24 sep. 2014

Las marrullerías del Centro Democrático

Por @Ruiz_senior

El diccionario define "marrullería" como "astucia tramposa o de mala intención". Es la definición que corresponde a la actuación del Centro Democrático respecto a la negociación de La Habana. La apoyan pero hacen creer que la rechazan para mantener la lealtad de los votantes distraídos, a los que el contenido de las actuaciones de los políticas les resulta tan oscuro como cualquier disquisición teológica. No porque no pudieran entenderlo sino porque se lo ocultan con falacias.

Un ejemplo de que la apoyan, aparte de las decenas de ejemplos que he puesto en este blog, es esta frase de Uribe que forma parte de una constancia que dejó en el Senado el 22 de julio: "dada la evolución de las circunstancias del país, el Gobierno y las Farc deberían acelerar, firmar a la mayor brevedad su acuerdo de paz y someterlo a consideración de la opinión pública". Dos días antes, en el discurso del 20 de julio, expresó la misma idea de apoyo sobreentendido a la negociación.

Porque si el problema es que se retrase el acuerdo, queda claro que el hecho de que se esté negociando no merece repulsa, como si el que presencia un crimen exige que no le manchen de sangre los muebles. Más elocuente todavía es esta constancia del senador José Obdulio Gaviria sobre la respuesta de las FARC a la propuesta de Uribe resumida en la frase anterior:
Solicitamos que el Gobierno nacional tome nota de las belicosa respuesta de las Farc -de palabra y de obra-, a la proposición del senador Uribe. Pedimos que el presidente Santos instruya a los delegados gubernamentales en La Habana para que notifiquen a las Farc que esas afirmaciones son inaceptables y van en contravía de la búsqueda de un acuerdo para la desmovilización y reinserción de sus miembros. Y si ese no es el propósito de las Farc, pedimos al Gobierno nacional obrar como lo ordena la Constitución y la Ley
La mala fe es evidente en el  hecho de que se hace pensar a la gente que están desaprobando la negociación, cuando de hecho la reconocen y alientan: ¿alguien dudará de la buena fe de Mora, Naranjo y De la Calle? Sólo hace falta que Santos les diga que les reprochen a las FARC sus feos modales y así la paz seguirá y traerá consuelo al país.

Más indecente, patético, es esto que declara el representante Santiago Valencia:
Solicitamos al Gobierno y a la Cancillería, así como a las autoridades migratorias, que se le informe a la opinión pública nacional la situación migratoria de Tanja Nijmeijer, y en caso de que no se ajuste a la ley, sea excluida de manera inmediata de la mesa de negociaciones y el proceso de paz que se adelanta en Cuba.
Luego, se tolera que unos asesinos impongan leyes y dirijan sus crímenes desde el exterior y se reconoce la infamia de premiarlos, pero se crea un problema porque falta el papel sellado en el trámite de uno de sus representantes. Mientras no se entienda que la moral es estética, que esa ruindad es tan atroz como un crimen, no se sabrá nada de Colombia.

Para ser oposición al régimen terrorista hay que partir de que la negociación es un crimen, que no se pueden imponer mentiras sobre el origen de las bandas terroristas ni sobre la responsabilidad de los crímenes. Y ciertamente señalar que al ser una violación de la  ley y una actuación abiertamente cómplice con el genocidio, no se debe acatar por mucho que fuera refrendada por la población. ¿O no lo han sido todas las leyes que les ha dado la gana a los comunistas y los nazis imponer?

Millones de colombianos se oponen a esa infamia y no tienen voz  porque los engañan los políticos del Centro Democrático y porque no disponen de información suficiente para darse cuenta de lo que ocurre. Las continuas denuncias de Uribe en su cuenta de Twitter y el lloriqueo generalizado por la situación hacen pensar que el uribismo rechaza la negociación, pero en la realidad sólo buscan ocupar un puesto en la mesa, como he explicado muchas veces.

Un ejemplo de que se hace creer tal cosa es esta noticia aparecida en el diario español ABC:
La mitad de los electores votó por lo que proponía su rival, el candidato uribista Óscar Iván Zuluaga, quien prometió romper con el proceso de paz en Cuba.
Se podrá decir que la redactora se confundió y publicó algo falso, pero lo que la indujo a error fueron las opiniones de muchas personas a las que leía en las redes sociales y que mostraban apoyo por Uribe. Tanto él como Zuluaga como todos los dirigentes del Centro Democrático han mostrado apoyo a la negociación (exactamente Uribe se oponía a que se propusiera romperlos) y sólo le han puesto objeciones en los momentos en que eso les prometía algún rédito electoral.

Hay que hacer frente a la realidad: la negociación podrá servir para elegir a un sucesor conveniente de Santos, pero en algún momento la firman y la refrendan. En ese momento empezará el esfuerzo para restaurar la democracia, que deberá partir de deshacer lo que impusieron los criminales en 1991. Para esa tarea el uribismo es un obstáculo. Como ya expliqué en otro post, las tareas que tienen por delante los demócratas deben ir más allá de la búsqueda de votos para asegurar rentas a los profesionales de la política. Alguien debería pensar en denunciar formalmente al fiscal por sus innumerables delitos, y en llevar a la CPI un proceso contra el Partido Comunista y sus aliados por genocidio. También dejarle claro a todo el mundo que se trata de un concierto para delinquir, lavar activos y legitimar a una organización criminal. Eso, como ya lo he explicado cientos de veces, NUNCA lo hará el uribismo (dedicado a proteger al asesino Sigifredo López, cuya culpabilidad está demostrada por pruebas forenses irrefutables).

Pero siendo sincero harán falta unas cuantas décadas de régimen fariano, al que los uribistas se acomodarán si va con el correspondiente papel sellado, para que alguien conciba hacer algo.

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