9 dic. 2014

El poder irreflexivo

Por Jaime Castro Ramírez

Las cualidades para ejercer el don de gobernar requieren de un importante nivel de equilibrio conceptual, el cual lo aporta el propio valor innato de la prudencia. Las grandes responsabilidades de Estado exigen del gobernante la condición sine qua non del sentido de mucha reflexión y ecuanimidad para la toma de decisiones sabias, las cuales deben corresponder a los requerimientos del curso adecuado de la historia, en el cual se debe registrar el significado de la gestión institucional que garantice la legitimidad del devenir histórico de la nación. Las acciones de improvisación nunca son buena idea, y mucho menos tratándose de decisiones de Estado.

La paz como argumento para justificar el ‘todo vale’
Los colombianos hemos quedado perplejos ante la afirmación del presidente de la república Juan Manuel Santos Calderón, cuando estaba hablando que para efectos de la paz era necesario la ampliación de los delitos políticos, y para contestar una pregunta de un periodista sobre si él pensaba que el narcotráfico era viable involucrarlo como conexo con delitos políticos, sin sonrojarse contestó afirmativamente: “El narcotráfico y sus beneficios, porque eso tiene diferentes facetas”.

Esta expresión presidencial equivale ni más ni menos al propósito de extenderle paz y salvo judicial a las Farc por el delito de narcotráfico del cual se han lucrado y enriquecido en forma exagerada. La comunidad internacional verá con malos ojos esta peligrosa audacia de validación de esta clase de crimen organizado transnacional, del cual se han originado tantas desgracias de violencia criminal, atentar contra el medio ambiente, además del gravísimo atentado contra la salud de la sociedad consumidora.

La propuesta atenta obviamente contra la ley colombiana que castiga severamente el delito de lavado de activos provenientes del narcotráfico, y lo castiga con la expropiación de tales bienes, y además con la condena de cárcel para quienes resulten involucrados en esas conductas criminales. Propiciar el ‘saneamiento’ jurídico para culpables del delito de narcotráfico podría dar lugar a incurrir en el delito de prevaricato para quienes llegasen a aprobar semejante afrenta contra la ley.

Razón tenía la advertencia del Procurador
Pareciera que ahora gobernar a Colombia fuera exclusivamente hablar de la palabra paz, pues practicamente en eso ha convertido Santos su acción de gobierno, y para justificar esa tentativa, incurre en excesos como el mencionado concepto de validarle a las Farc el delito de narcotráfico.

Recientemente, el Procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, había advertido a los colombianos que el mayor escenario de lavado de activos podría estar en la Habana en las negociaciones de paz. Pues ahora resulta que la propuesta aquí mencionada del presidente de la república, confirma el sentido de la advertencia del Procurador. Esto significaría que la inmensa riqueza de las Farc, proveniente del narcotráfico, les quedaría saneada para que luego la disfruten ‘legalmente’. Y lo mismo les permitirán hacer con el grande flujo de dinero proveniente del secuestro y la extorsión. Pero no significa en manera alguna que las Farc vayan a adquirir el compromiso de reparar económicamente a sus víctimas.

Infortunadamente estamos en esta incomprensible e irracional instancia de pretender que el delito político adopte un hijo perverso que no le corresponde por ser un delito común: el narcotráfico.

Cada día parece aún más incierto el camino actual por donde transitan los destinos de nuestra querida república de Colombia…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Se que van a borrar mi comentario pero es una prueba de que en ¨estados civilizados¨ que no tienen nada que ver con la colombianidad se cometen crímenes tan horribles como aquí.

http://www.washingtonpost.com/wp-srv/special/national/cia-interrogation-report/key-findings/?tid=sm_fb

Ruiz_Senior dijo...

Ni abro el enlace, si es por el horror de los crímenes, claro que pueden ser muchísimo peores. Si es concebible que el fiscal diga que no se deben castigar para que haya paz o que el presidente del Senado diga que es mejor tenerlos legislando que matando, sólo sería concebible en una comedia muy zafia ("ordinaria").