24 abr. 2013

El plebiscito


Por @Ruiz_senior

Se reanudan las negociaciones de La Habana y poco a poco van apareciendo datos, no sobre lo que se negocia sino sobre el trámite que la manguala planea. Hay numerosos indicios de que finalmente sacarán un acuerdo, tal como hace tiempo anuncian los columnistas (que conocen datos muy distintos a los que transmiten). El último, Mauricio Vargas, que de paso advierte sobre el descontento que generará algo que no menciona: que las FARC no van a desaparecer sino que los crímenes se multiplicarán con otra marca o incluso como pura delincuencia ligada al tráfico de drogas, cosa que sin duda generará defensores tal como en su día los tuvieron Escobar o los Castaño. A fin de cuentas la adhesión al terrorismo de los profesionales de la política que no proceden de la militancia comunista sólo puede ser amor a los incentivos que gente tan rica provee.

Lo que no se sabe es qué negocian, salvo que en últimas el sistema clientelista tradicional se funde con el PCC para implantar una especie de régimen chavista, con elecciones controladas y el presupuesto estatal dedicado a proteger los negocios de la casta del poder: el país prácticamente sólo produce recursos naturales, por lo que ni siquiera se sentirá el aumento de impuestos. En los planes conjuntos está la legitimación de semejante régimen gracias a los beneficios de la paz, que extrañamente no conducen a gastar menos sino mucho más, según los planes que anuncian Rudolf Hommes y el senador conservador Juan Mario Laserna.

Están muy equivocados quienes creen que un acuerdo semejante tendrá un rechazo en las urnas y que un candidato de oposición podrá sacarlos. Previsiones de ese tipo son el resultado de la falta de previsión y de cierta soberbia: parece que el gobierno y los terroristas fueran tontos y no hubieran planeado una hoja de ruta de sus actuaciones conjuntas. Bien es verdad que la primera parte de ese plan falló estruendosamente, por mucho que lo tapen declarando que salieron millones a apoyar la "paz" el 9 de abril, cuando en ciudades de varios millones de habitantes no se pasó de unos cientos manifestantes pese a las presiones e incentivos.

No obstante, su gran baza es la propaganda de la "paz", que hará que la mayoría de la gente prefiera someterse y no correr el riesgo de volar en un atentado terrorista (obviamente, si no hay acuerdo las FARC volverán a matar, por esa esperanza de alivio la gente se someterá). Es lo que define a los pueblos, los que no se someten a la barbarie sobreviven, y en la antigüedad lo normal es que el guerrero aventajado esclavizara a los pusilánimes. Con otro disfraz será lo que ocurrirá en Colombia, pues ¿qué esperan que hagan los terroristas tras su triunfo? Naturalmente perseguir a quienes les incomodan, por ejemplo en forma de asesinatos anónimos, aunque es probable que sólo en el caso de rebelión o de riesgo para la hegemonía que alcanzan aliados con los políticos corruptos.

(Sobre ese tema de la determinación para hacer frente a un enemigo escribí un artículo hace unos años, cuando la presión por el "intercambio humanitario" recordando al noble español Alonso Pérez de Guzmán.)

De tal modo, el plan evidente es presentar para noviembre, tal como anunciaba en mi artículo de hace dos semanas, un acuerdo de paz que redefine al país y que brinda toda clase de ventajas a los terroristas. Obviamente, el Congreso lo aprobará por unanimidad, que para eso está la ley de bancadas, y luego se presentará un plebiscito que estará previsto en el acuerdo. Lo anunciaba hace poco el alto comisionado de paz Sergio Jaramillo.
Sergio Jaramillo, alto comisionado para la paz, explicó que todos los acuerdos a los que se llegue con la guerrilla en Cuba serán puestos a disposición del Congreso y la ciudadanía para su escrutinio y aprobación.
No, no vaya a pensar el lector que perderán el plebiscito que anuncian: la gente escogerá entre la paz y la guerra, entre entregar poder a los que han cometido infinidad de atrocidades o exponerse a sufrirlas. Ya explicó Thomas Hobbes que la paz ofrecida a un agresor que no pide perdón no es paz sino miedo. Pero el recurso es muy eficaz, sobre todo porque no hay ningún rechazo al hecho de que se negocien las leyes con los criminales. La única desavenencia que se oye es el lloriqueo de los uribistas por la impunidad, como si no hubieran estado durante años haciéndole la corte al asesino impune Angelino Garzón.

El lloriqueo por la impunidad atrae a descontentos que no se dan cuenta de que al discutir los puntos de la negociación se la acepta, cosa que han hecho todos los precandidatos uribistas desde que se conoció la noticia. Y el plebiscito puede contener la prolongación del periodo de Santos, de momento aplazada por la inconveniencia de simplemente aprobarla en el Congreso. En todo caso, unas condiciones que aseguran el triunfo del candidato del frente de la paz, o como llamen a la manguala. No en balde el colombiano por la paz John Sudarsky promueve una reforma política para impedir que haya una representación significativa del uribismo en el Congreso elegido en 2014.

Nadie debe esperar que se reduzcan los crímenes, y, como se puede comprobar leyendo el texto citado de Mauricio Vargas, nadie que no sea un incauto lo espera. Sólo que los políticos elegidos gracias a la genialidad política de Uribe podrán prosperar como funcionarios del régimen futuro, incluso encarnando corrientes de crítica constructiva aliados con los políticos uribistas actuales: también en la Polonia comunista había un partido democristiano y otro campesino, obviamente decorativos. La memoria de la primera década del siglo empezará a construirse a partir de todas las calumnias que los sicarios publican en internet.

Bueno, no recuerdo a nadie que tenga ninguna duda sobre el acierto de todo lo que hace Uribe, salvo los partidarios de la paz de Santos y en definitiva de las FARC (¿o seguirán negando que era lo que movía a Mockus y a Kalmanovitz, por no hablar del antiguo jefe del PCC en Barancabermeja, Luis Eduardo Garzón?). Oponerse habría sido fácil en 2011, crear un partido distinto a los de la Unidad Nacional, cuestionar la negociación que anunciaban explícitamente en agosto de 2010... Cada nación tiene el gobierno que se busca. Los colombianos han tolerado tres años de infamia del régimen gracias a que cuando no son criminales, pusilánimes o totalitarios creyeron que bastaba el aplauso al Gran Timonel para hacerle frente a la catástrofe.

El éxito del atraco es casi inevitable y uno sólo lo registra como quien ve caer un alud de nieve.

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