19 may. 2017

Una entrevista a Iván Duque

Por @ruiz_senior

Hay muchas personas afiliadas al Centro Democrático que se describen como de derecha, cosa que no debería desconcertar en Colombia. El partido que más persiste en las maquinaciones de la "politiquería" tradicional se llama "Cambio Radical" y los sicarios del régimen cubano se llaman "Ejército de Liberación Nacional" y "Marcha Patriótica". Un nombre verdadero y cabal es algo inconcebible en Colombia. Lo que "centro" significa en el nombre de ese partido es precisamente la proclama de que no es de derecha, nada más. La ideología de ese partido es cualquier cosa porque sólo existe para explotar la popularidad que obtuvo Uribe durante su presidencia y en última instancia para buscar su reelección.

Pero los de derecha, colombianamente, también son felices describiéndose así por la polisemia de la palabra. Es de esas palabras que sirven igual para un roto que para un descosido, como la "paz" que apoyan los seguidores del Centro Democrático, que a veces es el resultado del imperio de la ley y a veces es la componenda para violarla. Suena bonito, "paz", "democracia"... "Derecha" les suena bonito porque la "izquierda" es Nicolás Maduro, Petro y alias Romaña. Para mostrar que su "Centro" no era de derecha, Uribe incluyó en sus listas a un asesino del M-19 y a la hija de uno de los antiguos y más siniestros jefes de las FARC. "Derecha" a veces suena a la tríada de valores conservadores (familia, Dios, patria) y a veces a la libertad individual, a la que se opusieron los conservadores y en realidad aún se oponen.

Pero estos derechistas no sólo pertenecen a un partido de centro, sino que son extrañamente ciegos a lo que hace ese partido en favor del crimen organizado. Ya van más de siete años de silencios y complicidades con los desafueros de Santos; la venta del voto de rechazo al acuerdo en el plebiscito es sólo la última perla. Pero ellos no tienen el menor interés en oponerse a la infamia de La Habana sino en medrar apegados al salvador de la patria que precisamente es el que impide toda oposición (pues la moneda en que hace sus cuentas es la posibilidad de volver a la presidencia). Un caudillo que guía a la patria es tan consustancial a su derechismo que resultan cómicamente afines a los maoístas que acompañan al Gran Colombiano por el mismo motivo.

Como ya he explicado muchas veces, el problema de los derechistas no son los terroristas al mando del Estado, sino el mundo moderno, por eso seguir a un partido tan equívoco no les parece una atrocidad. Últimamente andan entusiasmados por un precandidato del CD que tampoco se opone a la infamia de La Habana y que proclamaba que "al país no le conviene que a Santos le vaya mal". Siguen esperanzados en su partido de centro y en su caudillo infalible, que se ve mucho más inclinado a favorecer a otro precandidato que expresa más claramente los valores de centro de su partido. ¿Cómo es que ese hombre es senador y precandidato de ese partido? Por una infiltración izquierdista que el Gran Timonel no alcanza a percibir. ¿Cómo se puede ser del mismo partido que ese prócer? Porque un partido en Colombia no es una organización política que busca hacer realidad un programa y defender unos valores, sino una red clientelar que rodea a una camarilla de poder. Por eso el siniestro narcoterrorista Álvaro Leyva era del Partido Conservador, y la madrina de las FARC era del mismo partido, y de la misma facción (samperista) de ese partido, que el amado líder.

Todo lo anterior es sólo el preludio, lo siento por los que tienen pereza de leer textos largos, lo que pretendo es comentar la reciente entrevista que publicó el diario madrileño El País al senador Iván Duque. Si he comenzado con los derechistas es porque hay algo obsceno, profundamente inmoral, en la adhesión a un partido que lleva al Senado a semejante prócer. Pero ¿a qué viene hablar de inmoralidad? No hay conductas morales o inmorales, sólo izquierdistas o derechistas. Por eso les gusta esa clasificación, Duque no llegó de la luna, es el vocero de Uribe y lo que dice en esa entrevista, el hecho mismo de que se publique esa entrevista, deja ver algún acuerdo secreto con el narcorrégimen para acomodarse a "la paz". Lo que contesta Duque es representativo de su partido y los antiduquistas lo hacen pensar a uno en defensores de los judíos que militaran en el NSDAP.
“Me parece simplista centrar las elecciones en Colombia en la corrupción o en las FARC”
Así titula el periódico la entrevista, con una cita que sabiamente resume la posición del uribismo y del candidato. Las FARC no son lo más importante, no hay que ser simplistas, hay otras cosas, ya veremos. Los antiduquistas dirán (¿dicen?) que una larguísima entrevista complaciente en el periódico que siempre le ha hecho propaganda descarada a Santos y a las FARC y cuyos propietarios se han lucrado copiosamente de la generosidad del gobierno (a través de Caracol Radio, a su vez un medio muy sesgado a favor del narcorrégimen) demuestra que Duque es el candidato del gobierno, pero ¿qué clase de líder no se da cuenta de algo así? Es el derechismo: la patria y Dios prohíben la crítica y el libre examen de los malditos protestantes (que es el problema). No se va a andar cuestionando al líder de la patria, llámese Fujimori o Pinochet, o Somoza o Stroessner...
Iván Duque (Bogotá, 1976) es senador del Centro Democrático, el partido fundado por el expresidente colombiano Álvaro Uribe, de quien fue asesor. Trabajó como consejero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, ha sido profesor universitario y acaba de publicar IndignAcción (Planeta), una reflexión sobre la actualidad de Colombia que busca convertirse una voz de alarma ante “los riesgos del populismo”. Sigue con interés las propuestas del presidente francés electo, Emmanuel Macron, del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y del italiano Matteo Renzi. Hace una semana presentó su precandidatura a las elecciones presidenciales de 2018.
El redactor no sólo valora la obra de Duque ("busca convertirse una voz de alarma...") sino que conoce sus inclinaciones particulares (sigue con interés a políticos jóvenes, cuya mención lo hace agradable al público; habría que preguntarles a esos políticos si les parecería secundario que las claves del poder en su país cayeran en manos del crimen organizado). Se trata simplemente de promoción en el periódico español claramente ligado a la red de Soros, donde publican Moisés Naím y el inefable Goebbels de las FARC, Héctor Abad Faciolince.
Pregunta. ¿Qué se juega Colombia en las elecciones de 2018? 
Respuesta. Las elecciones de 2018 son decisivas, porque Colombia está atravesando por el rumbo equivocado. Tenemos una economía que tiene un crecimiento mediocre, que no está generando los empleos formales a la velocidad que lo necesitamos, que no ha diversificado sus sectores, que es débil en materia de innovación. Ahí tenemos que hacer una recuperación. Tenemos un gran desafío en materia de seguridad, porque se firmó un acuerdo con las FARC lleno de concesiones al terrorismo. Es un proceso débil. Lo que hagamos mal ahí va a ser el resurgimiento del narcotráfico y de un movimiento político que va tener actividades criminales. Y tenemos un desafío enorme en lo social. Nosotros tenemos que apostar por la transformación de un país con más empleos formales y esos empleos formales necesitan una cultura de emprendimiento y una lucha contra la corrupción muy grande. La corrupción hoy está desbordada en Colombia. Nos parece que lo que se juega en 2018 es pasar la página de esos cuatro males.
Lo primero que destaca en Duque es que no ha frecuentado mucho la lectura, nadie que haya leído siquiera la prensa diría "atravesar por un rumbo", eso es absurdo. Parece flatulencia de William Ospina, pero es sólo inconsciencia de quien desconoce el vocabulario castellano. Una persona acostumbrada a leer no tendría que detenerse a pensar si tiene sentido decir "atravesar por un rumbo" porque es algo inconcebible, un enlace de términos que no existe. Esa indigencia intelectual del hombre es evidente también en sus escritos, donde abundan los signos de puntuación mal puestos y las faltas de ortografía. Es en el centro lo que Petro en la izquierda, aunque sin el gracejo patético del ex alcalde.

¿Qué dice en esa respuesta? Pues que el gobierno de Santos es mejorable, como se podría decir de todos los gobiernos. De lo primero de que se acuerda es de la economía, como si algún candidato pudiera decir "la economía de el gobierno que aspiro a suceder es inmejorable". Y como el crecimiento no es tan bueno como el que Duque traería, hay que concluir que el gobierno en últimas es razonable. Falta innovación, sí. ¡Para eso trae este Prometeo la economía naranja!

Más gracioso es lo relativo a las FARC. Cada frase es un retrato del uribismo, pero también de Colombia, muladar en el que algo tan repugnante no tiene otros detractores que los asesinos y sus clientelas. 
Tenemos un gran desafío en materia de seguridad, porque se firmó un acuerdo con las FARC lleno de concesiones al terrorismo.
Ajá, precisamente es lo que invoca la propaganda del gobierno, que ha aumentado la seguridad al reducirse la mortalidad derivada del conflicto. Pero también el uribismo, que a través de Ernesto Yamhure, amanuense de Uribe, proclama que se debe mantener el "estado de no violencia". De modo que NO SE TRATA DE UN PROBLEMA DE SEGURIDAD. La negociación de paz y el acuerdo final son simplemente la abolición de la democracia, la violación absoluta de la ley, la implantación de una tiranía en que el narcorrégimen cubano se adueña del Estado colombiano a través de sus bandas de asesinos, la iniquidad mayor de la historia del país y el premio del crimen. El uribismo es un cómplice necesario y las cuentas mezquinas del expresidente llegaron a su culminación con la traición a los millones que votamos NO en el plebiscito del 2 de octubre. Uribe Y TODOS LOS URIBISTAS quedarán en la historia como parte de esa infamia. Los más repugnantes son los que fingen TODAVÍA, TODAVÍA estar en otro lado y defender otros valores. No se puede estar con Uribe y su partido y a la vez en contra del acuerdo que ese partido refuerza.
Es un proceso débil. Lo que hagamos mal ahí va a ser el resurgimiento del narcotráfico y de un movimiento político que va tener actividades criminales.
¿A qué viene el plural mayestático? Es una rutina de la vida colombiana, "hemos secuestrado a 40.000 personas"? ¿Quién ha hecho eso? Pero el impulso de Duque es comprometer a todos los colombianos en la infamia de La Habana. ¿Qué significa que "es un proceso débil"? No la desaprobación de que se negocien las leyes con quienes las infringen, sino la "crítica constructiva" porque no se invitó al CD a tomar parte en el botín. ¿Cómo que "va a ser" el resurgimiento del narcotráfico si eso es noticia del año pasado? El movimiento político que tiene actividades criminales existe desde hace casi un siglo y casi nunca ha tenido adversarios que quisieran aplicar la ley.
P. Hay quienes, también en su partido, parecen querer centrarlo todo en el acuerdo de paz. 
R. Me parecen simplistas esos políticos que quieren centrar las elecciones en la corrupción o en las FARC. Creo que hoy los colombianos necesitan una visión integral, más que tratar de llevar las direcciones a un solo tema y cambiar la indignación por populismo. Aquí lo que queremos es pasar de la indignación a la indignacción con propuestas. Me preocupa una cosa. Es que ese simplismo está dejando por fuera a muchos colombianos. Hoy nosotros tenemos que presentar soluciones en salud, en educación, en innovación, en emprendimiento y eso es lo que estamos haciendo.
La idea de defender la ley es "simplista", habiendo tantas cosas de qué preocuparse, ¿cómo vienen a reducirlo todo a que el poder esté en manos de unos genocidas que implantarán la tiranía? No son los lagartos que rodean a Duque el problema, este muerto de hambre no pasará a segunda vuelta, pero ¿qué les pasa a los que siguen con Uribe a pesar de que patrocina a un personaje semejante? Se encuentra un ejército frente a un enemigo que lo supera en número y recursos, pero resulta que la mitad de los efectivos propios son en realidad también enemigos. El bando de Duque es el bando de Uribe, ya el propio expresidente ha dado muestras claras de su actitud respecto a "la paz", los serviles e hipócritas que siguen apoyándolo para no quedar en minoría son en realidad parte del ejército enemigo.
P. Acaba de hacer una distinción entre indignación y populismo. 
R. Claro, porque Colombia puede ser fácilmente capturable o por el populismo de extrema izquierda o por el populismo de extrema derecha, que lo que está tratando de hacer es exacerbar odio o emociones negativas. Aquí lo que nosotros tenemos que pensar es en una política de verdadero centro que supere esos debates anacrónicos de izquierda y derecha y que se preocupe por políticas de Estado, donde haya equidad, seguridad, emprendimiento, respeto por el medio ambiente. Eso es lo que necesitamos. Porque la indignación es lo que utilizan los populistas muchas veces para generar rechazo. Aquí lo que necesitamos es una política de construir, de generar una propuesta de país en la que todos quepamos.
El nivel de la propaganda de las FARC desciende con este cretino: ya no es sólo "odio" (ver el "poema" que tuitea alias Timochenko en este video) sino "emociones negativas", como cualquier lector del horóscopo. Hay un populismo de "extrema derecha" que quiere centrarlo todo en el acuerdo por el que los crímenes de las bandas narcoterroristas resultan legítimos, tan detestable como el populismo de "extrema izquierda". La "idea" de "una política de verdadero centro que supere esos debates anacrónicos de izquierda y derecha" es otra muestra del nivel intelectual del prócer: ¿qué va a significar "centro" si "izquierda" y "derecha" son anacrónicas? Ese hombre es un imbécil, perdonen la precisión. (Nieto Loaiza no es mucho  mejor, no se opone al acuerdo de La Habana ni a la negociación y en todo caso no debería estar compitiendo dentro de un partido que admite semejante precandidato.)
P. ¿Algún ejemplo? 
R. Yo fui vocero del plebiscito, de la campaña exitosa del no. Yo siempre he creído que si hay una crítica en una mano, en la otra tiene que estar la propuesta. No quedarnos en críticas vacías, ni en discursos de lugares comunes, sino aterrizar las cosas en lo que realmente el país necesita. Por ejemplo, en materia social tenemos que apostarle a un sistema de salud preventivo, necesitamos apostar por una educación del capital humano que vean la educación preescolar como algo importante porque hoy los niños de escasos recursos no tienen ese acceso. No es una política de élites, es una política de contacto directo con la ciudadanía.
¿A qué venía lo de ser vocero del plebiscito? La ristra de promesas es otra muestra de la categoría intelectual del hombre.
P. Hay quien considera las próximas elecciones una segunda vuelta del plebiscito sobre los acuerdos de paz. ¿Está de acuerdo? 
R. Hay personas que dicen ‘hagamos una gran coalición del no’, y a mí lo que me parece es que uno no puede convertir las coaliciones en cercas, donde solamente pueden entrar los que dijeron no. Al contrario, hay que hacer una coalición, pero una coalición supremamente amplia donde entren todos los sectores que se identifiquen y quieran construir esta visión de país. Puede haber algo que nos diferencie, que es una postura sobre una mala negociación, pero puede haber muchísimas más cosas que nos unen, en materia social, en materia de educación, en materia de salud, innovación social, desarrollo urbano, política ambiental. Hay que pensar una coalición, pero nosotros no vamos a hacer una coalición del no, tendremos que ser una coalición del sí por el cambio y que sea suficientemente amplia para que todos los sectores que se identifiquen con nuestra visión de país puedan caber.
Es decir, las coaliciones deben incluir a los partidarios del acuerdo. Eso es en extremo interesante porque es lo mismo que propone Nieto Loaiza:
Esa alianza, que he llamado frente republicano, debe tener como base los partidos, movimientos y grupos que conformaron la coalición del No, pero ampliándose a muchos que votaron Sí pero que están inconformes con este desastre de gobierno y a los millones que se abstuvieron, a quienes hay que ofrecer esperanza y un futuro.
Con la misma idea de que no se va a hacer nada para revocar los acuerdos. ¿En qué lado está el CD? Sólo en el último momento propusieron votar NO, reticencia que se explica en parte porque calculaban que la propaganda le daría la victoria al SÍ, es decir, mostrando su absoluta falta de principios, pero también porque SIEMPRE HAN APOYADO LA NEGOCIACIÓN. Pedir que se votara NO era la única forma de complacer a la mayoría para no mostrarse como lo que son, parte del narcorrégimen. El adorno "crítico" de la infamia.

Si hay algún candidato que se oponga al acuerdo final de La Habana, tiene que ser de fuera del uribismo, porque el uribismo apoya ese acuerdo, sólo propone modificaciones vagas. La idea de que esa opción sería minoritaria es ciega y mezquina: digan lo que digan los medios de la red de Soros y los que financia el gobierno, la negociación y el acuerdo final son un crimen monstruoso y conducirán al genocidio y a la hambruna. La mayoría de la gente es capaz de verlo, pero están en medio los hampones uribistas haciéndole creer que ellos están en contra cuando a todas horas dan muestras de estar a favor. Hace falta alguien que diga claramente que busca el voto para restaurar la ley, yo estoy seguro de que ganaría. Pero lo primero que tiene que hacer es ser diferente del uribismo, no de Duque sino de todo lo que provenga del CD, cuyos "derechistas" son como esos torturadores amables ("polis buenos") que complementan a los más crueles. (La idea de la coalición amplia "para que todos los que se identifiquen con nuestra visión del país puedan caber" es otra muestra del rigor intelectual del prócer, puro humor involuntario.)
P. ¿Qué haría con los acuerdos? Fernando Londoño, exministro, habló de “hacer trizas” el acuerdo de paz.

R. Aquí hay una discusión sobre si se trata de mantenerlo todo o hacerlo trizas y yo creo que hay que tener mucho cuidado con los extremos. Claramente, todo lo que sea humanitario para garantizar la desmovilización, el desarme y la reinserción de la base guerrillera debe mantenerse, sobre la base de que no haya ninguna reincidencia. Pero hay que desmontar cosas muy peligrosas que están en los acuerdos. El primer día de posesión como presidente presentaría una reforma constitucional para que el narcotráfico no sea un delito amnistiable. Segundo, se ha cometido un error muy grave al decir que la sustitución y erradicación de cultivos ilícitos va a ser voluntaria. Eso genera un incentivo perverso para sembrar y después negociar el desmonte. Tiene que ser obligatorio. Tercero, armas y dinero que se encuentren escondidos y que no hayan sido puestos para la recuperación de las víctimas, supondrán un delito nuevo y les caerá todo el peso de la ley a los máximos responsables de esa organización, entiéndase los cabecillas.
De modo que la legalización de los infinitos crímenes de las bandas narcoterroristas es "humanitaria". Uno de los aspectos en que más se delata la entera afinidad del uribismo con el narcorrégimen es ese escándalo por el carácter aministiable del narcotráfico: presupone la aceptación del "delito político", de esa monstruosidad colombiana por la que unos delitos restan penas de otros, por el que el asesinato es menos grave (y en realidad lícito y premiable) si además se busca despojar de su libertad a los demás. Ningún crimen puede ser amnistiable, y en todo caso el narcotráfico no puede ser más grave que el asesinato o el secuestro. Ése es el nivel de la oposición uribista, la exhibición de una queja para dejar pasar lo verdaderamente atroz.
P. ¿Y con respecto a la Justicia Especial para la Paz? 
R. Está llena de fisuras de impunidad para las FARC, de homologaciones de las FARC con las fuerzas militares, y tienen unas ambigüedades tan grandes como que esa justicia puede hacer calificaciones jurídicas propias, es decir, crear delitos, y no exige la participación obligatoria de la Procuraduría.
Pero le preguntan qué va a hacer con ella,
P. ¿Hacia dónde cree que va la negociación con el ELN? 
R. El ELN tiene el mal espejo de lo que ocurrió con las FARC. Y no va a pedir menos de lo que se le dio a las FARC, eso es una demostración más de premiar al criminal y al terrorismo. Al ELN le diría lo siguiente: si usted quiere realmente la paz, quiere realmente desmovilizarse, desarmarse y reinsertarse debe primero concentrarse, suspender las actividades criminales y estar dispuesto a entrar en un proceso de desmovilización, desarme y reinserción donde puede haber reducciones sustanciales de la pena, mas no la ausencia de una pena efectiva para los máximos responsables. Si el ELN pretende hacer terrorismo mientras está sentado en la mesa, como presidente de los colombianos a eso no le voy a jugar y les diría que las puertas están abiertas sobre la base de la concentración y la cesación de las actividades criminales o de lo contrario tendrán el peso de toda la capacidad ofensiva y disuasiva de la fuerza pública. Es decir, o hacen esto a las buenas o lo tendrán que hacer por la presión de la fuerza pública.
Mentiroso, eso fue lo que hicieron las FARC en un proceso que Duque y el uribismo defienden y apoyan.
P. ¿Qué peso tendrá en las elecciones de 2018 la figura de Uribe? 
R. Es una persona querida por los colombianos, dejó una gran herencia en el país. Tratar de mantener vivo ese legado y las cosas importantes de ese legado yo creo que es fundamental en la estructura de nuestro partido y lo que nosotros queremos para la sociedad colombiana. Y obviamente edificar sobre ese legado, yo siempre he creído en la frase de Isaac Newton de 'Construir sobre hombros de gigantes', y el deber nuestro es modernizar muchos de los puntos de esa visión, de esos conceptos de la inversión, de la equidad, de la seguridad, ajustarlos a lo que el país necesita hoy. Su influencia va a ser importante y positiva y necesaria para el país. Una persona que gobernó ocho años y gobernó bien yo creo que se ha merecido un lugar en la historia para hacer un aporte permanente a la realidad del país.
(Según se cuenta, Newton decía que se había subido sobre hombros de gigantes para aludir a la baja estatura del rival que lo acusaba de plagiar sus ideas. Resulta de mal gusto la alusión habida cuenta de los chistes sobre la baja estatura de Uribe.)
[...]
P. ¿Afronta realmente Colombia el riesgo del populismo? 
R. Sí. Colombia ya tuvo experiencias de populismo, lo tuvo en la alcaldía de Bogotá hace unos años. Llegan personas a generar la lucha de clases, el odio entre clases, la satanización del sector privado, el discurso que es pan para hoy y hambre para mañana. También hay algunos sectores de la izquierda que se han convertido en una oposición hirsuta, y también hay en la extrema derecha, un discurso de destrucción. Destruir, destruir, destruir y caemos en ese factor del populismo tan peligroso que es el adanismo. Uno no puede hacer política con sectarismo y la ciudadanía merece un discurso incluyente.
¿Cuál será esa extrema derecha que preocupa a Duque? No hay ninguna organización política a la derecha del CD. El Partido Conservador forma parte de la coalición de gobierno y apoya "la paz". Dentro del CD la extrema derecha a la que aluden son los críticos del proceso de La Habana. La alusión al "adanismo" tiene gracia: Duque no piensa empezar de cero sino continuar la obra de Santos, por eso la idea de "destruir" alude claramente a los acuerdos con los terroristas, que tácitamente aplaude (cuando reconoce que está bien que se concentren, como si no lo hicieran a cambio de toda clase de legitimaciones y reconocimientos a sus crímenes).
P. ¿Teme la competencia interna en la carrera presidencial? 
R. A la política ha llegado la posverdad. Hay personas que me han tachado para deslegitimarme de comunista, de socialista, dicen que soy un infiltrado. A esas cosas siempre respondo con trabajo. Por lo menos dentro del uribismo tengo la inmensa tranquilidad de tener una afinidad con los postulados del presidente Uribe. Prefiero perder haciendo una política de altura, de ideas, de propuestas, que ganar con trampas.
Es muy cierta la afinidad con Uribe.
P. ¿Viviría en la Casa de Nariño, sede de la Presidencia? 
R. Primero, no estoy seguro de si viviría en la casa de Nariño. Soy una persona de familia, no sé si tendría esa capacidad. Pero, ¿cómo desearía que fuera ese primer día? Que haya un gran sentido de trabajo en equipo, que haya un gabinete pensado para cuatro años, no de ministros que van cambiando como vasos desechables. Y ese primer día quisiera arrancarlo visitando una de las regiones de Colombia muy temprano y a partir de ahí empezar. Devolver la confianza a los ciudadanos. 
No, Duque no pasará a segunda vuelta. Tampoco Nieto Loaiza. Para candidatos equívocos ya está Vargas Lleras, con muchísimos más recursos, y aun puede que en la segunda vuelta estén sólo dos candidatos del narcoterrorismo, Drácula de la Calle por el Partido Liberal y Robledo o alguno así por los comunistas. La opción que apoyaría la mayoría, la que propusiera seriamente castigar el crimen de La Habana y deshacer la obra de Santos no tiene, y probablemente no tendrá, ningún candidato.

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