31 ago. 2005

Al menos la guerrilla presenta hechos de paz

Por Wilfredo Moreno

Quienes aún dudan de que los problemas colombianos se deben resolver en el terreno político más que en el militar deben interpretar las últimas posiciones de las guerrillas. Mientras el ELN pide que se reconozca el “conflicto armado” para hacer la “paz”, las FARC piden el despeje de dos municipios para llevar acabo lo que ellos llaman el “intercambio humanitario”; dos posiciones que han sido objeto de una ardua discusión dentro de un círculo que está alejado de las selvas colombianas, por lo menos en el plano material. Tanto es así que López y Samper, dos ex presidentes, se han convertido en las cabezas mas visibles que hay detrás de la presión que sufre el gobierno para aceptar las propuestas de las FARC. Los términos altamente belicosos que se presentan como hechos de paz sin duda salieron de la misma secta creada alrededor del poder guerrillero. De esa forma una práctica tan inhumana como es retener personas contra toda voluntad para intercambiarlos por asesinos faltantes en sus filas se rebautiza y empieza a llamarse "intercambio humanitario". Y del mismo modo esperan que las atrocidades que cometen sean reconocidas como el resultado de que haya conflicto armado, de que otros retrasen la paz.

No es una paradoja utilizar la guerra para llegar a la paz, como lo hace la guerrilla colombiana, ni tampoco utilizar las practicas mas primitivas para degradar el concepto de humanidad, siempre y cuando se llegue al fin de lo planeado. Cuando alguien emprende una carrera hacia la guerra siempre tiene muchos términos para interpretar la paz y no sólo la definición que piensan muchos: tranquilidad para todos.

En una guerra la paz puede llegar a través del sometimiento del enemigo para que todos los suyos regresen a casa, ése era el concepto que tenía Estados Unidos en la segunda guerra mundial, pero su más acérrimo enemigo (el Imperio japonés) lo interpretaba de otra forma, la paz sería un largo respiro para después lanzar la embestida final.

Los japoneses primero se infiltraron en la sociedad estadounidense para conocer sus reacciones sociológicas, ese fue el resultado de continuar una guerra prácticamente con las uñas. Mientras Japón practicaba un régimen totalitario basado en la sumisión y servidumbre de sus ciudadanos, los norteamericanos gozaban de todas las libertades en una democracia casi perfecta, las bajas japonesas siempre fueron aceptadas como algo normal, y cuanto mayor fuera el sacrificio, más honor reconocería el Imperio nipón.

Al otro lado del Pacífico, la vida se percibía de forma diferente, el autismo norteamericano siempre termina por convertirse en su peor enemigo, la creencia de que sólo existe América lleva a la sociedad estadounidense a pensar que los sacrificios fuera de casa nunca serían capitalizados dentro. Los japoneses, conscientes de eso, sólo debían esperar pacientemente a que las bajas de jóvenes norteamericanos terminaran por presionar la negociación de la “paz”, una salida política a la guerra, que como ya lo dije, sería la forma de obtener un respiro, conservar su predominio en Asia y luego rearmarse para volver a atacar.

Cuando las guerrillas hacen la guerra para llegar a la paz, no obran por fuera de la razón, porque de todos modos tienen una estrategia planificada, la paz son los escalones que utilizan para terminar de subir la pirámide que han diseñado y por tal motivo no debe extrañar que todos los actos que practiquen sean del corte más macabro, pueden interpretarse como hechos de paz, como estrategia para llegar a lo que ellos llaman la salida política del conflicto.

1 comentario:

DieGoth dijo...

Excelente análisis. Les recomiendo enviar este artículo a muchos periodistas como Miguel Molina de la BBC, que les gusta opinar sobre Colombia sin conocer el país ni entender lo que pasa aquí.