12 may. 2017

Sanción social, no censura

Por Diegoth

Cuando estaba en la universidad, iba a ir a un concierto de Paul Gillman. Me enteré con un amigo que estaba dando una rueda de prensa cerca, así que fuimos los dos al sitio. Estábamos en plan clase, y teníamos ropa común y corriente, nada negro ni rockero. Así llegamos a la rueda de prensa. Era 1996, creo. Gillman llevaba muchos años artísticamente muerto y acababa de lanzar un nuevo disco, relativamente bueno. Hasta entonces había estado sobreviviendo desde mediados de los 80 a punta de cantar babosadas como "Adriana" y "Johnny sé bueno" en Sábado Sensacional. Humillante eso.

Entramos a un salón en un edificio y ahí estaba Gillman firmando autógrafos a una masa de metaleros, todos de negro, excepto mi amigo y yo. Yo no iba a pedir autógrafo. Solo teníamos un rato libre y quisimos ir por curiosidad. De repente se abrió la masa negra y quedé frente a él. Mi amigo es negro e iba vestido creo que de amarillo. Yo iba con ropa normal, una camisa a cuadros. Gillman nos miró de arriba abajo. Y puso cara de "¿qué hacen aquí estos dos? No tienen pinta de rockeros, qué asco". Me pareció una actitud muy estúpida.

Al día siguiente fue el concierto, y como ya tenía entrada comprada, fui con unos amigos. El playback de Gillman fue asquerosamente evidente. Llevábamos unas semanas escuchando su nuevo disco, así que nos sabíamos hasta el orden de las canciones. El concierto fue idéntico. Fue simplemente darle play al disco y empezar a hacer el playback en la tarima. Nada más fue eso. Era exactamente el mismo sonido de estudio.

Aun así, aunque su concierto fue una burla, las canciones no eran malas. Pero 7 años después Gillman consiguió lo que tanto deseaba: Financiamiento del Estado. Ya con Chávez, en 2003, lanzó un nuevo disco lleno de letras mucho más antisistema que lo normal. Desde entonces Gillman fue haciéndose famoso no por sus canciones, ya que su nuevo disco "rojo rojito" resultó musicalmente horrible... Y sus letras forzadas, como siguiendo una programación entregada por el gobierno. Se acabó el artista Gillman y nació el miliciano Gillman.

Hasta que llegó a pedir al gobierno para el que ahora trabajaba, que no financiara proyectos artísticos de bandas no alineadas con el PSUV. El Gillman que de niño escuchaba con Arkángel, el de "Levántate y Pelea", el del Silbón, ahora era el de la boina roja y la tarima política. El nuevo Gillman, el miliciano y ya no más el artista, ahora en vez de cantar se dedica a vociferar consignas en favor de la dictadura venezolana. El Gillman que antes aborrecía a los políticos "ladrolíticos" ahora trabaja para ellos, y si le ordenan llamar "apátrida" a Capriles, lo hace sin sonrojarse.

Ahora porque viene a recibir de su misma medicina en Bogotá, llega a Telesur con el rabo entre las patas quejándose porque se la devolvieron. Así que quienes alegan que Gillman fue "censurado", sepan primero que él es un censurador. Si creen que es un artista, sepan que solo es un militante gubernamental. Ni artista, ni censurado. Gillman simplemente recibió al fin de su propia sopa. Venezuela vive bajo una dictadura atroz y él lo sabe.

Pero lo suyo no es simple apoyo ideológico. Él se presta abiertamente para promover al régimen dictatorial. Le sirve de promotor. Que pague. ¿Cuántos jóvenes que pudieron haber disfrutado de las viejas canciones de Gillman han sido asesinados por los GNB y los colectivos que él tanto apoya? Por mí está bien que Julio Correal decidiera sacarlo de Rock al Parque. Es una pequeña dosis de justicia no contra un "artista" sino un ESBIRRO.

Gillman, el cónsul venezolano en Suiza, la periodista oficialista en Madrid, la hija del corrupto en Australia, todos están recibiendo lo que sembraron. Que no tengan descanso ni paz, que no tengan respiro fuera de Venezuela. Que sepan que el mundo los aborrece. Que no toleramos más la dictadura. Que sepan que estamos al tanto de que cada pisada que dan en el exterior es financiada por el PSUV con el dinero que roba a los venezolanos. Mientras millones de ellos coman una vez al día y no consigan medicinas, que no haya espacio para un Maldonado, un Dudamel ni un Gillman. FUERA DE AQUÍ.

2 comentarios:

Johanna Palma dijo...

Lo que paso con este señor "Rokero" es consecuencia del exito que esta logrando los expatriados Venezolanos donde han logrado acorralar a todo aquel que apoyo o apoya al regimen chavista y viven o pasean o hacen sus giras en el exterior. Esta estrategia espontanea de Venezolanos exiliados esta teniendo mas fuerza que las mismas manifestaciones dentro de Venezuela por que lograr que los patrosinadores de la dictadura Venezolana sean vistos como criminales nazis tendra fuertes consecuencias que terminaran por una gran movilisacion externa que precione a eleciones democraticas en Venezuela. Los exiliados Venezolanos no solo deberan a apuntar solo a compatriotas que por ideologia o por razones monetarias apoyaron la construcion de la Bomba atomica social que dejaron caer sobre Venezuela ya que la mira debe dirigirse a muchos no Venezolanos que de una u otra forma ayudaron a asesinar a miles de cientos de Venezolanos de diferente formas y sometieron a esa nacion en un estado de hambre. Les ayudo con la lista Colombiana, gustavo petro y demas integrantes del polo democratico el periodista morris el partido verde donde sus integrantes renegaban cuando se le queria poner una sancion a Venezuela asi fuera de forma generica, navarro wolf el escritor wilian ospina entre muchas otras personalidades, los nazis No Venezolanos tambien merecen que los pongan en su lugar!!

D. dijo...

En Colombia estamos dormidos. Dejamos que bajen a pasajeros de Avianca para subir en su lugar a delincuentes como Ernesto Samper o aceptamos tener a asesinos como Santrich de compañeros en primera clase sin protestar.