3 jul. 2015

Pero ¿esto lo dice un Premio Nobel de Economía?

Por @ruiz_senior

No es agradable repetirse, pero ¿cuántas veces hay que volver a insistir en la falacia izquierda-derecha? Según Savater, la izquierda es el bando de la libertad. Según muchísimos autores, la derecha es el bando de la libertad. Ciñámonos a lo que se conoce como izquierda en el lenguaje corriente. Los seguidores de líderes como Pol Pot, Kim Jong-un, Tirofijo o Abimael Guzmán se definen como de izquierda y no recuerdo a nadie que diga que sean de derecha. La mayoría de la llamada izquierda no reivindica la obra de estos personajes, pero no ve a sus seguidores como adversarios y en muchos casos comparte puntos de vista con ellos. La izquierda moderada o centroizquierda o socialdemocracia, según la jerga de cada medio y lugar, tampoco los ve como el principal problema sino que busca la cohesión ideológica en el odio a la Iglesia o a los banqueros o a Israel y Estados Unidos.

No se debe pensar que los anarquistas que afloran por todas partes en épocas de crisis sean muy distintos a los totalitarios: colaboran en la destrucción del orden democrático y no tienen fuerza para corregir el nuevo orden comunista. 

Durante mucho tiempo me he preguntado, sin ocasión de conocer la cuestión a fondo, cuáles son los planteamientos de dos iconos de la izquierda internacional, los profesores Paul Krugman y Joseph Stiglitz, ambos reconocidos con el Premio Nobel de Economía. ¿Qué clase de sabios podrían agradar a gente que no ve a los regímenes totalitarios como lo propiamente intolerable y que en últimas los defiende, como ocurre con los regímenes de Cuba y Venezuela? Con ocasión de la crisis griega pude leer artículos de ambos que me dejaron desconcertado. ¿Quién le da un premio importante a mentirosos tan burdos? Puede que el Nobel de Economía sea tan discutible como el de Literatura o el de la Paz, para el que según un importante funcionario noruego Piedad Córdoba estaba muy calificada.

Krugman empieza afirmando que la creación del euro fue un error y sigue describiendo la situación griega. Las mentiras gruesas empiezan en estos párrafos.
Grecia debe votar "no", y su Gobierno debe estar listo para, si es necesario, abandonar el euro.  
Para entender por qué digo esto, debemos primero ser conscientes de que la mayoría de cosas —no todas, pero sí la mayoría— que hemos oído sobre el despilfarro y la irresponsabilidad griega son falsas. Sí, el gobierno griego estaba gastando más allá de sus posibilidades a finales de la década de los 2000. Pero, desde entonces ha recortado repetidamente el gasto público y ha aumentado la recaudación fiscal. El empleo público ha caído más de un 25 por ciento, y las pensiones (que eran, ciertamente, demasiado generosas) se han reducido drásticamente. Todas las medidas han sido, en suma, más que suficientes para eliminar el déficit original y convertirlo en un amplio superávit.
¿De modo que si un país se endeuda porque despilfarra le basta con despilfarrar menos para remediar la situación? Además del despilfarro estaba el engaño en las cuentas. Pero ¿cómo se sabe si son falsas la mayoría de las cosas que "hemos oído" sobre el despilfarro en Grecia? El sustento de esa afirmación es sólo la autoridad de Krugman, y ¿quién ha oído qué sobre eso? Yo he oído seguramente menos cosas que Krugman.

La conclusión de que el déficit original debería haberse convertido en un amplio superávit se sustenta en la misma autoridad. Bueno, en el párrafo siguiente lo explica, sólo que la relación causa-efecto resulta sometida a las exigencias de la retórica y no al funcionamiento de la economía.
¿Por qué no ha ocurrido esto? Porque la economía griega se ha desplomado, en gran parte, como consecuencia directa de estas importantes medidas de austeridad, que han hundido la recaudación.
Luego, el ahorro no condujo al superávit porque la economía se desplomó, lo cual parece una consecuencia ajena al mismo. ¿Cómo puede ocurrir que se gaste más de lo que se tiene y haya que reducir gastos y por eso se caiga la economía? ¿Había alguna alternativa a gastar menos? La caída de la economía, en parte por la inevitable reducción del gasto y en parte por la falta de credibilidad del país, es una verdad a medias: a finales de 2014 estaba empezando un ciclo de recuperación. Baste citar la Wikipedia.
La cuarta revisión del programa de rescate reveló una leve mejoría en la economía griega. Debido a un superávit primario de las cuentas del gobierno tanto en 2013 y 2014 conjuntamente con una disminución de la tasa de desempleo y el retorno de un crecimiento económico positivo en 2014, por lo cual fue posible que el gobierno griego recuperara el acceso al mercado de crédito privado por primera vez desde el estallido de la crisis de la deuda y pudiera realizar una venta de bonos a acreedores privados para financiar la totalidad del déficit para el 2014.
Es decir, después de mucho caer la economía empezaba a recuperarse, si bien no se volvía a las épocas felices en que se gastaba a espuertas. La experiencia de cada persona particular la induce a pensar que sus ingresos y su modo de vida son "naturales" y cuando menguan o desaparecen se atribuye a la acción de un agente del mal. La situación griega ciertamente no era buena, y la recuperación que comenzaba prometía estar llena de "sangre, sudor y lágrimas": esa población acostumbrada al parasitismo que practican sus gobiernos desde antes de que el país entrara en la Comunidad Europea, con la Sexta Flota estadounidense en sus puertos, era particularmente receptiva a las promesas de Syriza, consistentes en dejar de ahorrar y forzar a los acreedores a someterse. Eso se basa en la idea de que si uno le debe mil euros al banco, tiene un problema, pero si le debe un millón, el problema lo tiene el banco. El programa de Syriza, cuya mayoría se formó gracias a que la ley electoral da una bonificación de 50 diputados al partido más votado y al apoyo de un partido de extrema derecha nacionalista, consistía en una serie de promesas de más gasto para en últimas crear un paraíso comunista que pagaban los demás países europeos, con el chantaje de que si sus gobiernos no cedían todos saldrían perdiendo.

De modo que el ascenso de Syriza significó el cese del ahorro y del superávit en las cuentas públicas, y también la fuga de capitales y la pérdida de interés de los inversores. Pero ese dato no existe para Krugman, para el que no ha ocurrido nada nuevo en Grecia (el que lo dude debería revisar el artículo). La economía griega se desplomó como resultado del gobierno de Syriza, cosa que con subterfugios intenta ocultar Krugman en el último párrafo citado. Todo su artículo se basa en la mentira de que el gobierno de Syriza no tiene nada que ver con la crisis que generó. Sigue Krugman:
Y este colapso, a su vez, tuvo mucho que ver con el euro, que atrapó a la economía griega en una camisa de fuerza. Por lo general, los casos de éxito de las políticas austeridad —aquellos en los que los países logran frenar su déficit fiscal sin caer en la depresión—, llevan aparejadas importantes devaluaciones monetarias que hacen que sus exportaciones sean más competitivas. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, en Canadá en la década de los noventa, y más recientemente en Islandia. Pero Grecia, sin divisa propia, no tenía esa opción.
¿Cómo es que las demás economías de la zona euro que sufrieron la crisis de la deuda no tenían esa camisa de fuerza? Pues el caso es que España, Irlanda y Portugal se han recuperado y empiezan a crecer. Para Grecia era un poco más difícil porque el déficit era más alto y la viabilidad de su economía más complicada, pero a finales de 2014 ya se creaban empleos y se registraban subidas del PIB. Un lector desprevenido podría pensar que Grecia siempre ha tenido el mismo gobierno, o que todos habrían hecho lo mismo.
¿Quiero decir con esto que sería conveniente el Grexit —la salida de Grecia del euro—? No necesariamente. El problema del Grexit ha sido siempre el riesgo de caos financiero, de un sistema bancario bloqueado por las retiradas presa del pánico y de un sector privado obstaculizado tanto por los problemas bancarios como por la incertidumbre sobre el estatus legal de las deudas. Es por eso que los sucesivos gobiernos griegos se han adherido a las exigencias de austeridad, y por lo que incluso Syriza , la coalición de izquierda en el poder, estaba dispuesta a aceptar una austeridad que ya había sido impuesta. Lo único que pedía era evitar una dosis mayor de austeridad.
La frase que marco en negrita es una mentira atroz: de no ser por el programa de Syriza la austeridad se habría podido aliviar gracias al aumento de las inversiones y de la confianza de los acreedores. Tsipras no ha aceptado la austeridad sino que ha intentado vivir del chantaje gracias al miedo que genera la salida de Grecia del euro. Ese juego de engaño sistemático, la negativa a pagar y las exigencias de más recursos son la causa del pánico y el caos. Krugman reproduce las mentiras de Tsipras y Varufakis porque es lo que complace a su público.
Pero la troika ha rechazado esta opción. Es fácil perderse en los detalles, pero ahora el punto clave es que los acreedores han ofrecido a Grecia un "tómalo o déjalo", una oferta indistinguible de las políticas de los últimos cinco años. 
Esta oferta estaba y está destinada a ser rechazada por el primer ministro griego, Alexis Tsipras: no puede aceptarla porque supondría la destrucción de su razón política de ser. Por tanto, su objetivo debe ser llevarle a abandonar su cargo, algo que probablemente sucederá si los votantes griegos temen tanto la confrontación con la troika como para votar sí la semana que viene.
¿Se entiende? No es que Tsipras haya incumplido todos los compromisos de su gobierno, sino que la "troika" pretendía imponerle más sacrificios. ¿Cómo es que era indistinguible la oferta de la troika de las políticas de los últimos cinco años y a la vez se exigía más austeridad?

Claro que "la razón política de ser" de Tsipras es un fraude por el que ciertos ciudadanos griegos esperan seguir parasitando a la Unión Europea y al resto del mundo con el chantaje del caos. Krugman legitima ese chantaje y culpa a las víctimas, según la vieja rutina de la izquierda, que, como decía Gómez Dávila, no siempre mata pero siempre miente.

Es obvio que unas políticas consistentes simplemente en pedir más dinero y negarse a pagar no puedan ser aplaudidas por los acreedores, que representan a los demás ciudadanos europeos. ¿Llevaría eso a la salida de Tsipras? Lo único claro es que no puede cumplir lo que les prometió a los ciudadanos griegos porque sería un saqueo a los demás europeos.
Pero no deben hacerlo por tres razones. En primer lugar, ahora sabemos que la austeridad cada vez más dura es un callejón sin salida: tras cinco años, Grecia está en peor situación que nunca. En segundo lugar, prácticamente todo el caos temido sobre Grexit ya ha sucedido. Con los bancos cerrados y los controles de capital impuestos, no hay mucho más daño que hacer.
El texto marcado en negrita es una mentira atroz: la austeridad no es cada vez más dura, sería mucho más suave sin la fuga de inversiones provocada por Syriza. Grecia está en peor situación que nunca a causa de Syriza y a finales de 2014 empezaba a crecer y a tener recursos para pagar las deudas. La desfachatez con que miente este hombre hace pensar en una degradación creciente de la izquierda, para la que Chávez, Petro, Maduro, Ortega, Morales, Cristina y demás son gobernantes respetables. ¿No hay mucho más daño qué hacer? Sólo hace falta que nadie ingrese un euro en los bancos griegos para que el lobo de la hambruna asome sus orejas.
Por último, la adhesión al ultimátum de la troika conllevaría el abandono definitivo de cualquier pretensión de independencia de Grecia. No nos dejemos engañar por aquellos que afirman que los funcionarios de la troika son sólo técnicos que explican a los griegos ignorantes lo que debe hacerse. Estos supuestos tecnócratas son, en realidad, fantaseadores que han hecho caso omiso de todos los principios de la macroeconomía, y que se han equivocado en cada paso dado. No es una cuestión de análisis; es una cuestión de poder: el poder de los acreedores para tirar del enchufe de la economía griega, que persistirá mientras salida del euro se considere impensable.
¿Se entiende que la política sensata es la de Tsipras y Varufakis? Hombres prácticos que atienden a los principios de la economía y tratan de sacar a su país de la pobreza que le generan los fantaseadores de los países acreedores. Lo único que es cierto es que su desfachatez queda pequeña ante la de Krugman.
Así que es hora de poner fin a este inimaginable. De lo contrario Grecia se enfrentará a la austeridad infinita y a una depresión de la que no hay pistas sobre su final.
¿Se entiende que saliendo del euro Grecia tendrá recursos para gastar más y para hacer frente a la depresión? De ese nivel es la mentira de este hombre. Mucho se ha degradado el mundo intelectual para que haya quien lo tome en serio. Lo que se puede decir es que la salida de Grecia del euro servirá para cerrar esa gotera y recuperar la economía de la región: que los griegos paguen la ligereza en que cayeron en manos de estafadores comunistas, como TODOS los que han pasado por ahí, de Rusia a Zimbabue, de Bolivia a Corea.

Pero, con todo, Stiglitz lo supera. Ojo a su texto "Obligar a Grecia a ceder".
Las rencillas actuales en Europa pueden parecer el desenlace inevitable del amargo enfrentamiento entre Grecia y sus acreedores. En realidad, los dirigentes europeos están empezando a mostrar verdaderamente por qué se pelean: por el poder y la democracia, mucho más que por el dinero y la economía. Los resultados económicos del programa que la troika impuso a Grecia hace cinco años han sido terribles, con un descenso del 25% del PIB nacional. La tasa de desempleo juvenil alcanza ya el 60%. No se me ocurre ninguna otra depresión en la historia que haya sido tan deliberada y haya tenido consecuencias tan catastróficas.
Las mismas mentiras de Krugman: no hubo ningún cambio con el ascenso de Syriza ni hubo superávit de las cuentas públicas en 2013 y 2014. La "imposición" a Grecia de un programa de austeridad consistente en que dejara de haber grandes cantidades de personas que cobraban sueldos altos sin trabajar parece un abuso, siendo lo correcto ese PIB basado en el engaño a los socios europeos y en el despilfarro. Como si la víctima de una pirámide de Ponzi cree que alguien debe garantizarle las ganancias que tuvo en otra.
Sorprende que la troika se niegue a asumir la responsabilidad de todo eso y no reconozca que sus previsiones y modelos estaban equivocados. Pero todavía sorprende ver más que los líderes europeos no han aprendido nada. La troika sigue exigiendo a Grecia que alcance un superávit presupuestario primario del 3,5% del PIB en 2018. Economistas de todo el mundo han dicho que ese objetivo es punitivo, porque los esfuerzos para lograrlo producirán sin remedio una crisis aún más profunda. Es más, aunque se reestructure la deuda griega hasta extremos inimaginables, el país seguirá sumido en la depresión si sus ciudadanos votan a favor de las propuestas de la troika en el referéndum convocado para este fin de semana.
No, no estaban equivocados los que votaron por Syriza creyendo sus promesas de resolver los problemas gastando más sino los representantes de los acreedores, que esperaban que les pagaran cuando lo correcto era seguir gastando en quienes sólo tienen por objeto pedir más y más.

¿Quién habla de superávit? ¿Entiende el lector que lo que hace Syriza no tiene nada que ver? ¿Que al final de 2014 la economía estaba creciendo? Claro que si el país no genera confianza a los inversores por estar en manos de comunistas que tratan de parasitar al resto de Europa seguirá sumido en la depresión.
En la tarea de transformar un déficit primario inmenso en un superávit, pocos países han conseguido tanto como Grecia en estos últimos cinco años. Y aunque los sacrificios han sido inmensos, la última oferta del Gobierno era un gran paso hacia el cumplimiento de las demandas de los acreedores. Hay que aclarar que casi nada de la enorme cantidad de dinero prestada a Grecia ha ido a parar allí. Ha servido para pagar a los acreedores privados, incluidos los bancos alemanes y franceses. Grecia no ha recibido más que una miseria, y se ha sacrificado para proteger los sistemas bancarios de esos países. El FMI y los demás acreedores no necesitan el dinero que reclaman. En circunstancias normales, lo más probable es que volvieran a prestar ese dinero recibido a Grecia.
¿Sabe Stiglitz que EL GOBIERNO GRIEGO CAMBIÓ EN 2015? La falacia de "el gobierno" hace pensar que Syriza sigue siendo lo mismo que los gobiernos anteriores, pero precisamente su programa consiste en gastar más y negarse a pagar, a tal punto que el último vencimiento del FMI no lo pagó. El cuento de que el dinero prestado a Grecia no ha ido a parar ahí parte del supuesto de que la deuda se remedia olvidándola. Del mismo estilo es el de que el FMI no necesita el dinero que le cobra a Grecia. ¿Necesita el banco o su dueño el dinero que nos ha prestado? ¿Qué clase de idiotas pagan las deudas si casi siempre se podría demostrar que el acreedor necesita menos el dinero? Podrían volver a prestar ese dinero a Grecia, pero a finales de 2014 empezaba a crecer y la llegada de los comunistas acabó con esa esperanza. Eso lo oculta Stiglitz con increíble mala fe.
Pero repito que lo importante no es el dinero, sino obligar a Grecia a ceder y aceptar lo inaceptable: no solo las medidas de austeridad, sino otras políticas regresivas y punitivas. ¿Por qué hace eso Europa? ¿Por qué los líderes de la UE se oponen al referéndum y se niegan a prorrogar unos días el plazo para que Grecia pague al FMI? ¿Acaso la base de Europa no es la democracia?
El referéndum consiste en otro engaño de Tsipras a su población, que votará pensando si gastarse el dinero ajeno o no, como si eso fuera posible. La idea de que "la democracia" consiste en referendos de esa clase avergonzaría a Nicolás Maduro, pero es por ese encanto increíble de la retórica barata por lo que este genio es un icono de la izquierda. ¿Cuántos días habría que prorrogar el pago al FMI? Otra mentira.
En enero, los griegos eligieron un Gobierno que se compremetió a terminar con la austeridad. Si Tsipras se limitara a cumplir sus promesas, ya habría rechazado la propuesta. Pero quería dar a los griegos la posibilidad de opinar sobre una cuestión tan crucial para el futuro bienestar del país. Esa preocupación por la legitimidad popular es incompatible con la política de la eurozona, que nunca ha sido un proyecto muy democrático. Los Gobiernos miembros no pidieron permiso a sus ciudadanos para entregar su soberanía monetaria al BCE; solo lo hizo Suecia, y los suecos dijeron no. Comprendieron que, si la política monetaria estaba en manos de un banco central obsesionado con la inflación, el desempleo aumentaría.
"Terminar la austeridad" no es una opción: no hay ni un solo país y casi ni una sola persona en el mundo que no tenga que ceñirse a sus posibilidades. La promesa de gastar más de Tsipras se basaba en la idea de chantajear a los acreedores a punta de movilización popular y amenaza de crisis generalizada para la moneda única. Con bellas palabras Stiglitz legitima esa política, con adjetivos define las que podrían conducir a Grecia a salir de la ruina. ¿Acaso se puede decidir salir de la austeridad cuando no se tienen recursos? Para obrar con tanta mala fe hace falta despreciar mucho al público.

Muy interesante esa idea de que lo "democrático" depende de la convocatoria de referendos. Precisamente se definen como un rasgo de las dictaduras, someter a la ciudadanía a un chantaje por el que si no apoya lo que se le ocurra al gobernante asume las consecuencias.
Lo que estamos presenciando ahora es la antítesis de la democracia. Muchos dirigentes europeos desean que caiga el gabinete de izquierdas de Alexis Tsipras, porque resulta muy incómodo que en Grecia haya un Gobierno contrario a las políticas que han contribuido al aumento de las desigualdades en los países avanzados y decidido a controlar el poder de la riqueza. Y creen que pueden acabar con él obligándole a aceptar un acuerdo contradictorio con su mandato.
¿Se entiende? Los contribuyentes de los demás países europeos deben mantener las políticas griegas contrarias a las de sus gobiernos por pura solidaridad progresista. El "acuerdo contradictorio con su mandato" que quieren imponerle los demás gobiernos al griego es dejar de gastar grandes cantidades de dinero de cada ciudadano (sólo España ha invertido 26.000 millones en la deuda griega, unos 600 euros por cada habitante) en políticas justicieras en Grecia. ¿Cómo puede dar clases este hombre y aun recibir un Premio Nobel? Como podría recibirlo Piedad Córdoba. La democracia consiste en que alguien gobierne con apoyo popular para gastar el dinero ajeno sin que se lo pueda cuestionar.
Es difícil aconsejar a los griegos qué votar. Ninguna alternativa será fácil, y ambas son arriesgadas. Un sí significaría una depresión casi interminable. Quizá un país agotado y empobrecido pueda obtener, por fin, el perdón de la deuda; quizá entonces pueda recibir ayuda del Banco Mundial, en esta década o la siguiente. En cambio, el no podría permitir que Grecia, con su sólida tradición democrática, se haga cargo de su destino. Entonces los griegos podrían tener la oportunidad de construir un futuro, aunque no tan próspero como el pasado, sí mucho más esperanzador que el inadmisible tormento actual.
¿Grecia tiene una sólida tradición democrática? ¿Este hombre es tan ignorante o tan mentiroso? ¿El camino de un país endeudado es el perdón de la deuda o el crecimiento económico?

Lo que asegura la miseria griega, tanto si gana el sí como si gana el no, es la persistencia del gobierno comunista, como ocurre en todos los países que lo sufren. Pero es el gobierno de la izquierda, o sea, de la gente que aplaude a Krugman y Stiglitz, cuyo éxito termina siendo el respaldo de universidades estadounidenses y del Premio Nobel. Son tan mentirosos como Tsipras.

Y sale una conclusión clara sobre qué es "izquierda": el bando de la mentira.

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