9 sep. 2013

Justificando el crimen

Por @AdasOz

La Constitución del 91 tiene enormes vacíos jurídicos como el esperpento de la figura del "delito político", que sólo consigue premiar criminales con curules y otros cargos públicos. Así las cosas, un desalmado criminal como Gustavo Petro logró que todos sus delitos quedasen no sólo en la impunidad sino en el más profundo de los olvidos en la ya deficiente memoria de los colombianos, y pasara, como si no hubiese hecho nada ilegítimo, a obtener una curul en el Senado de la República y posteriormente a ocupar el segundo cargo más importante del país, la alcaldía de Bogotá.

No es cuestión de tener una percepción distorsionada de la realidad el hecho de que Petro, pese al indulto recibido, jamás haya renunciado a la combinación de todas las formas de lucha como medio para conseguir un objetivo político que evidentemente siempre estuvo alineado con los intereses de regímenes como el castrista y el chavista. Los mismos hechos lo prueban, especialmente ahora que ocupa la alcaldía de Bogotá. ¿Acaso alguien piensa que la reaparición de las banderas del M-19 en las manifestaciones son pura coincidencia?



Es conocido que la “Bogotá Humana” de Gustavo Petro promueve las manifestaciones entre los trabajadores del distrito. ¿Por qué esta vez no las promovería a través de colegios y universidades públicos?

Dicha carta circuló para la manifestación del 9 de abril, día en que también hubo disturbios en Bogotá. ¿Alguien duda de que esta vez no fueran promovidas por el Distrito entre los estudiantes? De no ser promovidas por él, ¿por qué andaba advirtiendo a los manifestantes que no se dejaran provocar violentamente?

Entonces, se pudo haber planeado mostrar que los desmanes fuesen vistos como si el ESMAD los hubiera provocado, tal como este grupo de desadaptados suele hacerlo, pero esta vez el plan se salió de todo control y al final de cuentas se terminó mostrando la realidad: quienes los provocan son los mismos manifestantes “pacíficos” que buscan distorsionar la imagen de fuerzas legales de Estado como lo es la Policía, para luego desprestigiarla a través de videos, fotos y quejas en las redes sociales. Ni Petro ni los manifestantes han aceptado nunca la autoridad, por lo que buscan crear ambientes de desorden totalmente anárquicos en los que ellos puedan hacer y deshacer sin miedo a las consecuencias. Saben que no habrá consecuencias, y menos todavía con Petro en la alcaldía.

Tampoco es coincidencia que el alcalde capitalino haya determinado un día antes de los desmanes del jueves 29 de agosto, a través de la Secretaría de Educación, la suspensión de clases en los colegios públicos del Distrito y que las universidades públicas también estuvieran preparadas para dicha jornada, bautizada por el mismo Gustavo Petro como una manifestación “pacífica”. ¿Acaso no les parece sospechosa la participación de tantos menores de edad en los actos vandálicos de ese día? ¿Dónde se encontraban los estudiantes de colegios públicos ese día? Habiendo cumplido su objetivo, Petro procede a reanudar clases en los colegios públicos al día siguiente y la ciudad recupera una relativa calma. Las manifestaciones están controladas.

Horas más tarde, no en vano afirmó el alcalde, sin vacilación alguna, que los responsables pertenecen a sectores que buscan “cerrar la opción de la paz en Colombia”. Como siempre lo hace, lanza premisas al aire que más que resolver interrogantes generan más confusión, pero con las que pretende dejar como sobreentendido que hay un grupo de personas que tienen interés en que no se llegue a un acuerdo de paz. Así, deja que sus más fieles seguidores concluyan que es el uribismo y todo lo que pueda estar ligado a éste. Al mejor estilo comunista, Petro logra crear una cortina de humo sobre la verdad, distrae a la opinión pública y jamás muestra a los verdaderos implicados en los desmanes que fueron milimétricamente planeados por él mismo con los recursos de la ciudad. Me pregunto, de no ser así, ¿por qué se preocupa tanto por advertir que las manifestaciones sean pacíficas y luego del desorden y la confusión muestra una foto con la que busca mostrar como “buenos” a los vándalos?

Otro detalle que me genera curiosidad es, ¿por qué Petro dice que “advirtió” a Santos que necesitaría ayuda del ejército en las manifestaciones si él mismo habla en su cuenta de Twitter que van a ser pacíficas? ¿A quién protege? ¿Se protege a él mismo? ¿Cómo llegaron fusiles a las manos de los manifestantes? ¿Qué fue lo que Petro y Santos conocían antes de las manifestaciones que no le están contando al país?

Petro es un incitador más del desorden, de la anarquía, de la lucha de clases que fomenta a través de su discurso envenenado y con sus acusaciones vagas, y promueve las vías de hecho sobre el derecho para lograr sus objetivos y los de sus socios. Por esta razón me opongo firmemente a las amnistías y a los indultos de criminales de profesión como Petro y los de su grupo terrorista, y en su lugar exijo que respondan con años de cárcel por todos los delitos que han cometido.

La alcaldía de Petro no sólo tambalea por las tantas denuncias que tiene en la Procuraduría, por las investigaciones abiertas que tiene en la Contraloría y por la revocatoria propuesta por Miguel Gómez Martínez que tanto ha querido torpedear, sino por una denuncia que tiene interpuesta por el exconcejal Orlando Parada, en la que exige la pérdida de investidura del burgomaestre por haber sido condenado en 1985 por porte ilegal de armas, considerado como un “delito común”, y que la Constitución pone como condicionante para poder ocupar cargos públicos. Así las cosas, el ejercicio de Petro en la política es otra ilegalidad más que ha sido pasada por alto todos estos años, quizás con complicidad de algunos jueces, magistrados y otros servidores públicos.

En todo caso, la Constitución del 91 dejó desde ese entonces abierto el camino para que en el futuro los crímenes de grupos terroristas como el M-19, las FARC, el ELN y demás, quedaran cobijados bajo la figura del “delito político”, que de la mano con un poder judicial vendido a las mafias del narcotráfico alineados ahora con el comunismo, les hará posible cumplirles la exigencia de evadir los estrados judiciales y cualquier tipo de condena para pasar directamente al Congreso, aun sin haber obtenido curules por la vía democrática.

Delito es delito en cualquier país decente y sin importar las arandelas que se le quieran poner para justificarlo, excepto en Colombia, donde ser criminal es muy rentable, es un honor.

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