10 jun. 2014

Populismo santista

Por Jaime Castro Ramírez

La política que carece de decencia suele impregnarse de los vicios que conllevan al engaño público a través de maniobras que por supuesto carecen de realidad en sus planteamientos, y cuyo objetivo se direcciona hacia el logro de beneficios personales, sacrificando los intereses del bien común. Es la ausencia total de cultura política para convertirse en la oprobiosa ‘cultura’ del todo vale, con lo cual se concluye obviamente en el indignante episodio de engaño al pueblo por parte de los impostores de la política. Es el escenario predilecto donde actúan los traidores porque al no tener prestigio político se valen entonces de fantasías populistas prometiendo lo que simplemente se convierte en utopías.

El populismo del presidente Juan Manuel Santos

Una responsabilidad esencial de un gobernante es cumplirle a su pueblo los compromisos que adquiere a través de promesas, pues no se puede cometer el grave error social de jugar con la dignidad ciudadana creándole expectativas y luego incumpliéndole.

Infortunadamente para el pueblo colombiano, Santos se ha caracterizado por este tipo de procedimientos populistas y de engaño para sus gobernados, y dirigidos a alimentar su ego personal tratando de obtener beneficios políticos electorales:

1. Empezando por el propio origen del poder al cual llegó utilizando el prestigio ajeno porque no tenía votos propios y en tal condición comprometiéndose a gobernar con unas políticas que de entrada incumplió, y en consecuencia quedándole mal a sus electores.

2. La Constitución colombiana dice en su ARTÍCULO 355: “Ninguna de las ramas u órganos del poder público podrá decretar auxilios o donaciones en favor de personas naturales o jurídicas de derecho privado”. Sin embargo, el presidente Santos pensando en su reelección, convirtió el Estado social de derecho en Estado paternalista al decidir que va a ‘regalar’ 100 mil casas. Claro está que dos años después no ha cumplido sino con la tercera parte de la promesa.

3. Se inventó también la promesa de regalarle 20 millones de pesos a cada una de las 4 millones de víctimas de la violencia terrorista de la guerrilla, con el agravante que ha incumplido la ley porque convirtió esta promesa en lo que llamó ‘ley de víctimas’, y también dos años después no ha cumplido ni mínimamente con el cheque de los 20 millones de pesos. La falta de seriedad es el común denominador, pues esta promesa vale aproximadamente 80 billones de pesos, y las 100 mil casas valen alrededor de 4 billones de pesos, partidas que no están en ninguna parte del presupuesto nacional.

4. Ha prometido la paz para los colombianos, lo que tampoco cumplirá porque la verdadera paz no se hace sin que los victimarios acepten decir la verdad y pedir perdón por sus crímenes, sin que haya justicia, es decir sin impunidad, y sin que los victimarios reparen económicamente a sus víctimas. Según las FARC, nada de esto aceptarán. Pero además, Santos cree que la paz es con un grupito de jefes de las FARC a quienes no se sabe qué tantas concesiones les hará, además de regalarles curules en corporaciones públicas; pero no ha dicho absolutamente nada sobre cómo va a hacer la paz con los 8 mil guerrilleros rasos que cometen crímenes en diferentes regiones el país, quienes de no haber un verdadero arreglo con ellos eventualmente podrían convertirse en bandas criminales y la única diferencia entonces sería que ya no se llamarían FARC.

5. Lo usual de Santos durante su gobierno ha sido hacer promesas por valores billonarios por todo el país, pero el resultado ha sido negativo, es decir, promesas incumplidas, ejemplos: gramalote, autopistas de la prosperidad, navegabilidad del río magdalena, descontaminación y dragado del río bogotá, obras por el desastre que produjo la ola invernal, obras de infraestructura, etc.

En lo que tiene que ver con el hecho de regalar cosas a la gente, constituye una acción irresponsable por cuanto, aparte de contrariar lo que ordena la Constitución, es una forma de quebrar económicamente las finanzas del Estado, pues la política sana de un gobernante no es regalar cosas a particulares con los impuestos que pagan los contribuyentes, sino propiciar las condiciones de una economía dinámica en su acción productiva para crear empleo y que la gente con el producto de su trabajo adquiera lo que necesita, incluida obviamente la vivienda.

Los regímenes que incurren en la largueza populista de convertir el Estado en paternalista terminan arruinándolo, y como es obvio, llevándolo a la instancia de la miseria. Sin ir muy lejos, los colombianos tenemos el ejemplo del vecino Venezuela que está en el extremo de la contradicción: el país más rico, convertido en un país arruinado económicamente, y peor aún sin democracia, gracias al chavismo. Infortunadamente para los venezolanos, ese régimen es apoyado por el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, ¡qué horror! Pareciera que Santos ha sido aplicado alumno en clases de chavismo…

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