiana es en su origen de castas y Santos representa a las castas superiores. Por eso esas categorías "oligarquía", "aristocracia" son muy vagas.

En esencia, las castas de criollos mantienen a través del Estado un dominio sobre la sociedad. La democracia liberal (globalización) amenaza ese orden y esas castas abrazan el comunismo como tabla de salvación. Por eso empieza en la universidad, donde hacia 1970 sólo irían el 1% de jóvenes colombianos más ricos.

Las guerrillas son guardianas del orden social contra la amenaza de una sociedad moderna. Eso lo he analizado en cientos de posts. Le enlazo algunos.

El gran malentendido

La articulación del movimiento revolucionario

La izquierda colombiana es un grupo étnico

Ruiz_Senior dijo...

Obelisk: los asesinos en Colombia siempre encuentran payasos que los acompañan, a menudo por migajas (como el simple despilfarro en "educación").

Anónimo dijo...

Despierte:
no sólo la oligarquía colombiana está presente en cuba; también lo está la norteamericana, la europea y la asiática; eso de clasificar a Colombia como futuro país comunista es comentario de pendencieros y de chusma narco-paisa. Así como esos narcoterroristas de las farc tienen tienen cuentas pendientes con la justicia nacional y trasnacional, también tienen VERDADES QUE CONTAR; VERDADES a las que le teme la maquinaria oscura y perversa (MANO NEGRA)que con mediocridad y ceguera muchos defienden.

Ruiz_Senior dijo...

Anónimo: Colombia no es un futuro país comunista, ya lo es desde 1991. Y desde 2010 forma parte de la constelación bolivariana.

Todo el odio a Uribe es el miedo de los terroristas a que se aplique la ley. Alguien de otro estilo despertaría aún más odio. Es demasiada la culpa y la plata obtenida para que no se pongan nerviosos con esa idea de la ley.

En Bogotá se considera que da "estatus" de intelectual ser antiuribista. Sólo es un servicio a los que encargan las masacres.

Anónimo Alejandro Cifuentes dijo...

Gracias por los enlaces, leeré sus tesis y luego le comento.

Anónimo dijo...

Es necesario decir que la campaña de Zuluaga tuvo la gran falla de no ser CLARA y CONTUNDENTE contra las FARC. Primero negándose al diálogo de la habana, que era la postura correcta, pero luego con tires y aflojes, si queremos la paz pero no la queremos. Pienso que el Uribismo como opción está mandado a recoger como ud bien dice (se adaptaran al nuevo orden) luego es importante gestar un nuevo movimiento, con real base popular, fuerte oposición a la narcoguerrilla y a la constitución del 91. Pero quien va a recoger la antorcha? Siempre me he preguntado (por que llevo varios años leyéndolos) Por que no comienzan ustedes una iniciativa popular? Un embrión de partido?

Anónimo dijo...

A Winston Churchill se le atribuye aquella frase de que "la democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, excepto todos los demás". Tal vez sea esto brutalmente cierto, pero no menos verdadero es que todos los sistemas merecen ser revisados y, en lo posible, mejorados.

Parece que al señor Uribe el poder le distorsiona la visión de la realidad. Le hace falta más sensatez;...perdón, ud habla de "odio HACIA uribe".. ¿ y donde deja todo el "odio" DE Uribe ?. Cada año veo más hundido al expresidente.

Fíjese bien, los políticos también son una corporación y cada nuevo gobierno no se va a privar de lo que aprovecharon sus predecesores, por eso no proponen cambios sustanciales en lo social sino en lo militar. Entre ellos se protegen.

Si la democracia en Colombia no es reformulada y corregida puede extinguirse. El desprecio ciudadano por la actividad política es creciente en diferentes lugares del mundo. Atribuir ese desprestigio sólo a ciertos sectores de la dirigencia política, es decidir deliberadamente ignorar las raíces profundas del problema y perder la brillante e irrepetible oportunidad de quitar las ramas que impiden que el árbol siga creciendo fuerte y sólido.
La sociedad ya sabe que la democracia no es una panacea.
buen día.

Ruiz_Senior dijo...

Anónimo 10.29

Pues para empezar un embrión de partido falta un grupo de personas convencias, aunque fueran cuatro o cinco, y gente joven dispuesta a llegar a algo con eso. Yo ni siquiera vivo en Colombia.

Ojalá hubiera una minoría que entendiera que el uribismo está mandado a recoger, no por nada de lo que dicen los asesinos sino simplemente porque la embarró con la segunda reelección, dejando a Santos, no haciéndole oposición y no resistiendo a la paz.

Gracias por sus comentarios.