19 mar. 2016

La derecha en Colombia

Por @ruiz_senior 

Sentido móvil
Hablar de "derecha" e "izquierda" es una cosa muy grata para los demagogos y propagandistas. Esas palabras tienen un sentido móvil que les conviene para atraer la adhesión de su público: el programa socialista de la Falange en las dos primeras décadas de la dictadura de Franco era de derecha, un programa casi idéntico en Rumania era de izquierda; la "violencia caballeresca" de los fascistas italianos era de derecha, la "máquina de matar" que a punta de odio construía el Che Guevara era de izquierda, por mucho que fueran ideas idénticas y aun la segunda copia de la primera (todos los ideólogos jesuitas de después de la Segunda Guerra Mundial parecen copiar a Enrico Ferri, el maestro fascista del fascistoide Jorge Eliécer Gaitán); el exterminio de los judíos por los nazis es de derecha, mientras que el de los kulaks (en el fondo otro grupo étnico, tal como la minoría judía en Alemania era una clase social) por los precursores bolcheviques es de izquierda (sin olvidar que hoy en día el odio antisemita es una seña de identidad de la izquierda), etc. Incluso cosas tan emotivas como las emociones "telúricas" del indigenismo y las teorías de resentimiento tipo Galeano proceden de la misma raíz romántica del Blut und Boden nazi.

La causa de los nuestros
No obstante, la izquierda gana partidarios de forma automática entre los jóvenes gracias a la identificación espontánea, tal como ocurre con los nacionalistas: el enemigo es el que no forma parte del "combo", el que cría vacas en regiones remotas o posee tierras o lleva uniforme militar. Cualquiera que parezca sometido a una disciplina distinta al cómodo relajo de los herederos naturales de los cargos públicos. Como no están cerca para explicarse, se les atribuyen todas las perversidades imaginables y la causa de todas las desgracias existentes en el mundo. También estar vendidos a las potencias extranjeras, por mucho que sea exactamente al contrario: tal como ocurre en toda Hispanoamérica, la propaganda comunista es lo que se llama educación, y aceptarla provee títulos, prestigio y rentas.

El partido de la tradición
Si la derecha es el partido de la tradición, como suponen los que usan esas distinciones, la izquierda colombiana sería la primera derecha: defiende los privilegios de los universitarios y los empleados estatales, que dadas las condiciones del país son los mismos. El origen remoto de esos sectores sociales son las castas superiores de la sociedad colonial, lo cual refuerza el aserto anterior. La izquierda colombiana es la más típica derecha. Si se toma por el lado de la desigualdad social, no sólo son claramente el sector acomodado sino que generan desigualdad, como se vio en los años noventa tras la Constitución que implantaron y gobiernos ligados al comunismo como el de Samper. Es verdad que son rotundamente hostiles a los empresarios, pero no porque defiendan valores poscapitalistas sino plenamente precapitalistas: su fundamento ideológico y moral es la mentalidad del castellano viejo, cuyo rasgo principal es la aversión al trabajo. Usando la jerga marxista, la izquierda colombiana es la fuerza que impide el desarrollo de las fuerzas productivas. La industria del secuestro lo confirma, tras destruir a todos los productores eficientes en las ciudades y en el campo, los patricios de siempre reforzaron su poder en un país mucho más atrasado y pobre.

Tradicionalismo oficial
No obstante, hay otra derecha que se describe como tal y que no enmascara los presupuestos jerárquicos de la tradición: son gente que expresa abierta nostalgia por las castas coloniales y que se puede encontrar entre los prosélitos literales de Gómez Dávila o la gente que rodea al procurador Ordóñez. Un rasgo de identidad que la define respecto a la izquierda es la militancia católica, un tanto paradójica cuando la Conferencia Episcopal y el mismo papa son aliados abiertos de los genocidas comunistas. Ya en una ocasión me ocupé de esta gente comentando un escrito de un abogado que se opone a los derechos humanos enarbolando la bandera del "bien común". Esta derecha del Partido Conservador y otros reaccionarios reactivos tiende a menguar porque no tiene nada que ofrecer a las mayorías, aunque gracias al terrorismo comunista sigue encontrando adhesiones.

El bando del Gran Colombiano
La inmensa mayoría de los colombianos mayores de cincuenta años que no disfrutan de rentas públicas tienen una imagen muy favorable de Uribe porque recuerdan el desorden sin fin de los ochenta y los noventa, que terminó con la tortura incesante del Caguán. Incluso la situación relativamente amable del último lustro es un logro de su gobierno, pues sin la extraordinaria ampliación que tuvo la economía y sobre todo la extracción de materias primas durante los ocho años en que gobernó no habría sido posible aprovechar los precios altos de que disfrutó el primer gobierno de Santos. Ese fácil reconocimiento en un líder que remediaba necesidades urgentes y proveía mejoras indiscutibles enmascara la tremenda confusión que en sí lleva: los uribistas pueden ser la típica gente que en Perú acompañaba a Fujimori y en Chile a Pinochet, y a la vez izquierdistas decepcionados por las FARC y sus socios (en un video de propaganda contra el gobierno vi el lema "la salud es un derecho y no un negocio", típica consigna comunista que no molesta a los uribistas. Incluso discutí una vez con uno que defendía a Fidel Castro).

El valor de la "burguesía nacional"
La denuncia del aislamiento colombiano y de la persistencia de la mentalidad colonial con su racismo, sus castas y el parasitismo cómodo de algunos lleva a muchos anticomunistas oficiales a rechazar este blog: les parece muy parecido a la retórica izquierdista y muy tibiamente anticomunista, pero ¡qué maravilla! NINGUNO abre la boca para rechazar las mentiras de José Obdulio Gaviria sobre el MOIR y su creador, Francisco Mosquera. 
... curiosamente, por ejemplo hay sectores de la izquierda como el de Robledo que nunca han estado vinculados al terrorismo y que inclusive fueron críticos del terrorismo siempre. Francisco Mosquera es uno de los adalíes de la lucha antiterrorista y es el fundador del Moir
Mentira que el MOIR nunca estuviera vinculado al terrorismo siendo aliado electoral del Partido Comunista ya en 1974 y miembro fundador del Polo Democrático. ¿Qué es estar vinculado al terrorismo? Las FARC eran abiertamente el brazo armado del Partido Comunista, cuya fuerza derivaba en últimas del dinero soviético y del poder que alcanzaran los asesinos. Pero ¿qué era el MOIR? Antes se llamaba "MOEC" y surgió cuando los comunistas chinos rechazaron el "revisionismo" de Jruschov por adhesión a la ortodoxia de Stalin y por rechazo a la negativa soviética a emprender una guerra nuclear contra Estados Unidos. La palabra mamerto se atribuye ahora a los nombres de pila de algunos dirigentes del PCC, pero en los setenta se consideraba derivada de "mamarse", echarse para atrás ante la urgencia de hacer la revolución. Mientras los "revisionistas" del PCC participaban en las elecciones, los maoístas de Mosquera distribuían el Libro rojo de Mao y hacían propaganda de la Revolución cultural china y de su heredera, la "Kampuchea democrática". Bogotá estaba llena de pintadas alusivas a esa bella ilusión firmadas por el MOIR. Si Mosquera rechazaba el foco guerrillero no era por principios "antiterroristas" sino por cuestiones tácticas, aunque siguiendo la experiencia camboyana sí envió a miles de jóvenes a "descalzarse" al campo para crear la base de la "guerra popular prolongada" con que esperaba hacer la revolución. Eso es el uribismo, confusión moral en torno a un líder que lo mismo lleva a asesinos como Everth Bustamante al Senado que reivindica a politiqueros infames como Juan Lozano.

Jóvenes libertarios
Dado que izquierda y derecha son palabras de significado móvil, conviene recordar que para millones de personas, sobre todo fuera de Colombia, la izquierda es el bando estatista y la derecha el bando antiestatista, el de la reducción al extremo del Estado. Siendo así, los seguidores del liberalismo radical serían típicos derechistas, pero ciertamente a los colombianos que predican esa doctrina no les gustaría que los llamaran así. Bueno, como sociológicamente no existe la base social del liberalismo (salvo en grupos religiosos como los evangélicos), ocurre como cuando organizan bailes en las cárceles y a algunos presos les toca hacer de mujeres. Los "libertarios" colombianos se proclaman equidistantes entre uribistas y santistas: al uribismo le reprochan, con razón, su estatismo, y gracias a esa coartada se sustraen a cualquier resistencia efectiva al premio del crimen, para la que proponen una "paz ciudadana" que no corresponde a la realidad (no que no sean realistas, sino que por sentido práctico se preparan para predicar su ideología irreal con alguna subvención en el mundo que seguirá a la firma de la paz). Cuando se habla del tráfico de drogas replican con la fórmula libertaria (que culpa a los prohibicionistas) que oculta la realidad colombiana de dominio de las bandas criminales.

Más allá de la izquierda y la derecha 
Sobre todo hay que entender que el resto del mundo no es como Colombia y que la primera urgencia del país es la vigencia de la ley y el freno al narcorrégimen que implanta la tiranía de las FARC y convierte al país en otro satélite del narcoimperio cubano. En el largo plazo, no se trata de un enfrentamiento entre abstracciones universales que se disuelven en el ácido local sino de la forma en que una sociedad esclavista se asimila a la democracia moderna. La tiranía de siempre tiene el poder con base en los millones de la cocaína y en el control del presupuesto, pero su única obra es el despilfarro y la creación de pobreza. En ese esfuerzo es necesario un discurso distinto de todos los aquí descritos como "derecha": ciertamente es necesario reducir el gasto público, pero más urgente es crear un Estado legítimo que haga cumplir la ley, es decir, superar el régimen del 91 y aun procesar a los funcionarios que durante estas décadas han delinquido de forma abierta, como el siniestro Montealegre, al que nunca nadie denunció por prevaricato, como correspondía.

Es decir, la clave es la vigencia de los derechos humanos, base de una legalidad que ni es vigente ni se cumple (baste pensar en la exclusión de los militares del voto o en la licencia para matar que admite el engendro del 91 con el nombre de "delito político"). Cualquier distracción doctrinaria que impida la lucha por esa causa, cualquier alianza táctica con los totalitarios, como la del uribismo con Robledo (un compañero de fatigas de Iván Cepeda cuyo proteccionismo lo hace peor que Santos, que al menos consiguió firmar varios tratados de libre comercio), termina siendo funesta.

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