16 feb. 2015

¿Les vamos a creer?

Por @AdasOz

“A las FARC hay que creerles”, ratificaba el presidente Juan Manuel Santos las afirmaciones de los principales cabecillas de dicho grupo terrorista cuando afirmaron que habían dejado de secuestrar desde hacía un tiempo y que tampoco eran narcotraficantes. ¿Pero fue eso cierto? ¡Por supuesto que no! Lo cierto es que las FARC no han rendido cuentas a las víctimas ni mucho menos al país sobre todos los secuestrados que llevan a cuestas desde hace años, y mucho menos han dejado de hacerlo. El presidente miente y es cómplice del crimen.

Ahora bien. El pasado mes de diciembre, como es su costumbre hacerlo todos los fines de año, el grupo terrorista anunció un “cese al fuego unilateral”, nada nuevo hasta aquí, pero esta vez era supuestamente de carácter “indefinido” y quedaba condicionado al cese de las actividades militares. En pocas palabras, exigen la rendición del ejército colombiano. Como todos saben, es deber constitucional defender el Estado de Derecho de todo tipo de amenaza, sea esta interna o externa. Por lo tanto, las exigencias provenientes desde La Habana no pueden ser escuchadas ni obedecidas por nuestras Fuerzas Armadas. La ofensiva militar tiene que continuar, pese a que ésta ha disminuido considerablemente desde que se empezó a negociar con las FARC la estructura del Estado y sus leyes.

Pero ¿qué ha pasado con esto? Mientras la ofensiva militar disminuye, las FARC continúan sembrando el terror, cada día más, incumpliendo como siempre el supuesto “cese unilateral indefinido”. Con este cuento fantasioso ilusionan incautos mientras la organización terrorista gana terreno en el ámbito político y en tierra se reubica, se rearma y se fortalece. Utiliza este engaño para hacerse propaganda en los medios de comunicación comprados por el gobierno, que no dudan en señalar a la ofensiva militar como la principal culpable de los actos terroristas al mismo tiempo que dedican columnas enteras para transmitir semejante falacia y le abren micrófonos a reconocidos voceros como Piedad Córdoba, cuyo objetivo es transmitir el mensaje de las FARC y así ejercer presión para que nuestras Fuerzas Armadas se dobleguen ante dichas exigencias. En resumen, para que las FARC salgan victoriosas.


Es así como los medios evitan mencionar a las FARC cada vez que cometen un acto terrorista o prefieren despistar incautos llamándolas “bandas ilegales no identificadas”, tal como sucedió con la masacre de cuatro niños de una misma familia en el departamento del Caquetá, lugar donde bien es sabido que este grupo terrorista hace presencia. A la complicidad de los medios se suma la evidente militancia del Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre, quien no dudó en lavar la imagen de sus socios al ver que todas las pruebas indican que las FARC son las directas responsables del crimen.


Luego de lo anterior, la semana pasada las FARC anunciaron que no reclutarán menores de 17 años e hicieron énfasis en que nunca, en su más de medio siglo de desgraciada existencia para Colombia, reclutaron niños ni a ningún combatiente. Pero “hay que creerles” y peor aún, ¡Hay quienes les creen!


¿En serio le creen a las FARC, que recurren al engaño, para lograr sus objetivos? ¿Es que acaso todavía no se han dado cuenta que el engaño siempre ha sido su estrategia? Si nada de lo mencionado en los párrafos anteriores lo han cumplido, ¿por qué creen que en esta vez sí lo van a hacer? Esos líderes de la oposición tienen que dejar de ser tan incautos y empezar a conocer mejor a su rival, porque de lo contrario, de nada servirán sus esfuerzos por hacer oposición. Pasará lo mismo que con la de Venezuela, nada.

Como ven, el campo de batalla es amplio, puesto que no consiste solamente en ponerse las botas y fusil al hombro recorrer todo el país cometiendo crímenes atroces sino que éste trasciende a muchos otros ámbitos. Al carrusel de la paz orquestado por el gobierno de Santos y los cabecillas terroristas en Cuba se subieron los medios de comunicación, políticos que promueven marchas pro-FARC camuflándose como “pro-vida”, personajes del Jet-Set criollo desprestigiando el buen nombre de otros o sencillamente haciéndole propaganda abiertamente a las FARC, las universidades públicas y privadas organizando charlas sobre el “conflicto armado” adoctrinando a cientos de jóvenes sobre la salida negociada, mientras congresistas y hasta el mismo fiscal se convierten en voceros y protectores de los terroristas. Así es como ha logrado avanzar la falsa “paz” en Colombia. ¿Les vamos a creer?

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