25 sep. 2017

La trascendencia del engaño

Por Jaime Castro Ramírez

Los cánones de la filosofía política indican el rigor con que un gobernante debe proceder en el fiel cumplimiento de la misión que le ha sido otorgada por el pueblo: la misión de gobernar con pleno apego a la Constitución y la ley en defensa del Estado de derecho, defendiendo la soberanía nacional, y buscando siempre la forma de que en conclusión el resultado de su gestión se traduzca en lograr bienestar social, pues al fin de cuentas, la política es el arte de gobernar con sentido social y patriótico. Estos preceptos, por constituir un mandato superior del pueblo, deben cumplirse estrictamente por parte del gobernante. Apartarse en algún sentido de este cumplimiento del deber utilizando el poder a su antojo y en forma inapropiada, y generando circunstancias inconvenientes para el bien común, esto constituye una conducta condenable con la denominación de traición a la patria.

Lo que ha ocurrido en Colombia en el gobierno Santos
Lo primero que hay que reiterar es que cuando Juan Manuel Santos Calderón decidió aspirar a ser presidente de la república, en su campaña política presidencial expuso como promesas justamente lo que luego no cumplió (eso se llama engaño al pueblo); y al contrario, lo que no le dijo a la opinión pública, eso fue lo que hizo, por supuesto atropellando la voluntad ciudadana que lo eligió. Solo es citar dos ejemplos de lo que no habló en campaña: convertirse en admirador y adulador de Hugo Chávez (la desgracia de Venezuela), y transigir con lo que se convirtió en un “Acuerdo de Concesiones” a favor de las Farc (llamado “Acuerdo de paz”), pero que con las exageradas concesiones que les admitió terminó en lo que se podría denominar ‘paz comprada’, y a ¡qué precio!, pues además hay que concluir en que la paz comprada no es paz. Aquí tendría validez mencionar lo que dijo el filósofo y jurista francés Montesquieu: “La paz no se puede comprar, pues aquel que la ha vendido queda en mejores condiciones para volver a venderla”. Bueno, hay que decir que las Farc estaban en su derecho de ir a tratar de vender la paz bien cara a través de sus exigencias, pero el responsable directo de esa onerosa compra fue Santos, porque fue a claudicar en nombre de los colombianos como presidente de la república. Engaño al pueblo, igual que como fue el resultado de la promesa a los colombianos de no subir impuestos, pero sin embargo lo hizo, perjudicando a amplios sectores de la economía y su competitividad, además de crear desconfianza en los inversionistas extranjeros por la onerosa carga impositiva generada en la inestabilidad fiscal.

Es perfectamente clara la convicción natural más preciada de todo ser humano: vivir en paz. Esto significa que por simple lógica no existen “enemigos de la paz”, pero infortunadamente así es la polarización que ha propagado el gobierno Santos (que habla de paz) como respuesta a quienes no están de acuerdo con la forma como se negoció el Acuerdo de Concesiones con las Farc.

Al hablar de transigir en ese ‘Acuerdo de concesiones’, o sea, Santos aceptando todas las exigencias de las Farc, con el fin de firmar un acuerdo, se podrían mencionar algunas:

1. Reforma agraria expropiatoria a través de extinción administrativa de dominio y expropiaciones, para luego convertir bienes individuales en lo que se denomina en idioma socialista la ‘colectivización’ del campo (parcelas de poca producción y sin posibilidad de competitividad), reforma agraria que cubrirá una amplitud territorial de 10 millones de hectáreas (fondo de tierras de 3 millones de ha, y formalización de 7 millones de ha) de aplicación universal, es decir que la incertidumbre jurídica existirá en cualquier parte del territorio nacional. Una instancia, seguramente de las Farc, será la que decida el uso de la tierra. Lo que no aparece en el Acuerdo es la obligación de las Farc de devolver todas las tierras que expropiaron a los campesinos, ni la obligación de reparar económicamente los perjuicios causados por el desplazamiento forzado.

2. Zonas de reserva campesina, que serán básicamente zonas de control territorial por parte de las Farc, con plena autonomía en su manejo y que seguramente utilizarán como una especie de corredores geoestratégicos para las actividades que dentro de su porte ideológico consideren pertinentes realizar.

3. Aceptar el narcotráfico de las Farc como delito conexo al delito político con tal de permitirles la impunidad y extinción de la acción penal, al igual que con los delitos de lesa humanidad por secuestro, desaparición forzada, desplazamiento de personas, y secuestro e incorporación forzada a la guerrilla de menores de edad niños y niñas y la violación sistemática de estas menores.

4. Aceptar que la dejación o entrega de armas fuera en secreto, es decir que no hubiera registro público de fotografía ni de video sobre la cantidad y clase de armas entregadas, lo cual dejó dos grandes dudas y desconfianza de la gente: primero, sobre qué fue lo que supuestamente entregaron, y segundo, cuántas y qué clase de armas dejarían en su poder, lo que implicaría algo muy grave: la conformación de un partido político armado.

5. Como las condiciones las impusieron las Farc, y Santos simplemente las aceptó, por tal motivo, en el Acuerdo no aparece condena alguna a la acción criminal realizada a través de la ‘combinación de todas las formas de lucha’.

6. Fue aceptada la eliminación del umbral mínimo de votación en elecciones de corporaciones públicas, requisito para mantener la personería jurídica de los partidos políticos, por supuesto con el objetivo de favorecer los intereses del partido de las Farc.

7. Santos prometió públicamente que no iban a haber “curules regaladas”, pues resulta que no cumplió esa promesa, y en el Acuerdo quedó pactado que de entrada les regala 10 curules a las Farc en el congreso de la república en 2018.

8. En el 2022 tendrán 16 curules más de circunscripciones especiales que las Farc exigieron fueran pactadas en el Acuerdo.

9. Se comprometió Santos a entregarles a las Farc 20 emisoras FM que las utilizarán para promover su plataforma ideológica en todo el país, además de habilitarles un canal institucional de televisión.

10. En el tema de las minas anti-persona, Santos aceptó que el desminado se haga, no por las Farc que cometieron ese delito de lesa humanidad, sino que lo haga el ejército colombiano y la policía, por supuesto exponiendo sus vidas en tal procedimiento.

Aunque estas no son todas las concesiones de Santos, por lo menos muestran un preocupante síntoma de lo que le espera a Colombia con todo este empoderamiento a las Farc (llamado paz), y en consecuencia, se puede prever que lo peor está por venir desde el punto de vista político (socialismo-comunismo), y también desde el punto de vista económico con el muy amplio número de compromisos en que Santos se comprometió con las Farc, los cuales valen aproximadamente 93 billones de pesos. Aunque él no cumplirá, si dejará hipotecado al siguiente(s) gobierno(s).

Todo este escenario en el que lo que más se observa es la claudicación del Estado, la falta de justicia y por lo tanto la impunidad, la falta de verdad y reparación a las víctimas por parte de las Farc; lo utilizó Juan Manuel Santos con otro perfil y como bandera política ante la comunidad internacional para que le concedieran el Premio Nobel de Paz. Habría que ver qué clase de análisis hizo el ‘Comité Nobel Noruego’, si quizás haya sido inducido a error para tomar la decisión de otorgarle ese Premio Nobel.

A propósito del Premio Nobel, el presidente Santos dijo públicamente que el dinero proveniente de esa distinción lo donaría a una entidad de beneficencia, por lo cual habría que preguntarle ¿a qué entidad le hizo la donación…?

Entonces se concluye en que la trascendencia del engaño del gobierno Santos ha sido de una magnitud superior en varios aspectos de la vida nacional. Incluso con el tema del narcotráfico aparece otra mentira porque hace alarde de luchar permanentemente contra ese delito, pero claramente se observa que no es así, pues entonces cómo explicar la realidad que de 40 mil hectáreas se pasó a 200 mil hectáreas sembradas de coca. Esto es el resultado de haberle aceptado a las Farc la exigencia de prohibir la fumigación.

Al margen, es pertinente particularizar que otro engaño de Santos fue en el sentido de que vendió a Isagen (en una subasta de un solo participante) y dijo que ese dinero en su totalidad tenía una destinación específica porque era únicamente para construir grandes obras de infraestructura. Pues la realidad es que esas grandes obras ya no se vieron, pero la pregunta esencial es: ¿qué se hicieron esos 6.4 billones de pesos, dónde están depositados? El país requiere una respuesta presidencial.

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