29 sep. 2015

Colombia en paz

Por @ruiz_senior

El titular oportuno
La "paz" es la obra de gobierno de Santos y toda la supuesta negociación funciona según una programación que probablemente elaboran funcionarios del gobierno cubano: reducción de atrocidades antes de las elecciones, anuncios significativos en momentos en que conviene al interés del gobierno, prolongación durante años del "proceso" para favorecer la reimplantación de los terroristas en las áreas de las que habían sido expulsados y la recuperación del negocio de la extorsión, así como la ampliación de la exportación de cocaína y productos de la minería ilegal gracias a la conexión venezolana. La orgía de masacres que precedió al anuncio de la "tregua" forma parte del mismo plan, y es la pieza central: sin ellas, las ventajas de la paz serían incomprensibles para la gente.

El reciente anuncio de un acuerdo sobre "justicia transicional" corresponde a esa necesidad de un titular que haga olvidar los escándalos de la Fiscalía y la conducta servil del narcorrégimen tras los atropellos de Maduro contra los inmigrantes colombianos. La propaganda hace el resto, la obvia desconfianza de la gente ante la componenda se apaga ante el ruido que hacen los estudiantes en las redes sociales y los medios pagados con recursos públicos. De paso se aprovecha la proximidad de la Asamblea General de la ONU y aun de la adjudicación del Nobel de la Paz.

Muy equivocados andan los que creen que hay un gran rechazo popular a esa "paz". La incapacidad de entender que sólo se trata de la consumación total de todos los crímenes terroristas define el primitivismo del país: una sociedad sin normas ni moral en la que abundan los que corren a reconciliarse en nombre de gente que no les importa y los que calculan que premiando a los criminales se ahorran peligros (en comparación con la estupidez de este cálculo, la cobardía y servilismo de quienes lo hacen resultan casi excusables). Cuando le den el Nobel a Santos, y yo casi podría apostar a que se lo dan, si no este año, el próximo, será el "rey del universo", como dijo su primo Francisco Santos que ocurriría si conseguía la paz. La adhesión popular será plebiscitaria, como una votación soviética. De hecho, la promesa de acuerdo de paz en marzo le asegura a Santos que sus propuestas de ley habilitante y "congresito" encontrarán poca resistencia y saldrán adelante.

Para mí, las reacciones de los colombianos descontentos son fascinantes. Se me figuran como un grupo que espeta a una persona y la asa a la brasa pero se indigna ante cualquier transgresión de la etiqueta a la hora de comérsela. ¿Cuál es el escándalo porque finalmente la paz comporte la impunidad de los terroristas si, en comparación con el poder que alcanzan, la impunidad y la elegibilidad son insignificantes? Supongamos que todos los miembros de las FARC quedaran completamente impunes y pudieran ser elegidos. ¿Habrán desistido de implantar un régimen totalitario? ¿Se habrán disuelto? ¿Habrán entregado las armas? ¿Habrán contado toda la verdad de sus crímenes? ¿Habrán pedido perdón? ¿Por qué no se habla de eso? Yo no recuerdo que hubiera más de una docena escasa de personas que se opusiera a la negociación. Los uribistas la aplaudieron. No recuerdo AL PRIMERO que se haya mostrado en desacuerdo con las perlas de Francisco Santos. Algún día tenía que llegar la paz y el lloriqueo por algo que se aplaudió es indecente.

Todo es la mezquindad y vulgaridad de una gente que ante la monstruosidad del golpe de Estado de Santos sólo tiene reacciones basadas en conveniencias de corto plazo. No querían oponerse a que se negociaran las leyes con criminales para evitar que los describieran como enemigos de la paz y para mantener puentes con el partido de la U, a tal punto que Uribe promovía la página del senador Juan Lozano, ojala.com.co. Finalmente resultan resignados a que el gobierno busque la paz aunque no muy contentos, como si la abolición de la ley y la democracia fueran una posibilidad cualquiera.

Un motivo muy importante de esa actitud es la persecución judicial: una oposición resuelta de Uribe habría significado que lo encarcelaran como encarcelaron a Ramos y a muchos otros. Pero ¿no podía salir del país y denunciar el régimen? No, porque tiene su cuota de poder, sus propiedades, etc., por lo que hace oposición hasta donde le permiten hacerla, y le permiten hacerla hasta donde les conviene, exactamente igual que los partidos campesino y católico en la Polonia comunista.

El segundo posconflicto
La paz es el mayor de todos los crímenes de la historia de Colombia y el uribismo la apoyó, por lo que es plenamente cómplice. Pero ¿qué paz? La negociación de paz con los insurgentes que obedecen al régimen cubano consiste en que éstos toman el poder, pero eso fue lo que ocurrió en 1991, cuando un golpe de Estado favorecido por el bochinche estudiantil y planeado de consuno con Pablo Escobar condujo a la consumación de acuerdos previos de la elite dominante con el M-19.

Una parte significativa de esa toma del poder es el texto mismo de la Carta, que legitima el asesinato como "delito político" y aun la existencia de insurgencia armada. La otra, no menos importante, es la composición de las altas cortes a partir de "purgas" (la propia masacre del Palacio de Justicia fue una de ellas) y de promociones incentivadas por el crimen organizado y cuidadosamente seleccionadas por los terroristas y sus socios. No está de más recordar la relación entre el M-19 y el Grupo Santodomingo, verdadera muestra del sentido del terrorismo, que ahora se hace evidente con la propaganda de la paz y con el odio a cualquier discrepancia en el periódico de ese grupo y en el resto de los medios de la oligarquía.

De modo que no hay que asustarse demasiado: antes de firmarse la paz con las FARC ya existe un régimen totalitario en Colombia y la idea de que un personaje que obra como Eduardo Montealegre puede ser fiscal sólo deja ver lo bárbaro que es el medio colombiano. En cualquier país civilizado estaría en la cárcel, no enviando a la cárcel a nadie. Pero ¿y Vivianne Morales? ¿Y la Corte Suprema de Justicia que justifica en sus sentencias a las bandas terroristas? ¿Y la Corte Constitucional que legisla y no tolera que se le pida que sus órdenes sean realizables, porque eso sería hacerla cómplice de la ineficiencia del Estado? (Lo dijo Montealegre cuando era presidente de esa corte.) ¿Y el conjunto de magistrados que más o menos abiertamente representan a una banda de asesinos como las FARC, como Carlos Gaviria, Alfredo Beltrán y muchísimos otros?

Colombia no es una democracia y el avance de los terroristas no es un vuelco de una situación tolerable sino un agravamiento de un orden totalitario y opresor del que en últimas el genocidio forma parte: la conjura terrorista no es de los enemigos del Estado sino un recurso de los dueños del Estado. El que no sea la revolución sino la resistencia de un orden viejo es algo que el lector de este blog ya tiene que haber encontrado suficientemente explicado.

De nuevo la alusión a ese orden permite evaluar el uribismo: no es rechazo al orden del 91 sino una de sus variantes, no sólo por el pasado de Uribe como compañero de Samper en el Poder Popular y de José Obdulio Gaviria con el maoísmo y el movimiento Firmes (frente legal del M-19), sino sobre todo por su absoluto desinterés en cambiar esa constitución durante los ocho años en que Uribe fue el líder nacional indiscutido (esto se debe entender como que su popularidad siempre fue alta, no que no tuviera enemigos). Muchas veces pienso que pese a su innegable inteligencia Uribe es un señor con muy escasa comprensión de la historia y de la sociedad.
La vida en paz
El que quiera plantearse qué le espera a Colombia a partir de ahora no puede prescindir de leer este artículo. El presupuesto de la paz es el reconocimiento de legitimidad a los terroristas y su sentido es la entrega del poder absoluto. Pero ¿es tan complicado entender que no hay ninguna diferencia entre el gobierno y las FARC? El verdadero poder desde hace ocho décadas es el clan de los López-Santos-Samper, el mismo que se apoyó en el Partido Comunista en los años cincuenta y promovió a todas las bandas terroristas desde la revista Alternativa, creada en 1974. Todos los jefes terroristas son en últimas subalternos suyos y a la vez compañeros de la misma conjura dirigida por los Castro. Los asesinatos obedecen al interés de controlar el país negociando la paz (el episodio que contaba el general Valencia Tovar de la derrota total del ELN que evitó López Michelsen es muy elocuente al respecto).

Ese mismo clan está detrás de toda la industria de la cocaína, y de eso sobran evidencias. Baste recordar la reunión de López Michelsen con los "capos" en Panamá, o el papel del régimen cubano en el negocio. De algún modo, la negociación busca garantizar la continuidad de la producción y a la vez el control del Estado. No es concebible que los terroristas intenten desplazar a la oligarquía porque carecen de apoyo popular y no podrían someter a los medios, mientras que sus clientelas fanáticas de las universidades dependen de los nombramientos que siguen a la lucha en el movimiento estudiantil.

Obviamente se avanzará en el control del ejército y la policía, pero, de nuevo, los terroristas propiamente dichos tendrán un papel secundario porque las castas del poder no van a dejarse desplazar por ellos. Seguramente el terrorismo continuará gracias a que los jóvenes de las FARC se pasarán al ELN mientras que los viejos se harán respetables políticos y funcionarios. En todo caso, el secuestro podría reducirse aún más porque ahora corre por cuenta del poder judicial: las persecuciones obviamente avanzarán y la adquisición de rasgos parecidos a los de las satrapías cubana y venezolana también es inevitable.

La cuestión decisiva es el empobrecimiento seguro de los próximos años y sus consecuencias: ¿surgirán corrientes de rechazo al narcorrégimen? ¿Funcionará la represión selectiva en forma de colectivos, círculos, comités, etc.? ¿Se mantendrá la armonía entre las castas del poder y las bandas terroristas, que ahora sirven a aquéllas para asegurarse rentas y control, o habrá quien intente verdaderamente implantar un régimen comunista? ¿Seguirán contando con gobiernos aliados en Estados Unidos?

Lo que sí es seguro es que la respuesta tardará todo lo que persista el uribismo, que no vacila en promover al maoísta Robledo como líder del descontento. Cualquier proyecto de fundación de un régimen verdaderamente democrático tiene que partir del rechazo rotundo al régimen del 91 y a todos los que tienen que ver con él, particularmente los magistrados, verdaderos ejecutores de la iniquidad en medida aún mayor que los que lanzaban cilindros bomba y castraban policías en público.

Para los budistas, el hecho de poder llegar a ser el buda es el sentido de toda existencia. Lo mismo se podría decir de las sociedades: todas pueden y deben aspirar a tener instituciones decentes y jueces justos. Sin cuestionar a los criminales de todo tipo que la han oprimido, Colombia no podrá salir jamás de su barbarie.

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